Puntualmente, he visto a candidatos, por ejemplo, de la comunidad LGBTI, que son positivos activistas de marchas, que tienen perfil artístico, pero que poco o nada de pronunciamientos sobre asuntos trascendentales de la ciudad o del departamento…

 

Por: Juan Carlos Zamora

Lo importante de la “democracia” es su participación, elegir y ser elegido. Ya, a pocos días de las elecciones locales y seccionales, son variadas las alternativas que tienen los ciudadanos para votar, con lo cual, desde mi visión, no hay excusa para eludir ese deber.

Lo que me inquieta es que en este panorama variopinto favorable hay candidatos “ligeros” que tienen buenas intenciones desde lo político, ético, ambiental, artístico, cultural o social, el problema es que de buenas intenciones está empedrado el infierno.

La invitación es a que fortalezcan sus conocimientos en Administración Pública, en Derecho y claro, saber las mañas, pero no implementarlas, porque de lo contrario los caciques que ya les llevan ventaja se los van a comer vivos. Infortunadamente, por desconocimiento incurren en faltas disciplinarias que pueden dar al traste con sus labores.

Puntualmente, he visto a candidatos, por ejemplo, de la comunidad LGBTI, que son positivos activistas de marchas, que tienen perfil artístico, pero que poco o nada de pronunciamientos sobre asuntos trascendentales de la ciudad o del departamento, es decir, da la sensación que van a ir a trabajar por su rosca, a pasarla bueno, a tener un escaño más para su hoja de vida, por experiencia laboral, o por ego, en pocas palabras, se pierde ese espacio que era considerado de renovación.

Por otro lado, hay otros con tendencias en materia educativa, de emprendimiento y artística, que tienen propuestas positivas, pero que presupuestalmente se sabe que no serán realizables. Abrir cupos para educación superior gratuita pagada con recursos de los departamentos o de los municipios no es tan fácil; que construyan un escenario deportivo o cultural, a veces no es necesarios, porque espacios los hay, simplemente no se utilizan como debe ser y los esfuerzos de la gestión se quedan en el cemento y no en la formación de tejido social, es decir, en el desarrollo humano.

Con lo anterior, no estoy siendo pesimista, por el contrario, se vale soñar, la invitación es a que los aspirantes realicen una reingeniería a sus propuestas, que sean más realistas, que sean realizables. Porque se convierten en utopías y más con la escasez de recursos o peor si están en la oposición. Que no sólo piensen en su nicho, sino en el interés colectivo, que ejerzan su control político con responsabilidad y disciplina.

Y es que mientras unos piensan en utopías y luchan contra los molinos de viento, otros, los más avezados, en la realidad están mirando como meterle micos a los proyectos y beneficiarse o beneficiar a unos pocos a costillas del interés general. Con este panorama, es mejor tener los taches arriba y estar a la defensiva.

Porque si son las nuevas caras, la renovación, el compromiso, va mucho más allá, porque llevan a cuestas la ilusión de unas personas que creyeron en ellos, que aspiran y esperan que se generen realmente cambios; de lo contrario, la desazón va a ser mayor, porque queda el sinsabor de que siguieron los mismos con las mismas.