Ex-libris Martín-ChocoloEstos poemas hacen parte de mi próximo libro, “Rincón de Ipanema”, escrito en la playa de Ipanema, río de Janeiro, Brasil, bajo un sol delirante y abrasador.

 Por: Martín Rodas

 

 

 

Bajo el sol inclemente

Marsopas

palomas

ardiendo

en brasas,

el sol

alto e iracundo

refleja en pieles

soledad y hastío.

 

Vive Río-Océano

bajo las sombras

de un eterno mar

encallado.

 

Areia

Tu deber ancestral

inmemorial,

lijar

la piel del gringo

cansado de sí mismo,

las huellas del pez

moribundo,

la piel de la concha

reblandecida

e morta,

tu alma

deambulante

y efímera.

 

Pasar

Una que otra paloma

entre turistas

derretidos;

olor a pez

negro, blanco,

amarillo, rojo,

azul deforme;

espejismo

sobre las piedras enormes,

bajo los edificios,

colmenas doradas

hasta el cansancio,

perdido

en el horizonte.

 

Negro

Te veo sobre

la piedra oscura,

enredando el mar

en la red de tus

dedos

negros

como la negra

que alimenta tus

ilusiones

más allá del océano

más allá de donde

viniste

más allá de este mundo

más allá de las estrellas.

 

Viejo

Ese viejo

solo

aguado en crestas de

ola

ese viejo solo

callado

delirante

barriga al viento

calva al sol

ojos avizores

emparedado

viejo cigarro

cigarro viejo,

con mujer

en la playa.

 

Contrafuerte

Este mar sin memoria

es muy grande,

sus olas

apenas alcanzan

a lamer la playa;

están cansadas

de sí mismas,

de acariciar

la misma estupidez

que broncea el sol,

que esparce la brisa

anclada

a los siglos

de los siglos

en lo más profundo

del olvido.

 

Duele

Iemanjá

por favor, ¡canta!…

devuélveme las ofrendas

para así confirmar

mi devoción

ante tu poder

oculto en los vientos,

en la mar;

susúrrame al oído

tu lamento,

tu dolor;

yo te protegeré

Iemanjá

ahora y siempre.

 

Cigana

La suerte está echada,

extendida en la palma de la mano,

directo al corazón.

 

Has dicho una última

palabra

envuelta

en el aroma puro

de jazmines

y memoria;

la mía

que aquí

queda

como testimonio

de mi vida.

 

Artes menores

Enarbolar banderas,

bien alto,

para que el enemigo

entienda

mensaje superior,

recojan a todas

juntas;

ellos no,

sólo para mí,

el seductor

el sicópata

el depredador;

ellas sí, para mí,

ellos no.