EDWIN HURTADO (IZQ)Entre las ideas que se estarán enfrentando, ha tomado fuerza (aunque últimamente esta siendo más criticada, y fue criticada desde el inicio por algunos) la del voto en blanco. 

Por: Edwin Hurtado
Cada vez estamos más cerca de las elecciones, tanto las del Congreso, que serán el domingo 9 de marzo, como las presidenciales que serán el 25 de mayo, y cada vez este tema llena más las redes sociales, la televisión y las páginas de los periódicos, así como las ciudades con vallas y afiches de uno que otro partido (adivine cuáles) y las universidades con carteles de uno que otro partido (adivine cuáles). Y así como aumenta la publicidad, también crece el número y el fervor de los defensores de las ideas que en esos días se pondrán sobre la mesa.
Unos defienden a los suyos pensando en contratos, desde los más grandes hasta los más pequeños; algunos, por su ideología o principios; otros, porque es cosa de toda la vida. Otros no defienden a nadie, y los atacan a todos, olvidando el daño que hace la generalización sin fundamento, que es casi igual al de la credulidad de las ovejas.
Entre las ideas que se estarán enfrentando, ha tomado fuerza (aunque últimamente esta siendo más criticada, y fue criticada desde el inicio por algunos) la del voto en blanco, idea que tiene como fundamento una variedad de argumentos y que de llevarse a cabo, tendría algunas buenas, pero también algunas malas consecuencias, cuestión que depende de si triunfa en las elecciones al congreso o en las presidenciales.
A mí manera de ver, son mucho más perjudiciales para el futuro del país las consecuencias de su triunfo en las legislativas que en las presidenciales, ya que como se explica en este video y en el enlace anterior, los grandes perjudicados serían los partidos minoritarios que son a su vez los que realizan, relativamente, el papel de la oposición.
Mientras tanto, los partidos tradicionales y los del actual presidente y ex presidente, con sus gigantescas maquinarias electorales, no tendrían problema en generar nuevas listas y quedarse con los puestos de un congreso, que como varios analistas han coincidido, es clave para el futuro del país.
Independientemente del futuro de esta iniciativa en las urnas, hay un argumento de muchos de sus defensores que he venido criticando, y es el típico “todos los candidatos son iguales”. Y lo critico, insisto, no porque la opción del voto en blanco no me parezca respetable, sino porque como he podido evidenciar muchos de los que hoy lo defienden no conocen a muchos de los candidatos y, por tanto, no tienen argumentos para juzgarlos.
Por el lado del congreso es cierto que hay una buena cantidad de políticos despreciables y perversos, algunos de los cuales, como el inevitable Roberto Gerlein, viene ocupando una silla desde hace décadas solo gracias a la fuerza de su electorado de costumbre en el Caribe colombiano, y no gracias a la fuerza de sus ideas (que no la tienen), como debería ser.
Él , claro, no es el único, y algunos otros como Carlos Enrique Soto, y muchos de los del Partido de la U, Conservador, PIN y los demás, también se han venido acostumbrando a su puesto y a sus ventajas. Claro que el problema no es que repitan, el problema es que no hacen nada bueno y repiten. Está, para ejemplificar esto, Jorge Robledo, que también aspira a reelegirse pero que ha hecho muchísimo más por el país que  los antes mencionados.
Cuando miramos más detalladamente, encontramos que algunos de los candidatos se diferencian, y bastante, del político tradicional que muchos criticamos. ¿Son lo mismo Antonio Navarro o Claudia López y Álvaro Uribe, son lo mismo Carlos Lozano yJose Darío Salazar, son lo mismo Ángela Robledo o Angélica Lozano y Paloma Valencia o Jose Obdulio Gaviria? O para ponerlo incluso dentro del mismo partido (conservador en este caso) ¿Son lo mismo Juan Mario Laserna Daniel Raisbeck y el homofóbico Gerlein o Jorge Pedraza? ¿Es igual de despistado Rodolfo Arango Juan Carlos Vélez? ¿ Da igual Alberto Castilla o Iván Cepeda, que Hernán Andrade o Roy Barreras? ¿Seguros?
En estas elecciones, además, muchos sectores poco representados en esa instancia, tienen la oportunidad de hacer oír un poco más su voz. El Polo Democrático y la Alianza Verde recogen buena parte de lo que los colombianos indignados de los años recientes han venido pidiendo. El Partido Liberal, por su parte, también tiene en su lista a algunas caras importantes que podrían rescatar un poco su alicaído nombre.
Los animalistas podrían tener representación conJuan Jiménez Lara y/o Natalia Parra, los usuarios de drogas tendrían también varios defensores, por ejemplo Lucas Pasos Abadía. Lo mismo vale para la población LGBTI, las víctimas del conflicto, los campesinos, los deportistas,los indígenas e incluso para los militares y los comediantes. 
Ahora, no se trata tampoco de que deposite su voto y luego se regocije en la comodidad, como muchos críticos señalan, eso debilita nuestra ya precaria democracia y hace menos posible un mejor entendimiento de la misma, una en la que los ciudadanos discutimos, criticamos, proponemos y ayudamos a ejecutar de manera activa.
No visitemos las urnas simplemente para legitimar el poder del gamonal de turno, visitémoslas con el ánimo y la voluntad  para ayudar a cambiar lo que cada uno de nosotros consideramos equivocado. Deberíamos abandonar, entonces, ese vicio tan humano de tomar las premisas como conclusiones, y solo abrazar una idea cuando sea fruto de una reflexión, y no cuando la anteceda.