¡Dios santo, yo los conocía a todos!… pero solo me encontraba a veces por el camino a Arango, pues Darío había muerto hacía muchos años y de los otros dos no tenía noticias.

 

Por Martín Rodas*

Hace mucho tiempo que no daba una ronda por el parque. El sábado, luego de realizar oficios varios en mi casa, decidí salir a tomar tinto en uno de los caspetes instalados allí. Generalmente me ubico en el borde de la pila, solo, a contemplar la gente, el algarabío de la tarde… y los locos que no faltan. Mientras estaba en estas, ¡tin!, llegó ese tal Chamán de Oficina y se sentó a mi lado, como la primera vez que lo conocí. Tenía la misma indumentaria y empezó a hablar sin que yo dijera nada.

-Hombre, ahora que me lo encuentro… creo que usted es la persona indicada para contarle algunas cosas que no pueden ser difundidas por ahora, pues son secretos que deben ser guardados por seres especiales mientras los guardianes de la sabiduría ancestral den la señal que revelará la Gran Verdad a la humanidad.

Quedé con esa sensación que da el estar junto a alguien que después de tanto disparate puede volverse violento y peligroso. De todos modos la curiosidad me impidió salir corriendo.

-Es que vea, mi querido señor, usted me da confianza, y además me enteré que es amigo y fue amigo de algunos seres sabedores de lo que le voy a contar…

Entonces no aguanté las ganas de preguntarle por esas personas.

-¿Y a quiénes se refiere?…

-Pues mire…

Me dijo mientras realizaba cautelosamente un círculo de 360° con su mirada.

“Bosque de niebla”, óleo sobre lienzo de Darío Alzate.

-¿Le dicen algo los nombres de Arango, el maestro pintor Darío Alzate, Chamancho y El Gran Papupa?

¡Dios santo, yo los conocía a todos!… pero solo me encontraba a veces por el camino a Arango, pues Darío había muerto hacía muchos años y de los otros dos no tenía noticias.

-Pues hombre, vea que ellos –me dijo- son algunos de los grandes hombres que hacen parte de ese grupo selecto del cual le estoy hablando.

-¿Y cuál es la misión de ellos? –pregunté.

-Preservar el gran secreto del Territorio TiNbaya –me contestó en un susurro que me pareció una polifonía ronca y profunda.

-¿Y en dónde queda ese lugar?

-En lo profundo de los bosques de niebla y las montañas que circundan esta ciudad. Usted ha sido escogido, si desea, para que conozca sus secretos, pero esto es gradual y debe pasar por varias pruebas que poco a poco le iré revelando.

Luego el Chamán de oficina, como la primera vez que lo conocí, extrajo de su chaqueta una caja de cigarrillos Pielroja y me ofreció.

-No fumo, gracias.

-Está bien.

Colocó un cigarrillo en sus labios y lo prendió con una gran ceremonia y reverencia, mientras aspiraba el humo profundamente y entrecerraba los ojos para luego hablar exhalando una bocanada que rodeó su rostro en espirales, su imagen así me pareció como si fuera un cuadro de Van Gogh.

-Le voy, de ahora en adelante, a dar noticias del Territorio TiNbaya, para que se vaya familiarizando con el cuento. Son narraciones de los anacronistas de esas tierras, pero con la condición de que no precise detalles con los cuales personas inescrupulosas podrían ubicar este lugar para luego saquearlo. Su tarea será la de sensibilizar poco a poco a ciertas personas para que se conviertan en nuestras aliadas y cuando se revele la Gran Verdad, esta tenga la posibilidad de ser difundida por apóstoles que la llevarán a todos los rincones del mundo y así la humanidad podrá tener una nueva oportunidad de salvación en la Tierra.

“Definitivamente a este tipo se le corrió la teja bien corrida”, pensé, pero a la vez vi la posibilidad de entretenerme siguiéndole la corriente, siempre y cuando no fuera a volverse loco furioso y las emprendiera conmigo de una manera peligrosa, pues casos se ven… y loco es loco.

-Los sábados en la tarde vendré a buscarlo y empezaré a contarle las noticias de los anacronistas sobre el Territorio TiNbaya.

Dicho esto, se fue sin despedirse y con paso apresurado para perderse de mi mirada en el interior de la iglesia… Decidí regresar el sábado siguiente y continuar su juego a ver qué pasa.

*   Poeta, anacronista y pintor; editor de “ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)”.