juanzamora-216Lo ocurrido entre Santos y Uribe es alarmante ética y moralmente y es que prefirieron enfocarse en despotricar y no en fundamentar la discusión teniendo los dos cifras que presentarle a los electores de lo que fue en los diferentes sectores de la nación cada uno de sus gobiernos. 

 

Por: Juan Zamora

Y sí, parte de los colombianos participamos de los comicios. Que el resultado sea positivo o negativo, la historia lo dirá.

Pero más allá de cifras, análisis políticos o electorales, hay algo que me huele mal, muy mal y es el asunto sencillo de la ética y la moral.

No es fácilmente comprensible que personas preparadas académica y ejecutivamente para ser presidentes de una nación recurran a la zancadilla, improperio o chisme para seguir o acceder al poder.

¿Qué mensaje se le da a las actuales y futuras generaciones? Una alerta de que no importa tu talento, formación o mérito para llegar a un objetivo, sino hacer trampa, la ley del atajo, hacer una campaña negativa del otro.

Lo ocurrido entre Santos y Uribe es alarmante ética y moralmente y es que prefirieron enfocarse en despotricar y no en fundamentar la discusión teniendo los dos cifras que presentarle a los electores de lo que fue en los diferentes sectores de la nación cada uno de sus gobiernos. Pues esto no ocurrió, el chisme y la mala intención prevalecieron.

El uno por hacer la paz descuido otros asuntos, uno en particular, el agro. El otro, teniendo posibilidades de debatir más ampliamente a quien continuó en el poder, se dedicó a satanizar el proceso de paz con las Farc, que mal o bien va adelantado. Pero que debido a los cuestionamientos con o sin razón quedó debilitado y más después de la primera vuelta.

pandillaPero en medio de este ambiente corrosivo debemos elegir el próximo jefe de estado el 15 de junio. Algunos expresan que ahora sí va a empezar la “guerra sucia”.

El pueblo, cómplice de la desgracia

Otro hecho que es reprochable es la alta abstención (60 por ciento). Algunos analistas y académicos utilizan como eufemismo el argumento de que la gente no votó debido a la guerra sucia entre las campañas de Santos y Zuluaga que los saturó.

De cierta  manera es válido. Pero no del todo, hay un sector de nacionales que por simple pereza no votaron o, peor aún, porque tienen un cierto confort de vida que no los lleva a pensar más allá de sí mismos. “Eso desde que yo esté bien… o esos políticos no me han dado nada” son algunas expresiones de los abstencionistas.

Y es que abstenerse es una salida fácil. El me importaunculismo afecta a unos y fortalece a otros que son elegidos por minorías, las mismas que tienen a este país en sus manos, se enriquecen y lo manejan a su antojo. Y después se quejan.

Miren una aritmética electoral sencilla. Si de los cerca de 18 millones de personas que no votaron, lo hubiesen hecho 6 millones por medio del voto en blanco pues se hubiesen repetido las elecciones, algo histórico en Colombia. Pero más les pudo la pasividad.

Otra “cuenta alegre”: si los 6 millones hubiesen votado en favor de alguno de los cinco candidatos, pues no se da una segunda vuelta. Pero como no fue así, pues seguiremos con la incertidumbre.

Hablar de supuestos es fácil. Igual, el daño ya está hecho.

Algunos de “buen corazón” ya le están dando la excusa perfecta a los abstencionistas, que el 15 de junio está de por medio el mundial de fútbol, entonces por esto no van a salir a votar.

Con estos resultados creo firmemente en algo que me expresó un mecánico alguna vez: “es mejor comer mierda a no comer nada”.  Ahí les dejo.