La salida de Alejandro Gaviria representa un ambiente escéptico que revela que varias figuras como también sectores que acompañan al presidente Petro no están de acuerdo con su reforma a la Salud.
Escribe / Damián Rodríguez – Ilustra / Stella Maris
Aún no ha pasado el primer año del gobierno Petro y se han empezado a manifestar de manera más diáfana los roces y escollos a los que se enfrenta en la coalición del Pacto Histórico. Con los recientes episodios presentados de las últimas semanas, que han sido objeto de distintas conclusiones y señalamientos, tales como el de sindicar a Petro de autoritario al sacar algunos miembros de su cartera, especialmente en el caso de Alejandro Gaviria. Al otro lado del tablero se celebra su remoción en tanto un neoliberal más se aleja del Ministerio de Educación. Ante estos y otros señalamientos, surge la invitación para hacer el análisis con más cautela.
Lo primero que debe señalarse es que Gustavo Petro en calidad de presidente está en su plena libertad de nombrar y remover los miembros de su cartera ministerial. Los ministros de alguna u otra manera encabezan el programa que el Pacto Histórico busca materializar en los distintos campos de la sociedad. Otra discusión merece las críticas que se han levantado con respecto a la forma o el estilo con que el primer mandatario comunica la remoción de estos, como es el caso de Patricia Ariza o María Isabel Urrutia. Tal parece que la decisión obedece a su gestión como ministras en tanto los resultados entregados por ellas deja mucho que desear. Para colocar un solo ejemplo, El Tiempo expone cómo durante la gestión en el Ministerio de Deportes encabezado por Urrutia, tuvo reveses en las obras y avances de los Juegos Nacionales que se celebraran en noviembre de este año.
Mención especial merece el caso de Alejandro Gaviria.
Lo segundo que hay que señalar es que Petro no está haciendo otra cosa más que la de cumplir con sus promesas de campaña. Mientras era candidato presidencial había manifestado la idea de que su gobierno estaría acompañada de grandes reformas sociales y la reforma a la salud es una de ellas, al igual que otras iniciativas como la reforma pensional o laboral. No es extraño entonces que las voces disonantes puedan convertirse en un escollo, sobre todo cuando son miembros de la cartera del presidente y que le impiden continuar con la misión de impulsar sus reformas, en especial la reforma a la salud, esto explica el porqué de la salida de Alejandro Gaviria.
Ahora bien, a renglón seguido aparecen dos cuestiones que merecen ser detalladas. La primera consiste en la reacción de figuras políticas tradicionales, como también tertulianos de medios de comunicación que “lamentan” e incluso les “duele” la salida del ministro Gaviria. Pero los comentarios no pararon ahí. Estos vinieron acompañados de ponzoñosos señalamientos sobre Gustavo Petro como un “autoritario”, movido por la arbitraria necesidad de silenciar las voces disonantes de su gobierno impidiendo el diálogo, etc.
Se les olvida a los partidos tradicionales y medios de comunicación la actitud draconiana del expresidente Iván Duque, quien tuvo que enfrentar 10 mociones de censura en todo su gobierno y con distintos miembros de su cartera. Desde su Ministerio de Hacienda, pasando por el Ministerio de las TIC, hasta las ignominiosas personalidades que se posesionaron en el Ministerio de Defensa, donde cada uno de ellos tuvo que enfrentar en el Congreso por lo menos una moción de censura. En el caso del MinDefensa las mociones estuvieron acompañadas no solo por congresistas sino por distintas fuerzas de la sociedad civil. ¿Este no era un clamor social que merecía ser escuchado? La reacción de Duque fue siempre la misma, hacerse de oídos sordos y, sin embargo, ni los partidos tradicionales ni los medios de comunicación le endilgaron a Duque la etiqueta de “autoritario”.
La otra cuestión radica en que, quiéranlo o no, Alejandro Gaviria ha estado más en el foco de la opinión pública en lo ateniente a la reforma a la Salud que respecto a las discusiones relacionadas con su ministerio de Educación, es decir, el puesto por el cual Gustavo Petro le confió su nombramiento. Falta examinar los resultados de su gestión en el sector educativo; en cobertura, en llevar el informe de la Comisión de la Verdad a las escuelas, en convertir la educación superior en un derecho para de todos los jóvenes en el país. Sin embargo, la opinión pública ha conocido más Alejandro Gaviria en estos últimos tiempos por su papel de crítico de la reforma a las Salud que como ministro de Educación.
Lo tercero a señalar consiste en que la salida de Gaviria representa un ambiente escéptico que revela que varias figuras como también sectores que acompañan al presidente Petro no están de acuerdo con su reforma a la Salud. Vale mencionar la carta en la que distintos ministros mostraron sus reparos a la reforma, pero también la posible fragmentación que se está generando en su proyecto como Pacto Histórico. Como revela la revista Cambio, no solo es el ministro Gaviria sino otras figuras relevantes de su gabinete, como José Antonio Ocampo y Cecilia López, personalidades que han brindado un halo de calma al interior de su cartera, se han sumado a los reparos de la reforma.
Entre las razones señaladas por los ministros, una consiste por el trámite en el congreso, pues a consideración de ellos –como también de algunas voces en de esta corporación– debería ser tramitada como una ley estatutaria y no como ley ordinaria. Y como segunda razón, también han señalado reparos acerca de la reforma y su ajuste a la regla fiscal. El problema es que, aún no ha logrado el beneplácito del ministerio de Hacienda, en su comunicado del 27 de febrero, este explícitamente señala que seguirán trabajando para ajustar “(…) a los compromisos con la consolidación fiscal, el ajuste de las cuentas externas y la estabilidad macroeconómica”.
Moleste o no, el Pacto Histórico fue la consigna con que Petro logró ser elegido y como él mismo lo manifestó “El Pacto Histórico no se hace entre iguales”, lo que quiere decir que fue un espacio de gran diálogo nacional en el que se sumaron distintas fuerzas como el Partido Liberal, Conservador, la U o figuras como Roy Barreras, Alfonso Prada o Armando Benedetti. La luna de miel les permitió aprobar la reforma tributaria o la ley de Paz Total. Sin embargo, las cosas parecen volverse más complejas este año elevándose a fuertes tensiones debido a la reforma a la Salud.
Petro ha recibido fuego amigo no sólo de Alejandro Gaviria sino del presidente del Senado Roy Barreras. Por otro lado, también ha sido objeto de críticas de los partidos tradicionales que, a pesar de haberse declarado de gobierno, han manifestado uno a uno que no apoyarán la reforma e incluso, las tres cabezas de los partidos: Efraín Cepeda, César Gaviria y Dilian Francisca Toro han señalado que presentaran su propia propuesta de reforma a la salud.
Si bien Petro se reunió el 27 de febrero con los presidentes de estos partidos –cuestión que contradice que no está abierto al diálogo, como señalan algunos– lo cierto del caso es que esta idea de consenso que significa el Pacto Histórico se la está llevando el viento pues, hasta la fecha los partidos políticos tradicionales que se han declarado de gobierno aún tienen un postura crítica con respecto a la reforma a la Salud, para muestra, un botón: Dilian Francisca Toro sigue insistiendo en la idea de un sistema mixto y que la responsabilidad no debe recaer exclusivamente en el Estado. El partido Conservador ha hecho de conocimiento público el hecho de no apoyar la reforma a la salud. Además, con los últimos nuevos nombramientos en Educación –Aurora Vergara– y Cultura –Ignacio Zorro– ha quedado claro que Petro no está pensando en hacer concesiones en su gabinete ministerial. Por lo tanto, Petro planea apostar su capital político en sus reformas.
Lo anterior abre un escenario complejo. Por supuesto, todo está abierto a que las condiciones cambien y Petro se vea en la obligación de negociar. Por ejemplo, no olvidemos que la reforma a la salud que está en la Comisión VII no logra las mayorías debido a los reparos que tienen los partidos. No es bueno para el Pacto Histórico y sus reformas que el capital político de Petro se esté mermando mientras la idea de Pacto se está fragmentando. Más aún cuando el programa de Pacto Histórico, si se piensa de largo aliento, puede verse aún más minado en un año electoral en el que su apoyo regional disminuya.


