Caminante no hay camino

se hace parqueo al andar

al andar se hace parqueo

y al volver la vista atrás

se ve el andén parqueadero

que no has de volver a pisar.

MIGUEL ÁNGEL RUBIO (FINAL 2015)Por Miguel Ángel Rubio Ospina

Mientras en la Bogotá Humana de Petro, los propietarios de vehículos se quejan por las altas tarifas de los parqueaderos, los cuales ya podrían equipararse a las del actual sistema financiero, y mientras  los usuarios de Transmilenio se ven obligados a abrir sus mentes a otras alternativas sexuales cuando montan en los articulados…(allí la lucha por las libertades sexuales encontraría su arcadia realizada) mientras todo esto pasa en la capital de la república, en Pereira o Parqueadeira como le llamaremos ahora,  los conductores bogotanos estarían felices de parquear al gratín en cuanta acera, calle, mitad de avenida, esquina con cebra para peatones, o bahía para discapacitados encuentran por doquier.

¿Y las pruebas? Fehacientes como lo dijera Lara Bonilla, esas que un buen observador, un caminante paciente y distraído, encuentra a todo momento, mientras intenta caminar tranquilamente por las calles de la Perla del Otún. Uno va pasar la calle por la esquina demarcada con la cebra y es seguro que esta se encuentra escriturada de facto por un vendedor de aguacates o frutas. Uno va a pasar un semáforo en rojo, por la esquina demarcada y al cambio de la luz el peatón se topa campante la narco camioneta en la cual va un personaje de gafas polarizadas, cadena de oro (como si se la hubiera robado a la cicla), parqueado, esperando el cambio del semáforo en plena cebra peatonal y a ver quién le dice un mínimo reclamo al gorila escapado de Ukumari.

Uno va caminando mediamente amplio por un andén, y de repente se asusta, pues en la retaguardia viene un motociclista pitando, para que le ceda usted, peatón, todo el andén, cuan ancho es, pues además de que va en contra vía al flujo vehicular, se apoderan ciclistas y moteros de cuanto anden y acera existe en la ciudad, y al menor alegato, lo mínimo que hacen es tirarle  la moto.

Uno quiere dialogar peripatéticamente como Aristóteles con sus pupilos, mientras camina y ese diálogo se ve interrumpido por equipos de sonido a todo dar, atravesados en todo el centro del andén, con músicas de cantina, bailanta y cuanta basura busetera suena en esta ciudad (capital mundial del despecho según decreto del alcalde) o pretende disfrutar del parque El Lago, de forma sosegada pero el olor de las frituras, o chorigatos (así llamados en el bajo mundo) borran todo atractivo turístico y poco o nada aportan al ornato que dicho parque emblemático merece.

Sumémosle a esto, el aumento considerado de habitantes de calle que cada vez más duermen en las aceras residenciales y comerciales del centro de Pereira, los  y me perdonan la expresión, cagaderos públicos para perros en que se han convertido las calles del centro,  las hordas de hinchas furibundos patrocinados por la policía que se toman parques y calles y toda la ralea de vendedores ambulantes que convirtieron a Pereira desde hace más o menos 15 años en el más grande mercado persa de la región.

El que antes era uno de los sectores más atractivos y preferidos por la gente de  clase media para vivir, es hoy una zona de muy baja calidad de vida, de poco orden y la más sucia,  la voluntad de los dirigentes en recuperar el centro de la ciudad, patrimonio otrora de los pereiranos  no existe.

Sin embargo, estoy pensando en dejar mi actual empleo, comprar unos dulce abrigo de color rojo, aprender términos como papi se lo cuido, o monita déjelo ahí que no le pasa nada, engrasar una de mis camisas y usarlas abiertas, no afeitarme en un mes y montar en las calles aledañas a donde vivo un gran parqueadero, invitaré a mis amigos de Bogotá a que vengan a vivir a Parqueadeira, podrán sufrir de muchas carencias, pero  de parqueadero seguro no.