VictoriaGallo deberá demostrar su autonomía y capacidad de control para conducir los destinos de la ciudad. El aumento del voto en blanco en un 16% dejó ver que a pesar de la alta votación (126.075), el escepticismo también crece.

 

Por Carlos Victoria

Juan Pablo Gallo será el alcalde de Pereira a partir del 1 de enero de 2016. Su abrumadora votación puso fin al continuismo político que durante casi una década provocó una creciente percepción de corrupción entre la ciudadanía. El eslogan Cambio de Gallo fue el abracadabra que graduó a los indignados en las urnas. Sin embargo, y pasada la borrachera del triunfo, queda mucha tela por cortar.

Hay que decirlo con toda claridad: a pesar de la euforia de los barones electorales (Merheg y compañía), que esa noche celebraron a rabiar, los auténticos vencedores de la jornada fueron los miles de ciudadan@s que ese día madrugaron a apoyar a Gallo. Incluso, sin importar las máculas de sus aliados. Ciudadanos sin partido pero con ciudad.

Los partidos tradicionales y emergentes no pueden, en consecuencia, abrogarse como suya la derrota electoral del ex alcalde Londoño. Lo que sucedió en realidad fue la ratificación de un sector importante de ciudadanía indignada frente a la opacidad de poder como prefiere llamar Bobbio a aquellos gobiernos sin transparencia.

Tiene razón Israel cuando le dijo a La Tarde que había ganado el voto de opinión. Lo que no incluyó en su declaración es que esos 50 mil votos de opinión que él mismo calcula a favor de su rival fue el precio que estaba pagando por un presente y un pasado salpicado de escándalos, cuestionamientos, favoritísimo y todas aquellas prácticas censurables.

También es cierto: Gallo y compañía maximizaron ese costo de oportunidad para fines que en los próximos cuatro año están por verse. El recién elegido alcalde entra con un voto de confianza muy grande. El problema, como tanto se advirtió en el transcurso de la campaña, es que deberá priorizar el interés publico por encima del apetito burocrático de mentores y aliados,  y lo que de este se desprende. Veremos.

Si, por el contrario, le otorga preponderancia a sus socios políticos, es probable que el Cambio solo quede en un slogan publicitario. Gallo deberá demostrar su autonomía y capacidad de control para conducir los destinos de la ciudad. El aumento del voto en blanco en un 16% dejó ver que a pesar de la alta votación (126.075), el escepticismo también crece.

El mandato que los ciudadanos indignados le han dado a Gallo es una notificación clara y abierta para que los impuestos no sean escamoteados ni apropiados por la voracidad de la politiquería. Si todo marcha igual, el Cambio será otro engaño más, frustrando los anhelos de quienes se alzaron con dignidad ante la opacidad del llamado sotismo.