MARTÍN RODAS IZQAquí nos topamos con bizarras historias de virus, enfermedades y males que la humanidad ha opuesto a sí misma, cual ardides usados para el mal, desde el hongo parásito del centeno, las toxinas naturales del ergot, el eléboro, plantas tóxicas, flechas con veneno de serpiente, jarrones de arcilla con escorpiones vivos, hasta la temible peste negra.

 

Por: Martín Rodas*

Un calendario cósmico ideado por Carl Sagan, nos indica que el hombre, tal como lo conocemos, apareció los últimos dos segundos del actual día cósmico. Un reloj, ideado en 1947 por Martyl Langdorf, esposa de un científico del Proyecto Manhattan (artífice de la bomba atómica), ha cambiado la posición de sus manecillas más de 19 ocasiones, y en cada una de ellas, la humanidad, representada por el minutero, ha estado en peligro real de destrucción absoluta… ¡por el mismo hombre!
Y son estos fragmentos o “frescos” los que describe, desde un escenario histórico e imaginativo el médico Vallejo, quien haciendo acopio de su formación científica y sus cualidades literarias, nos invita a ingresar a sus páginas cuarteadas por unos personajes inusuales como son los microorganismos unicelulares o antepasados de las bacterias o procariotes, que inundan nuestra cotidianidad. Aquí nos topamos con bizarras historias de virus, enfermedades y males que la humanidad ha opuesto a sí misma, cual ardides usados para el mal, desde el hongo parásito del centeno, las toxinas naturales del ergot, el eléboro, plantas tóxicas, flechas con veneno de serpiente, jarrones de arcilla con escorpiones vivos, hasta la temible peste negra.

imagenPero la obra de Bosch que nos interesa reseñar en esta columna aparece en el frontis de la ópera prima del médico y escritor pereirano Jaime Vallejo (MD): “Operación Ébola”, y nos describe, siglos antes de la amenaza nuclear, el irracional paisaje del cataclismo humano. En este detalle de su tríptico “El jardín de las delicias” (1505), El Bosco, nos muestra la fuente de la eterna juventud bañada por los cuatro ríos sagrados donde lava sus pecados la humanidad, pero aquella fuente está resquebrajada y a punto de saltar en pedazos.Medir el tiempo, describir las cosechas del infierno, metaforizar el apocalipsis, ha sido una mordaz habilidad del ser humano. Pero hubo un hombre nacido por 1450, que empezó a pintar el Apocalipsis a sus doce años, cuando vio arder a sus vecinos en un incendio y al siguiente día solo interrumpió su estupor dibujando lo visto, con tanto realismo que prometió a su abuelo no volverlo a hacer. Pero la maldición estaba echada: era Jeroen Anthoniszoon van Aeken, o Hieronymus Bosch, en honor a su ciudad natal, Bolduque, al sur de Holanda, que en neerlandés es ‘s-Hertogenbosch o Den Bosch.

Por supuesto, como en toda épica, aquí disfrutaremos de una novela escrita desde la investigación, pero hecha con poesía y oficio, a través de unos personajes enmarcados históricamente en la Segunda Guerra Mundial, el régimen Nazi y una sucesión de acontecimientos que nos llevan, pendularmente, entre el amor y el odio, el heroísmo y el miedo, la lealtad y la traición.

Por esto, sus personajes se comportan como virus o agentes infecciosos que necesitan otras células para reproducirse, infectando todo lo existente, poniendo al planeta en constante peligro. Aquí encontraremos profecías de la desaparición del hombre, con personajes futuristas como La Gitana Vidente, El Arquero, El Mecenas, El Desdentado, tras un misterioso legado o profecía. Luego aparecen Wunterloff, un científico ambiguo, el insensible Mariscal, Sam, Von Pratz, el cándido Tío Tom, la hermosa Betsy, heroína que otorga atmósfera erótica a estas páginas taciturnas y derrotistas, repletas de contraespionaje múltiple, historias de amor y caos y una profunda esperanza en que el ser humano, tal vez decida, en el último instante, un destino merecido.

Y el gran final, coronado por escenas que entrelazan oriente con occidente y el amor de dos mujeres que tienen en sus manos el destino del mundo; en fin, como dice el Salmo 32 burilado por El Bosco en su obra: Ipse dixit et facta sunt” (Él mismo lo dijo y todo fue hecho).  

 

Referencia bibliográfica: Vallejo-Flórez, J. E. (2015). Operación Ébola. Manizales, Colombia: “ojo con la gota de TiNta”, Martín Rodas (editor). Impresión: Editorial Zapata.

 

El autor: JAIME EDUARDO VALLEJO FLÓREZ, MD. Bachiller Académico del Colegio Calasanz, Pereira, Colombia, 1995. Intercambio Estudiantil: Belmont High School, Estados Unidos, Belmont, New Hampshire, 1994-1995. Médico y Cirujano de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia, 2002. Postgrado en Anestesiología y Reanimación de la Universidad El Bosque, Bogotá, Colombia, 2007. Especialista en Cirugía Plástica y Estética por la Universidad Veiga de Almeida, Río de Janeiro (Brasil).

*        Poeta, anacronista, dibujante y pintor; editor de “ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)”.