Duberney GalvisSon estos los que hoy, para evadir el debate de fondo en cada problema, se presentan como asexuados políticos y, acto seguido, inculpan a los líderes de los movimientos sociales civiles por pertenecer a partidos o actuar como sujetos políticos.

 

Por:  Duberney Galvis

Se arraiga en la prensa el eco a una serie de medidas presidenciales de carácter fascistoide. Casos como la ley de seguridad ciudadana, los decretos contra la minería informal y la estigmatización a la protesta social, así lo demuestran. La más reciente y no menos regresiva, consiste en señalar a los líderes de movimientos sociales de tener “oscuros” intereses políticos.

En contraposición, resulta difícil encontrar una medida económica del actual gobierno que no afecte a sectores masivos de colombianos. La penosa situación del agro y la industria lo confirman. No corren con mejor suerte las libertades democráticas.

Los responsables son el presidente Juan M. Santos y los partidos de la Unidad Nacional. Es irrefutable que las acciones económicas y políticas son ejecutadas por curtidos y conocidos grupos de la politiquería. Algunos acumulan más de un siglo de existencia. Son estos los que hoy, para evadir el debate de fondo en cada problema, se presentan como asexuados políticos y, acto seguido, inculpan a los líderes de los movimientos sociales civiles por pertenecer a partidos o actuar como sujetos políticos.

Basta con retomar el caso de los cafeteros, los mineros o el del SENA, para entender que en el encogido diccionario de los sofismas saltan de la estigmatización a los ataques por vinculación política. A la retrógrada concesión se han sumado varias casas periodísticas que convirtieron el truco en pregunta editorial.

Lo que no admiten algunos, “porque solo tienen una baraja en ese oscuro corazón”, y otros porque extraviaron hace rato el elemental signo de interrogación; es que la esencia misma de la política se plantea como herramienta de la humanidad para resolver los problemas que surgen en torno a la convivencia en sociedad. Ejemplo, la acción de reunir a los editores de un periódico para fijar la manera de abordar un hecho noticioso, constituye una política del medio. De forma similar actúan diversos grupos sociales en todo el mundo para resolver en las calles la economía política que, en el parlamento, el ejecutivo es incapaz de solucionar.

De manera que el menosprecio y la incomodidad por la valiosa comprensión política de los dirigentes, ha llevado a tergiversar el hecho que partidos como el Polo definieron en sus elementos fundacionales, plasmados en el Ideario de Unidad, el respaldo a las luchas sociales de carácter civil y democrático.

Lo cierto es que el gobierno transita por la descomposición propia de los regímenes autoritarios. Los tiempos actuales recuerdan los de la monarquía rusa, cuando se acusaba como política toda protesta contra el zar. Y adviértase que el calibre de las leyes santistas tienen un tufillo de zarismo que repugna. De ser esa la raíz del asunto, aciertan. Cada día los colombianos inconformes actúan menos como un rebaño. Su sensato interés apunta a cambiar sustancialmente el actual orden de cosas.

Para las clases que decidieron entregar el país a los provechos extranjeros, quienes protestan en Colombia son “extremistas” y “están incitando a la violencia”. Pero lo que los hiere es que de las protestas brote un sinnúmero de dirigentes que rompen con el gorgoteo de la anarquía. Y a cambio se recogen en ideas políticas organizadas. Con capacidad de acordar con diversas corrientes partidarias y gremiales un conjunto de políticas para defender los intereses de la nación. Desde luego eso los hace presa de ataques marrulleros, porque como bien lo ha anotado el senador Robledo, “nos atacan por lo que no somos, para ocultar lo mucho que nos odian por lo que sí somos”.

Qué iba a pensar una de las clases políticas más reaccionarias y vetustas de América Latina que ante sus ojos brotaría una resistencia civil con tan magnífica comprensión política. Una fuerza que se agota y otra que despunta.