descarga“Respecto a la marihuana, la cocaína, el alcohol, los tranquilizantes, para no nombrar ahora nuevas drogas tan sofisticadas como el gas de los aires acondicionados, que están vetadas, mientras nos seguimos llenando de narcos, muertos y sangre, también las consumimos al escondido”

Por: Edwin Hurtado

Hace aproximadamente un mes se decidió que la marihuana sería legal en Colorado y Washington y, de hecho, ya se vieron algunas celebraciones en Seattle por la entrada en vigencia de la nueva ley. Además, lo sucedido en dichos estados ha intensificado de nuevo el debate en los países latinoamericanos, sobre todo en México.

 En Colombia, la noticia también fue bastante divulgada y avivó también un debate que  viene siendo mantenido desde hace ya varias décadas. La reciente noticia desde el norte, por ejemplo, generó algunas reacciones en la opinión colombiana que me gustaría resaltar:

1. Uno de los mejores columnistas del país, el siempre claro y dispuesto a argumentar Rodrigo Uprimny, con su sugestiva columna ¿El ocaso de la prohibición?, nos hace pensar en un futuro más sensato al señalar la importancia que tiene para el debate la legalización del uso recreativo del cannabis en dichos estados. Poniendo énfasis en que lo que se legalizó fue el uso recreativo, y en el masivo cambio de opinión que se está produciendo al respecto.

2. La columnista de El Espectador, Aura Lucía Mera, en su magnífico escrito De la legalización a la matazón, critica brillantemente el hipócrita tufillo que suele rondar los discursos en contra de las drogas, incluso criticando el escudo de las propiedades medicinales de la droga en cuestión:

“Sin el sofisma de distracción de hace unos años, en que se “legalizaba” solamente para detener los vómitos de la quimioterapia. La marihuana siempre se ha utilizado para la recreación. Y si el que está atorado por las náuseas de la quimio se la inhala, o se la mete por las venas, pues simplemente tiene su rato recreativo”.

Y posteriormente dando un golpe contundente a todos los que se refugian en una lógica moralista bastante lejana de la realidad, y que no ven (o no quieren ver)  que sus prejuicios y sus sinsentidos crean más problemas de los que dicen pretender solucionar:

 “Estamos aburridos de las dobles morales. Altos funcionarios de este gobierno y de los anteriores, que se conocen todos los baños de todos los restaurantes para meterse sus líneas de cocaína, que salen a predicar contra el consumo. Tantos funcionarios, empresarios, padres de familia y madres, también, que beben hasta quedar doblados como billetera y al otro día logran que sus respectivos cónyuges llamen a los jefes para disculparlos por no asistir a la oficina porque están enfermos”.

Y no deja de recalcar los daños que esa estúpida hipocresía permite en nuestro país:

 “Este es un país de doble moral. Desde Cristobalito y sus huestes. Y respecto a la marihuana, la cocaína, el alcohol, los tranquilizantes, para no nombrar ahora nuevas drogas tan sofisticadas como el gas de los aires acondicionados, que están vetadas, mientras nos seguimos llenando de narcos, muertos y sangre, también las consumimos al escondido, entre los cuartuchos de los moteles, con las cortinas cerradas”.

 3. En su columna La absurda guerra contra una yerba inocua, Mauricio Rubio nos recuerda algunos efectos del cannabis y algunos apuntes sobre su historia, poniendo un énfasis especial en sus bajos perjuicios, en su gran inocuidad. Además, recomienda un libro que todos los interesados en el tema deberían leer, la magistral Historia general de las drogas de Antonio Escohotado, que fue concebida mientras estaba en la cárcel por posesión de cocaína (en una presunta trampa policial).

4. Andrés Hoyos, en su columna de El Espectador, aplaude también la movida gringa y predice qué cómo van las cosas (Dios lo oiga), los psicoactivos van a terminar siendo regulados y no prohibidos, como debería ser. Y nos anima para que continuemos con el debate y aceleremos la destrucción de muchas insensateces, aunque el cómo y el cuándo se nos escabullan aún entre los dedos:

“Más difícil es saber cómo se llegará allá y, consecuencia obvia, cuándo. Gran parte de esta contingencia depende de las estrategias y tácticas que utilicemos los enemigos de la prohibición para acelerar el proceso y para concientizar a la opinión pública de la debacle y del desperdicio en que nos tienen metidos los fanáticos. La mejor idea, me parece, es el unilateralismo internacionalista, cuyo ejemplo más claro es el de don Pepe Mujica: todavía no se ha aprobado la ley que despenaliza la marihuana en Uruguay, un país de 3,3 millones de habitantes, y ya su política está en boca de medio mundo”.

5. Eduardo Escobar, en su columna para El Tiempo Marihuana, planta civilizadora, nos recuerda una virtud de la droga que pocas veces es tenida en cuenta en las discusiones al respecto, y de la que soy uno entre millones de testigos directos, su capacidad para hacer amigos, para inducir el bienestar tanto individual como colectivo:

“La marihuana crea entre sus usuarios una tranquila solidaridad, una camaradería pacífica que se parece poco a la que se regalan los alcohólicos. Que suelen acabar sus jaranas trenzados en tenebrosos zafarranchos“.

6. Por último, Pascual Gaviria, en su columna Conejillos de hierba, ve, como muchos otros, que la reciente  legalización en Colorado y Washington y el proceso de regulación que se avecina, tendrá los ojos de todos encima, y que funcionará entonces como un experimento, tanto para los lugares en los que se está dando, como para los que esperan por la lucidez que les permita iniciar un nuevo camino.

De cerca también debemos seguir el proceso similar que se está dando en Uruguay, y los demás procesos al respecto alrededor del mundo. Así tendremos más claro lo que debemos hacer en los diversos lugares del planeta para aproximarnos a una sociedad más abierta y más sensata, donde cada quien determine libremente el contenido de sus cuerpos y conciencias, y donde no se persiga y castigue a los usuarios de una planta cuyos pocos perjuicios y amplios beneficios, están demostrados en la literatura científica y en los anaqueles de la historia.