Conciencia de migrantes

Solo que la soberbia y la comodidad nos hacen sentir que somos dueños del suelo y que tenemos la seguridad de ANDRES CALLE (MAMBRE)que allí echaremos raíces y volveremos al polvo y seremos la misma tierra.
Por: Andrés Calle Noreña
Como van las cosas, en la frontera con Venezuela, y en los bordes de la Europa opulenta y satisfecha, y en Sudán del Sur, y en México, y en todas partes, el mundo está a reventar. Detrás de unos vendrán otros. Los migrantes nos están pisando el terreno que considerábamos intocable y vienen para quedarse. Es una situación que no da espera, por esto tenemos que cambiar de mentalidad y de cultura y tenemos que conseguir conciencia de migrantes.
Los islandeses, quién lo creyera, abren sus casas y están dispuestos a recibir refugiados. Es una lección de humanidad y de futuro. Esto nos debería conmover. Por algo, George Steiner dice: “Todos somos huéspedes de todos”.
Todos tenemos parientes, más cerca en el tiempo o más lejos, todos somos hijos de inmigrantes. Solo que la soberbia y la comodidad nos hacen sentir que somos dueños del suelo y que tenemos la seguridad de que allí echaremos raíces y volveremos al polvo y seremos la misma tierra. Mentiras, llega una guerra, un tsunami, una crisis económica, y hasta el mercado, y nos borran las huellas y nos sacan corriendo y nos ponen una etiqueta de extranjeros en el mundo.
Lloramos al niño sirio que el mar saca muerto a la playa, Aylan, con su nombre y su historia de destierro. Detrás de él vendrán miles, con otros nombres y nosotros estaremos entretenidos y no habrá ya más detenimiento en esa foto que nos debería escandalizar y que mañana será un periódico leído.
¿Cuando nos llegará la hora? No se trata de una advertencia del Apocalipsis. Si no despertamos, si no reaccionamos, o los países de acogida no van a dar abasto, o, por qué no, también nos tocará salir de huida cuando menos lo pensemos.
En un país como Colombia, con 6 millones de desplazados internos, o más, los condominios encerrados y las cámaras, y los vigilantes, no serán suficientes para contener a las turbas sino nos decidimos a compartir y a cambiar el estado de cosas. 
Además, los emigrantes tienen que cargar con su dolor, con su fardo y con los estereotipos que se ganan en forma gratuita. Por esto, sí hay algo para hacer, algo que está a nuestro alcance. Propongo unos pasos, unas acciones, para crear conciencia de migrantes.
Trabajo con emigrantes colombianos, en Venezuela y en el mundo
Todos tenemos parientes
Todos somos familia de migrantes
1. Urge presentar entrevistas, testimonios, mostrar la vida de los  colombianos que han emigrado. De todos aquellos que no son prostitutas, criminales, mafiosos. Para mostrar que se han establecido puentes, se han recibido influencias, hay aprendizajes de lenguas, de costumbres, nuevos mestizajes maravillosos. Ellos han sido acogidos en muchas circunstancias con generosidad. De igual manera se han entregado, han construido sueños, han colaborado en otros países. Todo esto está por contar, por mostrar, por divulgar. Cuando llega un deportado, un expulsado, un desempleado y un desencantado, traen lo que abarcan con sus manos, pero dejan media vida en esos lugares que abandonaron.
2. No se trata de discriminar a las prostitutas, los criminales, los  mafiosos. Para eso está la justicia. Y también hay que protegerlos y acompañarlos. Pero hay que completar la desinformación, la invisibilidad, y  confrontar los falsos estereotipos que sobre los colombianos se difunden en los medios. Para resaltar otros colombianos emigrados que producen en muchos campos, que ganan becas, que luchan para formarse, que entregan la vida en el servicio, en la defensa de la justicia, que tienen grandes méritos, o también que son ciudadanos normales, decentes, honrados, alegres, dadivosos, generosos, comunes y corrientes.
3. Hace mucha falta mostrar las redes de relaciones y afectos entre emigrantes colombianos y ciudadanos otros países. Hay muchos compatriotas en el arte, la ciencia, los equipos de investigación, en la economía, la producción, y en experiencias que ni hemos sabido. No se trata de exaltar el nacionalismo sin más, sino hacer que quienes nos representan bien y quienes ya son ciudadanos del mundo, sepan que hay otros que los recuerdan y los quieren y se llenan de orgullo por saber de ellos. Así mismo, cada colombiano que se ha encontrado, que se enamorado, que ha vivido con extranjeros tiene lecciones que nos pueden servir y que nos abren puertas y ventanas.
4. Es necesario hacer respetar los derechos humanos de los colombianos en Venezuela. Diferenciar entre deportados y expulsados. Darles apoyo.
5. En Colombia tenemos millones de desplazados internos, hay que atenderlos. De todas maneras,  hay que afirmar que así los haya, esto no minimiza la crisis de la frontera venezolana.
6.No dejemos de mirar y de conmovernos con los migrantes que están llegando y muriendo en las costas y en las fronteras de Europa. No nos son ajenos y son parte de un sistema inhumano de guerras y de economía global.
Leonardo Boff afirma que la virtud propia para este siglo será la hospitalidad.
Bienvenidos los mestizos, los expulsados, los deportados, los refugiados. Qué dolor tan grande, pero ellos han venido a enseñarnos las bienaventuranzas.
Aunque ahora lloren y pasen las noches durmiendo en la calle, aunque dejen atrás dejen sus niños muertos y sus casas y su pasado para siempre, el mundo les pertenece.