Los votos se cuentan iguales a fichas de ruleta en el casino delirante del poder en Colombia. Dependiendo del resultado, manzanillos artillados se travisten en pacifistas de toda la vida. Se puede lograr oro y poder en pocos años jugando a la carta correcta cada tiro, aunque una mala jugada echa todo a perder. Si no, miren a Germán Chica.

 

Copia de . 008Por: Camilo Alzate

El tahúr mayor: Juan Manuel Santos. Hizo una lectura más marxista del “momento histórico” que la  de la propia izquierda. Y ha hecho esas lecturas muy bien en los últimos 25 años para subirse a la cresta del poder: sabe cambiar de cartas a conveniencia. Reencauchó las élites de siempre, desprestigiadas, consiguiendo posar de presidente progresista, respetuoso de la institucionalidad, decente, elegante cuando llegó a tener una de las peores popularidades del país. Detrás suyo va una legión de pacifistas de toda la vida: comentaristas radiales, presentadoras de noticias, hasta mansos senadores que años atrás hubieran bebido sangre con gusto. Todos montando el caballo ganador.

En cambio, la postura del senador Jorge Robledo fue vista como una actitud mezquina, personalista y soberbia, no entendida por muchos que seguramente no conocen de vieja data la trayectoria política del senador y su partido político. El MOIR no sólo se ha distanciado de la izquierda cercana a la insurgencia sino que siempre ha considerado el debate de la paz como algo inútil, que en esencia no les trae beneficios, ni electorales, ni políticos. En espacios como el POLO democrático su hostilidad hacia el Partido Comunista causó la ruptura. En el entorno de la Mesa Amplia Estudiantil el MOIR bloqueó cualquier discusión sobre el proceso de paz. No les interesa y menos cuando esa paz pasaba por reelegir al Presidente de la oligarquía capitalina.

Esta actitud sin duda mezquina no puede juzgarse desde la ética, tampoco desde una supuesta coherencia que el senador Robledo no tiene. Fue incoherente llamando al voto en blanco cuando toda la vida nos ha dicho que es inútil, pero fue más incoherente planteando un supuesto purismo ideológico que no existió en otros casos. Su partido se alió con los conservadores hace años en Caldas apoyando nada menos que a Luis Alfonso Hoyos (si, el del hácker), también se unió a cafeteros uribistas contra Santos en 2013. Robledo al lado de Juan Carlos Vélez, vivir para verlo, pero ya lo vimos.

El inescrupuloso cálculo de Robledo fue tan inteligente como el de Santos. Es obvio que con ambos candidatos el MOIR perdía, sin embargo yendo en contra del ganador lógico, Robledo podrá decir en un año o dos, cuando el Santismo haga aguas, que él representa la verdadera tercería no contaminada de cara a las elecciones del 2018. Sin la paz el Presidente no tendrá discurso: su política es un uribismo decente. Se firme o no se firme, Jorge Enrique Robledo será figura central del debate político dentro de un año, que es el plazo fijado al proceso de paz.

Así entiendo las posturas del “mejor senador” del país, basadas en una realpolitik más clarividente que las otras apuestas, inmediatistas, miopes, inspiradas por el miedo, el oportunismo o el cálculo apresurado.

Lo que no entiendo todavía es la columna de William Ospina, que apostó y perdió en mil palabras toda su credibilidad política y literaria. Él nunca irá a elecciones, no se ganará el aprecio de la derecha, pero si se echó encima la izquierda que lo infló. Y estoy casi seguro que tampoco votó al uribismo. ¿Por qué escribir que Zuluaga era el mal menor? ¿Por simple tontería o descuido? Hay veces que una misma postura puede reflejar al tiempo la lucidez fría y la estupidez ciega. El mundo es bien complejo.

@camilagroso