Para ponerlos en contexto, diré que uno de los escenarios que pude constatar es el Parque Caldas, de la ciudad de Manizales, donde se daba cita con alguno o algunos de los muchachos. Versos inéditos de Jorge Hernán Flórez.

 

Por / Jorge Triviño

Mientras me escucho la monumental obra El Mesías, de Georg Frederich Händel, pienso en mi amigo Jorge Hernán Flórez, quien ya partió de este mundo.

Tengo frente a mí Esos muchachos del sur, una obra a la que accedí hace ya mucho tiempo, de manos de un amigo común, quien la tenía sobre un nochero.

Al acecho (Julián) de la serie “Tinieblos” de William Cardona Ocampo.

Mi curiosidad librística me llevó a pedirle que me dijera si el autor era nuestro gran y común amigo, asintiendo de inmediato, y le pedí, además, que me permitiera leerlo ese mismo día.

Sus páginas me dejaron completamente anonadado por su contenido lleno de simplicidad, encanto y belleza.

Quedé en mi interior con el sentido de haber leído un texto sin par; pero jamás me referí al libro cuando conversé posteriormente con él.

Ahora, a pedido de otro amigo, me atrevo a hacer algunos comentarios. Para ponerlos en contexto, diré que uno de los escenarios que pude constatar es el Parque Caldas, de la ciudad de Manizales, donde se daba cita con alguno o algunos de los muchachos.

Tiene la obra catorce poemas dedicados, cada uno con nombre propio: Jeison, César Augusto, William, Carlos, Sebastián, Steven, Juan Carlos, Cristian, Nando —a quien denomina Niño-Dios—, Juan Pablo, Toño, Richie, Alex Fernando y Hugo.

Para iniciar, del poema dedicado a Jeison:

Para ti, Jeison, simplemente porque en tu rostro y en tu mirada,

hay riachuelos de emoción, mientras en mi cerebro,

torrentes de primavera.

Torrentes que necesitan reposar en aguas más tranquilas,

en el fluir del Tiempo lento y continuo.

       Aquí el autor se define como un hombre de pensamientos de primavera —verdad primera y única—, es decir, de pensamientos de flores, de frutos, de colores, de armonía, lo cual se transparenta en sus ensayos, donde pone de manifiesto el engaño al que nos vemos abocados, pues nos han enseñado la verdad, pero torcida. Sobre ello, me remito al ensayo 1493: la nueva historia de América después de Colón, donde cuestiona lo que nos fue enseñado en las aulas.

Con respecto al siguiente poema, en él le manifiesta a César Augusto:

Me intriga tu vida. Como lo decía en aquella

tarjetica

con unas flores disecadas por el tiempo, entre nosotros

puede existir una “amistad de estrellas”

Al acecho (Julián) 2, de la serie “Tinieblos” de William Cardona Ocampo.

Jorge Hernán hace distinción de afectos; no es amor, hay una relación afectiva de carácter amistoso únicamente, y dice, además, al final, lo siguiente, para aclararlo:

como tu intriga de niño-joven

       El siguiente poema, está dedicado a William:

Tu cuerpo es como una mole de ilusión

y una cascada al infinito.

        Aquí hay una metáfora que nos deja sorprendidos, pues nos hace pensar en que Jorge Hernán le veía con ojos más espirituales que materiales.

El próximo poema es más un reclamo, ya que le manifiesta a Carlos que lo único que busca es el dinero en otros brazos.

Porque entre artesanos de miedo

les juegas a unos brazos morenos

que vienen de los oros.

        El siguiente poema nos permite acercarnos a la comprensión de su pensamiento, con esta gema que, sin la menor duda, surge de su interior en los versos dedicados a Sebastián:

Sí, en el fondo, uno intenta asesinar instantes,

intenta darle una ilusión a la Vida que nos atosiga el alma.

        Si analizamos el sistema de vida que vivió, y que conocimos de antemano, comprendemos que tenía una angustia oculta, a la que finalmente sucumbió a pesar de que el amor hacia su familia le permitió levantarse después de varias recaídas de su dipsomanía.

        Y algo más nos sorprende, es que buscó vivir a plenitud, lo cual declara en la composición poética dedicada a Steven:

Anoche, mientras la luna agachaba un poco sus alas,

 releíamos

 la página equis escrita para Steven, especialmente

 rodeado de

 miradas bellas, en rostros perspicaces, pensaba para mí que la vida

tiene que ser vivida intensamente, a plenitud,

 inmersa en la “Padeia” griega.

Se los decía a estos hermosos muchachos de los barrios del Sur.

 Pero ¿a qué santo nos encomendamos en esta tierra

sangrienta, tan dura y tan trágica? ¿Al señor de los Anillos?

¿Al Dios de Jacob? ¿A los esenios?…

Con este licor amargo y rojo, pinto carabelas en la esperanza.

Renazco de unas cenizas que se esfuman y de unas pavesas

que se vuelan con los seres de la mañana.

En mi alma se apagan unas cuantas fogatas,

mientras el oficio de vivir me conduce

a un posible suicidio de nostalgias.

El ángel negro (Julián), fragmento, de la serie “Tinieblos” de William Cardona Ocampo.

El poeta nos demuestra que quiso vivir a plenitud, pero de acuerdo con la “crianza al estilo griego”, o Paideia; pero su angustia existencial la demuestra al decir que la tierra es sangrienta, dura y trágica.

Por su agnosticismo declarado desde su juventud, él no sabe qué hacer ni a quién acudir para pedir auxilio para continuar la vida; sin embargo, encuentra esperanza y dice renacer como el ave Fénix.

Ya, en el escrito dedicado a Cristian, y al final, declara:

Pero, en el viento, tu brisa es como la espuma,

que se desvanece entre los dedos.

Describe aquí una relación carente de realidad, quizá un sueño o tal vez, una ilusión.

Pero hallamos también un aire inconsútil evanescente y transparente en estos dos versos del siguiente texto:

En el fondo de ti, un Ángel te custodia, mientras saborea

otra

esperanza.

En el poema dedicado a Richie:

Y en tu sonrisa, Richie, he visto el mar.

Y he visto el mar…

En la página penúltima:

Porque los mortales nos amamos y somos así, de inmortales.

       Para terminar, este poema que, a mi parecer, posee un sentido pleno de sentimiento:

Para ti, Nando-Niño-Dios

 Para ti, Nando, estas angustias que me saben a ausencia.

A sol de verano,

porque en las noches de luna llena,

nos empapamos de Viento.

Y el viento…

Y el viento…

Para ti, Nando-Niño-Dios,

porque en este encuentro de luna nos estremece el alma.

Y en tus mejillas, un hálito de viento

significa libertad.

Para ti, Nando, porque

en tu sonrisa y en tu afecto,

el viento mueve montañas y mueve nubes.

Y disipa las neblinas de los días de mayo.

Para ti, Nando:

Nando-Niño-Dios.