Ex-libris Martín-ChocoloLa 23: Historietas deambulantes

Por: Martín Rodas

Estas no son historias de la historia. Son meras historietas producto de una mente calenturienta de alguien que recorre las esquinas, parques y barrios de una ciudad imaginada que a veces se parece a esta o simplemente refleja las sombras invisibles que cobijan a la otra.

El autor oficia un ejercicio permanente de peregrinación por sus andenes estrechos y agrietados; se empapa en las lluvias pertinaces que la bañan y cuando asoma el sol esconde su piel pálida en los aleros generosos que todavía quedan. Bebe en pequeñas tiendas de barrios viejos, olorosos a nostalgia, y adora a muchachitas saltarinas y vanidosas que se asoman en las ventanas para dejar ver sus encantos a la hora del crepúsculo.

De ahí surgen las historietas que se mencionan aquí, repletas de situaciones y personajes a quienes les importa un comino su destino, pues este ya está tatuado  inexorablemente en el duro pavimento de las calles. Se trata de borrachos que hablan el lenguaje bamboleante de los borrachos, alimentados por elíxires que a ustedes los haría vomitar. Son meros balbuceos, susurros, gritos desesperados de almas que viven el infierno terrenal, porque saben que el otro, desafortunadamente, no existe.

Dedico estas historietas a los deambulantes, a esos que habitan la calle y viven de ella, a los que en este momento algún agente del orden, en cumplimiento de su deber, debe estar persiguiendo para lograr que la ciudad esté limpia, porque la imagen vale más que mil estómagos vacíos.

Dedico estas palabras ebrias, sin ton ni son, a los ambulantes, a los mendigos, a los ladrones, a los recicladores, a los maricas, a las putas, a los locos, a los artesanos que parchan en los andenes, a los borrachos, a los muchachos de las barras de fútbol que no saben por qué se matan entre ellos, y a la luna bohemia, la única que ilumina las noches oscuras y perdidas del laberinto de la existencia.