Teniendo en cuenta que es un tema muy amplio y complejo, tomé la decisión de dividir ésta columna en varias partes, en aras de poder explicar abiertamente mi punto de vista pero, especialmente, con la intención de no dar información incompleta, de modo que usted pueda sacar sus propias conclusiones.

 

maria-victoria-velascoPor: Victoria Velasco Mora

Quizás ha escuchado recientemente la frase: “Colombia va por el mismo camino que Venezuela, en 10 años estaremos como ellos”. Éste fue uno de los “argumentos” que dio la oposición al Gobierno para convencer al pueblo de votar por el NO al plebiscito. Viéndolo bien, fueron muy astutos pues apelaron al miedo, le dijeron a la gente que su sueldo no alcanzaría para comprar el mercado, que sus hijos no tendrían pañales ni leche de fórmula, que sus familiares y amigos morirían sin medicinas para curarlos y, lo más grave, que no tendrían derecho a oponerse a nada.

Quiero, en éste espacio, decirle unas cuantas razones por las que considero que sería muy poco probable que repitamos la historia del hermano país:

  1. ¿Se vio algún capítulo de la serie de HBO: Juego de Tronos? En esa serie, todos quieren el trono de hierro y están resueltos a hacer lo que sea por obtener la corona del rey (si no se la ha visto, lo invito a que se vea el primer capítulo, estoy segura de que no podrá detenerse hasta terminar las seis temporadas).

En Colombia la situación no es muy diferente, y luego del plebiscito, el panorama político está muy intenso: falta un año para iniciar la campaña presidencial y ya hay más de 10 precandidatos. ¡Es absurdo! Aquí todos quieren mandar y ninguno considera buenas las ideas del otro, a menos que sea él mismo quien las diga. En Venezuela, por el contrario, se levantó Hugo Chávez, el Robin Hood suramericano, quien creyó ser la voz del pueblo, y tuvo un discurso populista que llegó a las masas y las movió a amarlo como si fuera el nuevo salvador. Era la lucha de él en representación del pueblo contra los ricos que “engrandecían sus arcas a costa de la pobreza del pueblo de Bolivar”. Así se ganó el apoyo de millones, esparció odios y dividió al país.

El egoísmo de la clase dirigente colombiana impedirá que un político de izquierda se convierta en el máximo gobernante del país, sus intereses económicos se verían afectados y nadie quiere soltar a la gallinita de oro. Le recuerdo que Gustavo Petro tuvo, a mi criterio, los cuatro peores años en su vida siendo alcalde de Bogotá: tenía a los medios de comunicación en su contra, el Procurador demostró su odio rotundo por él, fue investigado por la Fiscalía, incluso su hijo fue investigado por conductas delictivas. Casi nadie estaba de su lado.

El Polo Democrático, que es el partido político de izquierda al que podríamos asociar con el socialismo latinoamericano, es hoy blanco de señalamientos gracias a los alcaldes que tuvo Bogotá, que la hicieron un completo caos. En las pasadas elecciones a la alcaldía en esa ciudad, los bogotanos prefirieron escoger a Peñalosa como su alcalde, en vez de Clara López. Esto fue, según los grandes analistas, un veto al Polo en la capital.

Con esto quiero decir que los colombianos tenemos memoria, hemos visto cómo fracasó la economía en Venezuela, Argentina y Brasil, y no queremos ni estamos dispuestos a pasar por semejante calvario, o a que nuestras ciudades sean igual de caóticas que Bogotá, así que dudo que un presidente comunista, socialista o de izquierda llegue a la Casa de Nariño.

  1. Colombia es un país dependiente en gran medida de la extracción y venta de petróleo, es la principal fuente de ingresos en la economía del país. Pero también es conocido en el mundo por la calidad de los productos que aquí se producen y exportan como: su café, sus flores, sus frutas, entre otros. A pesar de que no hay una política integral de protección al agro, el campo colombiano todavía se mueve y produce, la economía interna no ha perdido dinámica.

Venezuela es un país más pequeño que Colombia y, tristemente, en sus años de bonanza petrolera sus gobernantes no tuvieron la necesidad de poner a producir al máximo su capacidad agricultora. Ellos importaban muchísimo más de lo que producían y exportaban. Cuando el gobierno empezó a expropiar a las empresas nacionales, las descuidó y no le interesó que éstas trabajaran al máximo de su capacidad, lo que agudizó su situación.

Hace unos años, el barril del petróleo se vendía a más de USD160 y hoy se vende en menos de USD50. El presupuesto venezolano decayó en gran medida, no recibían la misma cantidad de dólares que antes, por lo que no podían hacer importaciones al nivel en que hacían antes. Si ya su capacidad productora interna estaba afectada, la escasez de dinero para comprar productos en el exterior terminó por catapultar el desastre económico y social de Venezuela.

Eso explica por qué no se consigue la harina, aceite, arroz, pollo, carne de res o cerdo. En pocas palabras, no hay producción y tampoco hay plata para comprar, no solo hablamos de comida sino de medicinas, pañales, productos de aseo personal; en Venezuela, algunos tienen dinero para comprar pero no hay productos para adquirir

Teniendo en cuenta que es un tema muy amplio y complejo, tomé la decisión de dividir ésta columna en varias partes, en aras de poder explicar abiertamente mi punto de vista pero, especialmente, con la intención de no dar información incompleta, de modo que usted pueda sacar sus propias conclusiones.