Miguel angel lopezComo no encontré brevas, ni mucho menos arequipe, de postre compré uvas traídas de Chile y dulce de leche.  Unos chocolates marca Hershey y, para complementar, un poco de café, que sigue siendo orgullo colombiano, así represente menos del 10 por ciento del PIB.  

 

Por: Miguel Ángel López

Este fin de semana tuve una visita de mi mamá y decidí sorprenderla con un buen plato de comida colombiana. Ella me crió con arepa a la comida, pan con chocolate los domingos al desayuno, frijoles de almuerzo cada sábado y los domingos, siempre y cuando el guayabo lo permitiera, el mejor ajiaco cocinado por esas manos amorosas.

Así pues, llamé a mi abuela, le pedí las recetas para descrestar a mi mamá con un fin de semana de comida tradicional. Ya los papeles cambiaron y me toca a mí mercar, cocinar, lavar y obligarla a comer el sobrado. “No me vayás a dejar nada que ya no tengo perro”.

Primero tenía que mercar. Carrefour, que antes era francés  y ahora es chileno, probablemente no sea un buen lugar para conseguir frijolito bola roja o un poquito de guasca fresca. Y pues Carulla, la versión sobrevalorada, súper costosa del Éxito, tampoco. Me voy con el supermercado por excelencia, que ya tiene telefonía móvil, tarjeta de crédito y un intento de WalMart en sus principales sedes.

Para el desayuno no encontré Tampico, por tanto compré jugo de naranja marca Tropicana. Llevaría jugo de manzana, pero hay personas que no dejan las buenas costumbres. Como todo ha cambiado, compré pan Bimbo integral y un poco de Nutella para acompañarlo. De media mañana, un mango deshidratado marca Mariani y maní de Flavour House.

Para los frijolitos del sábado, me tuve que conformar con unos enlatados de marca Organic. Aproveché con unos punticos que ahorré por años para gastarlos en mercado pendejo y compré todos los ingredientes enlatados. Hasta la garrita de cerdo la encontré empacada y lista para consumir con fecha de vencimiento  perfecta para un universitario como yo.  Luego, los ingredientes del ajiaco fueron toda una travesía. Papa traída de quién sabe dónde y a falta de guasca, supongo que un poco de laurel y tomillo podrán lograrlo.

Como no encontré brevas, ni mucho menos arequipe, de postre compré uvas traídas de Chile y dulce de leche.  Unos chocolates marca Hershey y, para complementar, un poco de café, que sigue siendo orgullo colombiano, así represente menos del 10 por ciento del PIB.  Será, cual restaurante, introducir un poco de comida fusión en nuestro hogares. Una perfecta mezcla de pobreza, importación y toda la sazón de la corrupción colombiana.

PDT: La presente columna fue inspirada en el siguiente trino de @ConyCamelo