Nada justifica utilizar la movilización social para presionar a un legislativo que está para debatir y socializar las propuestas del ejecutivo, con base en los intereses de las regiones y de los sectores por los cuales ha sido elegido.
Escribe / Juan Manuel Sanchez Mesa – Ilustra / Stella Maris
El presidente Gustavo Petro tiene un gigantesco problema y tiene una receta que puede ser peor que la enfermedad. El 25 de abril de este año el informe de la ponencia de la reforma a la salud fue aprobada en la comisión séptima de la Cámara de Representantes con 10 votos a favor y 8 en contra, con una actuación salvadora de la representante liberal, María Eugenia Lopera, que aunque la directriz formulada desde su partido era no apoyar el texto del informe, la representante se rebeló y votó afirmativamente para que la reforma no se hundiera.
A pesar de que el informe fue aprobado y sirvió para que al día de hoy la reforma a la salud siga viva en el congreso, este suceso trajo lo que para muchos significa el inicio de una nueva táctica del presidente de la República que, cansado de depender del congreso, quiere hacer pasar sus reformas y sus muchos cambios administrativos sin requerir los valiosos votos que había conseguido de los acuerdos con los partidos Conservardor, Liberal y de la U.
Un poco de contexto. El pacto de estos 3 partidos (partidos Conservardor, Liberal y de la U) con el ejecutivo era prometedor. La operación era sencilla: Se tendría muy en cuenta las perspectivas ideológicas de estos partidos siempre y cuando estos le dieran un buen apoyo a los numerosos cambios que necesita el gobierno, para hacer realidad sus planes políticos. Con la aprobación de la reforma tributaria, parecía que este matrimonio no solo iba funcionar, sino que además se generaría un excelente ambiente político como nunca antes. Precisamente, la elección del primer gabinete de ministros fue buscando un conjunto variopinto de ideas y de visiones que le sirvieran al jefe de Estado, para buscar soluciones desde diferentes enfoques.
Sin embargo, como en los mejores matrimonios, un episodio puso todo de cabeza. La reforma a la salud, generó dudas, encontronazos y luchas entre el gobierno y sus aliados en el congreso. El presidente Gustavo Petro ya iba avisando de lo que pasaría si la reforma no era aprobada con una buena mayoría; semanas antes del debate del informe de la ponencia, se despidieron a los viceministros Felipe Arbouin y Aníbal José Pérez, ambos del partido Liberal, a Carlos Eduardo Enríquez y Maria Constanza García, los dos del partido Conservador y a Sergio Octavio Valdés y Nohora Mercado estos últimos del partido de la U.
Pero el hecho que sentaría las bases del divorcio sucedería el pasado 25 de abril, donde la reforma a la salud se salvó “raspando”, lo que indignó al Presidente, quien el mismo día en su cuenta de twitter escribió:
“Las decisiones políticas tomadas hoy demuestran:
- La invitación a un pacto social para el cambio ha sido rechazada.
Quienes se han enriquecido con el uso del dinero público no se han dado cuenta que la sociedad demanda sus derechos y que eso implica el diálogo y el pacto.
- La coalición política pactada como mayoría ha terminado en el día de hoy por decisión de unos presidentes de partido. Alguno de los cuales amenaza a la mayoría de su propia bancada
A pesar del voto mayoritario en las urnas que pide un cambio en Colombia este se intenta cerrar con la amenaza y el sectarismo.
- Tal situación nos lleva a un replanteamiento del gobierno”
Las decisiones politicas tomadas hoy demuestran:
1. La invitación a un pacto social para el cambio ha sido rechazada.
Quienes se han enriquecido con el uso del dinero público no se han dado cuenta que la sociedad demanda sus derechos y que eso implica el dialogo y el pacto.
— Gustavo Petro (@petrogustavo) April 26, 2023
Con estas declaraciones y con el anuncio al día siguiente de la destitución de hasta 7 ministros, el ejecutivo se despedía del importante apoyo que tenía en el Congreso de la República para la aprobación de sus importantes cambios políticos. Pero ¿Cuál es el nuevo plan del presidente Gustavo Petro para llevar a cabo sus planes de gobierno? Y es aquí donde introducimos el complejo tema de la democracia plebiscitaria.
Ya la Universidad Externado de Colombia por medio de los departamentos de derecho constitucional y derecho procesal en el conversatorio “Democracia plebiscitaria vs. Democracia liberal” realizada el 23 de febrero de este año, intentaba abordar este problema, que parecía una ficción pero que poco a poco se ha convertido en una realidad. A este conversatorio fueron invitados los congresistas Roy Barreras, Paloma Valencia, David Racero, el ministro del interior de ese entonces, Alfonso Prada, el ex procurador general de la nación Fernando Carrillo y los docentes de la propia universidad, Humberto Sierra Porto, Floralba Padrón Pardo, Ramiro Bejarano y Marcos Criado de Diego.
Pero ¿Qué es la democracia plebiscitaria? El concepto ha tenido múltiples definiciones a lo largo de la historia, pero nos quedaremos con la definición de Max Weber, jurista, politólogo y sociólogo alemán, que en su artículo titulado “El presidente del Reich” publicado el 25 de febrero de 1919, da una definición que se ajusta a nuestra actualidad. En este libro, el jurista intenta mostrar los dos modelos políticos que podía aceptar Alemania luego de la primera guerra mundial, al elegir un nuevo sistema político diferente de la autocracia que la había llevado a la ruina: Una democracia parlamentaria, con un parlamento como órgano político central o una democracia plebiscitaria, más emotiva en donde la centralidad del poder le correspondiera a un presidente, el cual haciendo uso de liderazgo, encontraría el sustento de su poder en la dominación carismática.
Cada una de estas figuras de gobierno, traen consigo un problema. La democracia parlamentaria genera una enorme estructura burocrática que al final obstruye las demandas y aspiraciones del pueblo y el peligro de la democracia plebiscitaria es la demagogia.
El jurista alemán, previendo estos peligros, da una solución para que se mantenga el orden y además de eso que la estructura del Estado, no se oponga a los cambios sociales: deben convivir las dos formas de poder. Es decir, debe existir una democracia parlamentaria con personas profesionales, provenientes de partidos políticos burocratizados y un presidente electo capaz de utilizar la dominación carismática como un mecanismo de movilización de las masas que le permita suscitar fuertes apoyos populares.
Y aquí es donde surge la gran interrogante:
¿Democracia plebiscitaria o populismo?
Hemos dado ya una definición de lo que consistiría la democracia plebiscitaria, siempre desde el prisma de la configuración ideal del Estado de derecho. Pero ¿en qué se diferencia entonces la democracia plebiscitaria del populismo? El populismo consiste en la utilización de la dominación carismática para autoafirmarse como líder de una pretendida unidad popular. Legitimidad que estaría a disposición para conquistar otras fuentes del poder y arruinar el diseño institucional liberal con su sistema de frenos y contrapesos y garantías para la democracia. Existiría populismo cuando se pasa por encima de las instituciones o desconociendo los procedimientos propios del sistema democrático.
¿Qué ejemplos pueden existir al respecto?
- Cuando se pretende tener un Contralor General de la Nación, propuesto por el presidente de la República y que, en el momento de su elección y su investidura, se ignora lo que dice la ley. Tal y como sucedió con la elección de Carlos Hernan Rodriguez Becerra como Contralor, la cual fue declarada nula por el Consejo de Estado al desconocer lo dispuesto en los artículos 126 de la Constitución Política, 21 de la ley 5 de 1992 y 6 y 9 de la Ley 1904 de 2018. Decisión que sería denominada como “Golpe blando”.
- O cuando se propone una posible reelección presidencial (que, aunque el propio presidente ha rechazado en innumerables ocasiones dicha propuesta, desde su círculo cercano y más exactamente Alfredo Saade, integrante importante dentro del Pacto Histórico, insiste en la resurrección de esta figura antidemocrática).
- Situaciones que van en contra de la legitimidad parlamentaria, contra el derecho y contra la lealtad democrática como cuando se llama al pueblo a movilizarse para presionar al Congreso de la Republica y que este cumpla con las exigencias del ejecutivo.
Quizás, sea apresurado hablar de una ruptura del equilibrio de poderes. Pero las señales son dramáticas. Se han pedido movilizaciones para apoyar la reforma a la salud, la reforma laboral y la reforma pensional, con discursos poniendo en el ojo del huracán al Congreso.
Está claro que la elección del presidente Gustavo Petro se ha producido gracias a las movilizaciones sociales producidas entre 2019 y 2022, unas movilizaciones que al fin y al cabo visualizaron un estallido social basado en el inconformismo en torno a las políticas legislativas y ejecutivas perpetuadas por un esquema político tradicional que poco o nada tenían que ver con los deseos de un gran número de colombianos. Pero nada justifica utilizar la movilización social para presionar a un legislativo que está para debatir y socializar las propuestas del ejecutivo, con base en los intereses de las regiones y de los sectores por los cuales ha sido elegido.
No es democracia simplemente aceptar todo documento salido de la Casa de Nariño. El sistema de equilibrio de poderes no existe para que todo lo que el ejecutivo diga, se haga, ni para que un Congreso, plagado de personajes de precaria legitimidad, impidan los cambios sociales vitales para el mantenimiento de la sociedad colombiana.
Apéndice 1:
No muy lejos en tierras estadounidenses, peruanas y brasileras esta tensión democrática nos dejó imágenes lamentables como la invasión a los capitolios de Brasil y Estados Unidos o la brutalidad policiaca durante las marchas en Lima. Estos eventos pueden ser un llamado de alerta para nuestra democracia y una reflexión de como el equilibrio de poderes se rompe por culpa del populismo, del fanatismo y la desinformación.
Apéndice 2:
Es muy curioso que se hubiera llamado a una marcha, en defensa de la reforma a la salud, cuando fue hasta un día antes, cuando se presentó al público dicha reforma. La reforma a la salud fue presentada el 13 de febrero, se convocaron marchas en apoyo a la reforma el 14 y en contra de esta el 15 del mismo mes. ¿Acaso los acompañantes de cada marcha tuvieron el tiempo suficiente para leer el documento con sus cientos de páginas? ¿contrastaron dicha información con opiniones de especialistas en el campo o solo se guiaron de lo que sus lideres políticos decían? ¿Qué conclusiones se pueden sacar con esto? Me encantaría conocer su opinión.


