Armarios de vinilo

La música describe entonces esa faceta del ser humano que los discursos no logran decir adecuadamente, ahonda en los sentimientos contradictorios y los expone a través de sonidos y silencios.

 

Por / Christian Camilo Galeano Benjumea

Los días de lluvia suelen obligar a buscar refugios inesperados, un paradero de buses, una panadería o un apartamento desde donde escuchar el aguacero y la vida. El hogar de Francisco Agudelo es un buen lugar para hacer una pausa en medio del movimiento de la ciudad y el clima, allí la vida se comprende por los oídos.

Basta dar unos cuantos pasos al interior de su hogar para toparse con varios equipos de reproducción, tornamesas, caseteras y reproductores de cd están en la sala. Debajo de ellos, cajones con varios elepés, ¡un tesoro musical! La música es una de las formas con las que se pueden vivir y entender el mundo, este es el caso de Francisco, que siente la vida a través de ella y el medio para alcanzar esto son los vinilos que colecciona desde hace décadas.

El apartamento donde vive hace varios años se ha convertido en una caja sonora acondicionada para vivir la música. Armarios llenos de vinilos con melodías de todo el mundo se abren a los ojos de los curiosos que llegan a este lugar.

Francisco, amablemente, pregunta qué música les gusta para saber cómo guiarlos por esos laberintos del ritmo y la sonoridad. Intuye que la música es comunión, es decir, una fiesta donde las personas se unen.

Por este motivo, escucha atentamente y sugiere entre canción y canción, artistas y canciones desconocidas para ampliar el mundo musical de quienes lo visitan. Cada uno da lo poco o mucho que sabe para hacer de la velada una comunión musical.

Mientras la música suena no se puede dejar de observar a este hombre que canta en voz baja y se mueve, vive la música, él es la música que escucha.  A su vez, la vida sigue la cotidianidad de siempre afuera del apartamento de Francisco, los niños corren y la lluvia cesa. No obstante, los vinilos no paran de girar y las historias alrededor de cantantes, canciones o búsquedas de discos tampoco.

El vinilo más difícil de conseguir hasta el momento ha sido el de Manuel Astudillo, un vinilo que muchos creían que no existía. ¿Cómo llego a sus manos? Se le pregunta a don Francisco, que con cierta humildad reconoce que lo encontró casi por casualidad.

Montecristo, vendedor de vinilos, lo llevo a La Tertulia, un sitio donde se suelen reunir los coleccionistas de la ciudad a conversar y escuchar, cuando vio el disco no dudó un segundo en comprarlo y anexarlo a su colección como una joya más.

No solo son los discos, son las canciones que comparte las que de igual forma invitan a quedarse en ese apartamento. Tulueñita es una canción que coloca Francisco para mostrar cómo se construye el amor campesino, las formas que adquiere el deseo entre el campo y los cultivos; con un lenguaje coloquial el amante pide a la amada que se case con él y acepte lo poco que le ofrece.

La vida de las personas se puede comprender a partir de la música que cantan y escuchan. Este campesino añora a su amada, no tiene demasiado, en realidad es muy poco lo que puede ofrecer, pero el amor es una empresa que lo hace luchar y enfrentar la adversidad; la amada es la promesa de un futuro diferente en las adversidades del campo. Esta canción es interpretada por la estudiantina de Agustín Payán en los años cuarenta, una rareza dentro de la historia musical.

La música describe entonces esa faceta del ser humano que los discursos no logran decir adecuadamente, ahonda en los sentimientos contradictorios y los expone a través de sonidos y silencios. Francisco se mueve entre la música con seguridad, viaja por las melodías de un lugar a otro y comprende que en cada vinilo que tiene es una pista para entender lo que es el hombre. La música ofrece claves diferentes acerca de la condición humana.

Mientras se exploran los armarios llenos de elepés, y se escuchan las historias de cantantes o canciones, veo varios vinilos guardados. Son para un amigo que está en Estados Unidos y regresará en cualquier momento; eso dice, desde hace tres años y nada que llega, aclara Francisco.

¿La música puede ser un lazo de amistad?  Es posible. Francisco ha caminado por muchos lugares, se ha reunido a hablar acerca de su colección de vinilos, en medio de todo ese ajetreo ha entablado amistad con mujeres y hombres que al igual que él aman la música.

Los sonidos de instrumentos, las voces y los silencios han sido el camino por el cual se han construido varias amistades a lo largo de su vida. Guardar silencio y después compartir lo que se siente al escuchar una melodía es el ritual que se debe pasar para entablar una amistad que puede durar años.

La lluvia ha cesado, la tarde llega a su fin y Francisco detiene el tocadiscos, guarda el vinilo con el cuidado necesario y terminamos una conversación que no quisiéramos que acabara. Al salir de su hogar, se tiene el deseo irrevocable de volver donde las historias se preservan en vinilos y la vida se escucha a través de la música.

ccgaleano@utp.edu.co