Continuando con la discusión planteada

La semana pasada decidí escribir sobre el escándalo de la renuncia del general Palomino y lo que se ha ventilado sobre la descriptiva “comunidad del anillo”.

ADRIANAGONZALEZCOLUMNA

Por Adriana González

Haciendo una lectura de Martha Nussbaum en su texto “El cultivo de la humanidad”, encontré casualmente una reflexión filosófica que me atrevo a transcribir textualmente con el fin de respaldar unas reflexiones que creo son necesarias. Comenta la autora: “(…) mientras Occidente establece una clara diferencia entre los valores que prevalecen en el lugar de trabajo y los que prevalecen en el hogar, la cultura india no hace la distinción, y en su lugar cultivan lo que ellos llaman ´una forma de vida integrada’”.

De la lectura de Nussbaum, quedan claras ciertas cosas, entre ellas que Occidente desde el punto de vista filosófico, ideológico y ético, decidió diferenciar o dividir la vida del ser humano entre el trabajo y el hogar, entre lo público y lo privado,  poniendo así una clara distinción en el ejercicio de sus valores; muy al contrario de la cultura india en la cual, según la autora, “la forma de vida integrada” no le permite hacer tal diferenciación, por lo tanto sus valores y la práctica de la misma es una sola, su comportamiento es igual, yo pensaría que más integro.

De ahí que exponer la vida privada de dos adultos para lograr un escándalo mediático y destapar una “olla podrida”, no es más que una traición a los valores de la filosofía individualista occidental, traicionar los propios principios. Una postura maniquea de algunos medios, entre ellos el dirigido por la periodista Vicky Dávila, y por ella misma, donde los valores éticos terminan siendo instrumentalizados. Cuando hay que acudir a la ética para justificar las acciones efectivamente se hace, pero cuando hay que apartarse de la misma, se hace sin ningún empacho.

No se pueden sacrificar los principios éticos para limpiar una institución corrupta, el procedimiento legitima el fin, por ello ni es justificable, ni es legítimo acudir a procedimientos sospechosos y/o al desconocimiento de  los valores -que de paso vale la pena recordar, son los valores burgueses, los que triunfaron con la Revolución Francesa y la institucionalización del Estado de Derecho-, para evidenciar o descorrer la cortina y contar lo putrefacto del país.

Sigo pensando que cuando esta intimidad lesiona derechos, valores y principios de terceros –como el caso de Otálora– es fundamental evidenciar en lo público, en lo mediático y en la opinión en general los hechos cometidos por quienes representan al Estado, pues no deja de ser una actuación atravesada por el poder, y la víctima sea mujer o hombre está en una demostrada indefensión frente a la agresión del poderoso. Pero cuando media una relación entre iguales, la intimidad es “la intimidad” en la cultura occidental, esa que tanto le gusta a la prensa local.