EDWIN-HURTADO-e1422294002966 Claro que se puede, señor García, pero estos otros comensales que vagamos leyendo por ahí, tenemos también el derecho, el tiempo y la voluntad para meter nuestras cucharas y responder a los textos que consideramos malos, sean humorísticos o no.
Por: Edwin Alejandro Hurtado
Hace una semana publiqué una respuesta a una columna del buen escritor pereirano Gustavo Colorado sobre el ateísmo,la cual ha generado una polémica debido a lo que muchos consideramos una generalización irresponsable y mal argumentada de lo que opinan y consideran los ateos, los cuales, como aclaré en el escrito anterior, son un grupo tan heterogéneo, que no pueden meterse todos dentro del mismo conjunto sin caer en errores. 
Unos días después, el señor Iván Rodrigo García Palacios metió la cucharada (lo cual no está mal, de eso se trata) para salir en defensa de Colorado por nuestro presunta incapacidad para comprender su sátira y nuestro “enfervorecida defensa”. Al parecer el señor Iván, que tan bien lee, no pudo detectar diferencias entre mi respuesta y la de David Osorio, que varios lectores notaron perfectamente y con la que incluso yo he tomado cierta distancia. 
Unos días más tarde publicó otra columna, en la que básicamente continúa con la misma confusión, ya que como aclararé más adelante, su cucharada partió de un error de interpretación, del que se pega como una lapa para continuar con la confusión que se extiende en sus dos escritos: la suposición errada que David y yo pensamos que no se puede satirizar el ateísmo. Claro que se puede, señor García, pero estos otros comensales que vagamos leyendo por ahí, tenemos también el derecho, el tiempo y la voluntad para meter nuestras cucharas y responder a los textos que consideramos malos, sean humorísticos o no.
La columna de Gustavo Colorado, por las razones expuestas, me parece mala. Si era humor, pues igual me parece mala; el buen humor, como bien puede saberlo el señor García es el que no desfallece en sus contenidos, así lo debe saber un aparente lector asiduo de Voltaire, Erasmo y compañía. Yo le recomendaría que antes de pontificar sobre la buena lectura y el buen humor de los demás, revisara los suyos propios, quizá se daría cuenta de que cometió un error de lectura que lo llevó a meter la cucharada, y que los otros pueden, en lugar de carecer de humor, tener uno diferente. No todos nos reímos de los chistes malos. Y ya que veo que le gustan tanto los franceses, le recomiendo a Michel Onfray y su Tratado de ateología, ya que al parecer está confundido con su historia.
Cuando David Osorio y yo le exigimos disculpas a Colorado por “irrespetar el ateísmo”, estamos simplemente señalando la contradicción del señor Colorado, que generaliza al decir que todos los ateos se burlan de los creyentes mientras a su vez satiriza o generaliza nuestras opiniones. Sacar de esa nimiedad dos columnas e incluso meter en la colada el pesado asunto de Charlie Hebdo, sobraba. Como sobraba entonces su dicotomía entre terrorismo e inteligencia y algunas otras comparaciones odiosas como aquello de “fanáticos del fútbol”. No tenemos ningún problema con la existencia de las sátiras o textos críticos, aunque sí quizá con algunos de sus contenidos.
La segunda columna se basa en el mismo error de interpretación, continuando con una comparación innecesaria, e incluso de mal gusto, se cree el comentarista parte de una cofradía que posee no solo el humor y la comprensión de  lectura, sino  la inteligencia. Como yo no tengo el feo vicio de generalizar, no considero al señor García “idiota” o “imbécil”, a pesar de que los únicos dos escritos que le he leído, me parecen, como bien ha señalado mi amigo Mateo Gómez, dos estupideces. Y se equivoca el columnista al ubicar a Gómez y León con los otros, ya que ellos nunca criticaron algo más allá de su texto, no insultaron al autor, solo calificaron sus textos con  adjetivos que creen merecidos.
De la misma manera, no creo que el señor Colorado sea un mal escritor o un mal periodista, de hecho recomiendo mucho uno de sus libros (Yo me bajo en Atocha) y suelo disfrutar sus columnas y poemas. Me cuido de no confundir enemigos y contradictores, y no tengo la suficiente confianza para fustigar completamente una persona solo por algunos textos en los que no convenimos. Debemos alejar de nuestra polemología ese vicio tan superficial de juzgar al otro como cosa conocida solo ante un par de desacuerdos. Esto vale tanto para las disputas entre ateos y creyentes, vegetarianos y omnívoros, liberales y comunistas.
También le recuerdo al señor García que algunos de los ateos que mencioné, y que él retomó, andan o anduvieron en congregación y pandilla. Richard Dawkins es uno de los ateos militantes más sobresalientes del momento y tiene incluso una fundación para promover el ateísmo, y el gran Stephen Jay Gould, a pesar de ser su contradictor intelectual, lo acompañó en algunas de sus batallas, como la lucha por evitar que se enseñara creacionismo como una alternativa científica a la teoría evolutiva. Hasta que se cansó de debatir con religiosos, porque según él, lo único que querían, en lugar de contrastar sus argumentos, era “el oxígeno de la respetabilidad” que estos debates les otorgaban.
Recuerden entonces cuidarse muy bien de las acusaciones que profieren, sus argumentos y sus presuntas buenas lecturas pueden convertirse en  boomerangs . Pero recuerden aún, con más fuerza, no generalizar sin necesidad ni evidencia; hay un espectro tan amplio y tan mezclado de opiniones que dichas pésimas caricaturas del otro van a terminar enredando más la madeja, y evitando que los interlocutores de verdad nos comuniquemos.