Es evidente que esos atorrantes de la oposición tienen el ánimo de desprestigiar tu buen  nombre de obrero, que gracias al trampolín del socialismo del siglo XXI y la sapiencia del robusto padre de la revolución, Hugo Rafael Chávez, te  convertiste en “conductor” de una nación.

 

Por Édison Marulanda Peña

Estimado Nicolás Maduro,

Presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

Seguramente duermes poco y hasta mal desde hace unos meses, pese a todo no se nota que disminuyas el peso. ¡Qué fuerte eres! Esta es la mejor prueba de que en tu patria sí hay alimentos suficientes; que muchos tengan un apetito desmesurado que los impulsa a la maledicencia diaria, es algo que se escapa de tu indulgencia y buen hígado (el corazón es un órgano sobrevalorado por los poetas burgueses y los baladistas de la emisora Pereira al Aire). Por cierto, todo mandatario debería tener un hígado enorme como el tuyo, para drenar a tiempo tantas injurias, calumnias y falacias como las de CNN, NTN24, la Doble W y toda la derecha de la región. El servicio público suele ser ingrato, qué le vamos a hacer, por suerte tú ya lo sabías desde que recorrías las calles y avenidas de Caracas con la cabrilla en tus manos firmes.

La poca gente de la oposición volcada a las vías –otros dizque haciendo una huelga–, las señoras elegantes aprendiendo a protestar envían a sus hijos universitarios al frente de la resistencia, teñidos de tinta roja en las sienes y brazos para hacer ruido mediático simulando la sangre derramada en esta lucha por el poder. Mientras tú afirmas en los micrófonos –ya hubiera querido tener Jota Mario Valencia tu voz estentórea de macho latinoamericano–,  sin descomponerte ni gritar por tanta alevosía, que jamás ha existido ni existirá represión en la república que honra la LIBERTAD llevando el nombre resumido del Libertador en femenino, para facilitar el trabajo de los periodistas, pues sería demasiado espacio en una noticia con su nombre de registro civil: República Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte y Blanco. Esta es la mejor muestra del pragmatismo político de quienes hicieron la Constitución vigente.  

Es evidente que esos atorrantes de la oposición tienen el ánimo de desprestigiar tu buen  nombre de obrero, que gracias al trampolín del socialismo del siglo XXI y la sapiencia del robusto padre de la revolución, Hugo Rafael Chávez, te  convertiste en “conductor” de una nación. Es cierto que siempre ha sido díscola y desagradecida (lo puede corroborar Carlos Andrés Pérez donde se encuentre discutiendo ahora con los caudillos socialistas Fidel y Hugo Rafael).  

Entiendo que las molestias por la tozudez de los adversarios -que se sienten  los elegidos por el imperialismo anglosajón- alteren un día la dulzura de tu carácter. Que mala suerte el desplome del precio mundial del petróleo desde hace dos años y que no hubieras considerado la seguridad alimentaria como una prioridad.

Además de darte una voz de aliento, escribo para consultarte algo urgente: ¿debo creerles a los profesores de universidad pública -tus camaradas ortodoxos y fieles al paradigma venezolano- que aseguran que todo es un complot del gran capital, que los informes que presentan los medios desde las ciudades de allá son un “burdo montaje”?

¡Qué infortunio! Justo cuando las masas en la República Bolivariana ya no tenían que esforzarse en conservar el trabajo cumpliendo indicadores de productividad, sino que recibían generosos subsidios para dedicarse, como en la canción del Gran Combo:

Yo me levanto por la mañana / me doy un baño y me perfumo, /me como un buen desayuno y no hago más na’, más na’. […]  Que bueno es vivir así / comiendo y sin trabajar, / Oigan: yo nunca he doblado el lomo / y no pierdan su tiempo, / no voy a cambiar.

Te deseo lo mejor en el día histórico de las votaciones para la Constituyente. No sobra que le des una llamada a Franco de Vita, por si el tema no sale como tú lo deseas,  para que te dé una asesoría sencilla; pues él confesó desde hace 30 años que es Un buen perdedor. También es para dar muestra de austeridad, o por si no puedes pagar los altos honorarios del estratega Luis David Duque o por si tienes una leve duda de porqué él asesoró a tu antagonista Enrique Capriles en las votaciones presidenciales anteriores. “No es nada personal, son negocios”, me anticipo a responderte porque lo conozco un poco.

Finalmente, no hagas caso de las vehementes frases de última hora del gobernante de Colombia, Juan Manuel Santos, es que ya no tiene a Germán Santamaría para que le escriba buenos discursos y le toca improvisar…hasta en este sensible tema de las relaciones internacionales.

Con respeto y consideración,

E.M.P.  (no confundir con EPM).