MARTÍN RODAS IZQ“No voy a definir al odiado y odioso Harold Alvarado Tenorio en un par de adjetivos calificativos: quedaría faltando el poeta, capaz de rotundas sentencias heraclitianas o de versos sueltos con el aire límpido del chino Li Bai (Alvarado Tenorio es un gran parodiador: ha inventado poemas de Borges, de Whitman, de algún remoto poeta japonés del siglo VI antes de Cristo), y quedaría por fuera el crítico literario que, pese al odio que supura y que informa su prosa, tiene un certero criterio para juzgar a los demás poetas”.

Antonio Caballero, prólogo al libro “Ajuste de cuentas. La poesía colombiana del siglo XX”.

Por: Martín Rodas

Hace poco tuve la grata fortuna de tratar a Harold Alvaro Tenorio, de quien me habían dicho por “radiobemba” que estaba viviendo en Manizales. Cuando supe esto sentí ganas de conocer a quien considero uno de los poetas e intelectuales más importantes de Colombia en la actualidad. Tenía noticias de él por sus comentarios directos y sin pelos en la lengua en prensa y radio, lo que le ha granjeado enemigos y amigos que no transitan por zonas grises. Sabía también de algunos de sus trabajos sobre Borges, García Márquez y otros escritores de los cuales él ha sido testigo directo en sus procesos creativos y por mis manos habían pasado algunos ejemplares de la revista Arquitrave, de la cual es director.

El encuentro con Harold se dio en la carrera 23 de Manizales, en compañía del poeta Carlos Mario Uribe; luego tertuliamos en el apartamento que lo alojaba hasta hace poco en el marco del parque Los Fundadores. Fue una charla amena y vital en la cual aprecié al poeta, al crítico, pero sobre todo al ser humano. Esa misma noche me dio a conocer un original de su última obra, “Ajuste de cuentas. La poesía colombiana del siglo XX”, y que el maestro estaba corrigiendo para la editorial Agatha de Palma de Mallorca.

Después, en proximidades a la Universidad de Caldas, sede Palogrande, le propuse a Harold si quería que escribiera una reseña de su libro para Quehacer Cultural de Manizales, a lo cual él respondió afirmativamente con amabilidad. Por este motivo, mi columna, más que una recensión, hace un homenaje a quien nos honra con su presencia en Manizales como un escritor muy importante y a quien se debería tener en cuenta como un personaje ilustre de la ciudad.

El hecho de que Antonio Caballero, uno de los más importantes, claros, transparentes y críticos periodistas colombianos y a quien también respeto profundamente, haya prologado su libro, es una muestra del peso literario que Harold Alvarado tiene en Colombia y América Latina. No voy a hacer un recuento biográfico de él, pues este se puede hallar con creces en la red. Tampoco mis comentarios pretenden hacer un análisis del libro, que sin duda será un referente obligado para la poesía colombiana; más bien anoto que en sus páginas mira desde su informado punto de vista, aparte de las figuras más importantes de la poesía colombiana, a escritores que tuvieron hondas raíces en Manizales, como Porfirio Barba Jacob, Fernando González y nuestro Eduardo García Aguilar; así como del riosuceño Carlos Héctor “Toto” Trejos, quien también tuvo su periplo por estos lares. En las páginas de “Ajuste de cuentas. La poesía colombiana del siglo XX”, se menciona a Arturo Zapata, tal vez el editor más importante de su tiempo en Colombia, y a la Editorial Zapata, todavía ubicada al lado de la Catedral, con sus publicaciones de los Grecoquimbayas, y hace comentarios a la labor de escritores como Roberto Vélez Correa, de quien reconoce su inmensa labor como crítico de la literatura nacional.

En fin, esta es una obra fundamental del maestro Harold Alvarado Tenorio, que ha dado a la luz mientras él vive en Manizales, y eso, es un acontecimiento que debe hacer parte importante del quehacer histórico y cultural de nuestra ciudad.