…son la voz de una madre que clama por el cambio, por una actitud nueva hacia ella, por un reencuentro con los orígenes en donde el río y la montaña eran nuestro sistema circulatorio externo…

MARTÍN RODAS IZQPor Martín Rodas*

¡Manizales huele a mierda!… Es la expresión que por estos días se escucha en la ciudad a raíz del olor nauseabundo que recorre sus calles e invade las casas. Se ha destapado la caja de Pandora, como un evento inevitable resultado de lo que hacemos con la naturaleza en nuestra actitud indiferente ante su permanente reclamo. Nosotros, que somos sus hijos, la hemos convertido en una cloaca, en un basurero gigante en el cual vertemos todas nuestras inmundicias, nuestras vanidades, nuestra actitud de cochinos y glotones consumidores.

Hace unos días, se abrieron las puertas del Averno en Manizales, pues el relleno sanitario se fracturó y un enorme derrumbe destapó la basura acumulada durante años. El olor inundó inmediatamente todos los rincones sin que se tuviera la posibilidad de evitarlo o disfrazarlo con productos contra los malos olores que pululan en los supermercados. Esta situación, nos hace reflexionar profundamente en nuestra frágil condición humana y en cómo la naturaleza, tarde o temprano, nos la hace recordar. 

No somos superiores, simplemente hacemos parte del medio como naturaleza misma, pero una naturaleza que ha olvidado su condición; por lo que estas muestras contundentes de la ‘Pachamama’, son la voz de una madre que clama por el cambio, por una actitud nueva hacia ella, por un reencuentro con los orígenes en donde el río y la montaña eran nuestro sistema circulatorio externo, y la savia de los árboles eran la prolongación de la  propia sangre.

A pesar de esa prepotencia, siempre habrán reacciones que nos harán callar y reflexionar sobre nuestro ser en el mundo y cómo debemos interactuar responsablemente con el mismo, y más que responsablemente, amorosamente. Debemos convertirnos en jardineros, en recicladores-artesanos-artistas y considerar que lo que supuestamente desechamos como basura puede tener un nuevo ciclo, un nuevo uso. Que ese vestido que nos cubre, en épocas pretéritas era consentido por las manos cariñosas de tejedores y tejedoras que lo zurcían una y otra vez en un ejercicio y una práctica que eran parte del patrimonio cultural.

Estas viejas formas de recuperar las cosas deben ser consideradas de nuevo como maneras amables y vigorosas para vivir en armonía, de una manera limpia y responsable. Propongo que volvamos al remiendo, a la reutilización de las cosas y elementos que nos acompañan cotidianamente y sobretodo, recuperemos actitudes ancestrales de humildad frente a la existencia, pues como dicen en nuestras casas, nacemos sin nada y nos vamos sin nada, sólo con la conciencia tranquila de haber transitado este valle considerándolo como un paraíso y no como un valle de lágrimas, que es en lo que lo hemos convertido.

*        Poeta, anacronista, dibujante y pintor; editor de “ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)”.