Anacrónicas / Memorias de Jorge Hernán

Querido Jorge, fuiste mi gran amigo y maestro; recorrimos juntos un largo trayecto… Al final, cada uno eligió su ruta y las «tintiadas» fueron esporádicas… nos habíamos convertido en Quijotes existencialistas, cansados, viejos y tristes.

 

Por / Martín Rodas*

Ha partido el escritor y poeta Jorge Hernán Flórez Hurtado hacia Aguadas, su patria natal, en el último bus. El gran filósofo de la nostalgia se fue sin despedirse, pero nos deja su memoria como legado. No aguantó tanta soledad de deambular calles, parques y andenes de cemento inclemente y frío; por eso viajó en el último bus a Aguadas, para enfundarse en su ruana de brumas, arropar sus pensamientos con un sombrero de iraca, y en el barcito de la plaza desenfundar los recuerdos al vaivén de pasillos de Los Hermanos Hernández y las baladas de Sergio Denis, Jerónimo, Camilo Sesto, Raphael…

Junto a Borges y León de Greiff debe estar releyendo a Mallea, Pavese, Arlt, Hawthorne, Poe, Capote, Mann, Faulkner, Lorenz, Twain, London, Melville, Hemingway, Ancízar, Tulio Bayer, Arango Villegas, Carrasquilla, Sartre, Arias Trujillo, Barba Jacob, Baudelaire, Rimbaud, Yourcenar, Anaïs Nin, Kerouac, Ginsberg, Burroughs, Bradbury y un infinito etcétera de escritores que conforman esa biblioteca que para él era como el cielo mismo.

Jorge, regresaste a tu amado pueblo, del cual, niño, te viniste para Manizales de la mano de Fernando González en su «Viaje a pie»… Y nos has dejado tus libros, marcados con tu firma en los bordes, en los cantos… y siempre dedicados con trazos finos y honestos.

Querido Jorge, ya no me podrás acompañar a la piedra del Cacique Pipintá, como habíamos acordado, en donde quería escuchar tus relatos de mitos y leyendas que enriquecerían mi proyecto de novela sobre la conquista… Este viaje quedará aplazado hasta que me toque el turno de coger el último bus; ese que ya ha transportado a la morada eterna a nuestros entrañables amigos Jorge Iván Cruz, Juanca Navarrete, Arcesio Zapata, Óscar Jurado, Toño Leyva… Ese bus que algún día se llevará al último de nosotros, supervivientes ebrios, anacrónicos y nostálgicos, como tú, que todavía deambulamos por esa Carrera 23 que ha marcado nuestras torpes huellas de poetas, delirantes y locos… Jorgito, luego de tu partida, quedamos unos cuantos bohemios caminantes, tertuliantes, bamboleantes; cazadores de nubes y utopías, con la suerte echada; que nos jugamos la vida, que cambiamos la vida, porque de todos modos la llevamos perdida.

Querido Jorge, fuiste mi gran amigo y maestro; recorrimos juntos un largo trayecto… Al final, cada uno eligió su ruta y las «tintiadas» fueron esporádicas… nos habíamos convertido en Quijotes existencialistas, cansados, viejos y tristes. Nunca dejaste de regalarnos libros de tu biblioteca, dedicados y firmados en los cantos… Eso fue lo último que me entregaste dos días antes de que tomaras el último bus a Aguadas, un libro dedicado y firmado en los cantos, con olor a nostalgia, esa de la que fuiste el último gran filósofo.

Como tu editor, me queda ese libro de poemas que te publiqué con mi editorial «ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)», en el que vaciaste tu corazón a «Esos muchachos del Sur»… testimonio de tu alma sensible del gran lector, escritor y amigo…

El último bus ronronea en la distancia, en medio de los bosques de niebla de estas montañas que contienen escritas nuestras huellas de viajeros… Jorge Hernán, el último bus se acerca con tus memorias de los mundos que ahora transitas…

Referencia bibliográfica: Flórez Hurtado, J. H. (1999). Esos muchachos del Sur. Manizales: «ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente».

*  Poeta, anacronista y pintor; editor de «ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)».