LA ÉTICA EN LA PEDAGOGÍA SOCIAL

La naturaleza de la pedagogía social consiste en crear situaciones para aprender a través de un proceso único que no puede ser alcanzado por medio de la aplicación de métodos técnicos que carezcan de reflexión.

 

Por / Hernán Tena Cortés

Como profesionales, sin importar el área de desempeño, quizá de las cosas más difíciles es obrar con ética y establecer la línea de coherencia entre el discurso y la práctica. Debemos ser conscientes que esta postura es dinámica y que cada situación o contexto puede variar su resultado.

En la docencia, dada su naturaleza y su cotidianidad, es común que con o sin intención los actores que la protagonizan ejerzan una doble moral o falten a la coherencia entre discurso y práctica. Por lo anterior, es muy importante evaluar cada día, pues los docentes siempre serán de una u otra manera, una figura o modelo a seguir para muchos estudiantes.

En la pedagogía social, las cosas suceden de manera muy similar. En primer lugar, recordemos que esta ciencia social se caracteriza por una relación reflexiva entre teoría y práctica en la que las dos se desarrollan entre sí. Según Schumacher, la relación con el otro debe ser crítica y cuestionable; para asegurar lo anterior, esta disciplina se conceptualiza en otros campos como: educación, psicología y ciencias sociales, así como macroeconomía, teología y filosofía, de acuerdo con Böhnisch, Schröer y Thiersch.

La pedagogía social surgió en muchos países como la respuesta educativa a problemas específicos, enfatizando en la posibilidad de influenciar las circunstancias desde la educación con el fin de crear una sociedad más justa e igualitaria. Esto significa que tiene como objetivo dar forma e influir en las condiciones sociales de manera que aborde las desigualdades y garantice que los diferentes grupos dentro de la sociedad puedan preservar su diversidad sin dejar de sentirse parte del tejido social más amplio.

Para ilustrar lo anterior, Eichsteller y Holthoff han sugerido un protocolo que denominaron: “el modelo diamante”. Dicho modelo debe ser visto como inseparable y busca mejorar el bienestar y la felicidad tanto a nivel individual y colectivo como a corto y largo plazo; proporcionar oportunidades de aprendizaje holístico y experiencias positivas a lo largo del curso de la vida; desarrollar relaciones fuertes, afectuosas y auténticas para que las personas se sientan interconectadas, apoyadas y responsables por los demás; y para permitir que los individuos y las comunidades se empoderen, asumiendo la responsabilidad y el control de sus propias vidas.

Cuando se interactúa con los demás, los individuos suelen expresar sus creencias o valores fundamentales a través de su postura o mentalidad, concepto conocido como Haltung en Pedagogía Social (derivado de Alemania). Lo anterior se refiere al punto al que una persona guía sus acciones por sus orientaciones éticas y de acuerdo a sus valores accionados en el diario vivir.

Eso se puede entender como lo que Carl Rogers denominó condiciones centrales:  comprensión empática, congruencia y consideración positiva incondicional. La comprensión empática requiere un interés genuino en el mundo y la vida de la otra persona, con el fin de construir una relación que permita dar el apoyo necesario para transformar cada experiencia de manera positiva e incondicional. Teniendo presente que la comprensión tendrá limitaciones, ya que nunca será posible entender al otro de manera integral y es ahí, en donde la ética y la imparcialidad juegan su mejor partido.

La naturaleza de la pedagogía social consiste en crear situaciones para aprender a través de un proceso único que no puede ser alcanzado por medio de la aplicación de métodos técnicos que carezcan de reflexión. Procura la construcción de relaciones que busquen preservar al otro en su unicidad y crea las condiciones para el diálogo, explorando preguntas, posibilidades y elecciones como socios iguales en un mundo incierto, complejo e impredecible.

Preguntas alrededor de la moralidad, de lo que constituye el bien y el mal o de lo correcto e incorrecto, reposan en el corazón de la ética sin lograr estándares universales. Bauman, por ejemplo, sugiere que en el mundo posmoderno no es posible diseñar un código universal de ética que guíe las acciones o el pensamiento humano. Él ve la pluralidad de las formas e ideales humanos como un desafío, y la ambivalencia de los juicios morales como un estado mórbido que anhela ser “rectificado”. Por ende, el seguimiento o aplicación de un código no garantiza que se haya obrado de forma correcta, luego si cabe anotar que nuestras acciones pueden tener alcances a largo plazo hasta el punto de tocar o transformar vidas.

Gruber introduce cinco valores fundamentales para pensar y actuar éticamente en la pedagogía social: la dignidad humana de cada persona, que exige nuestro más alto respeto; asumir la responsabilidad de las propias acciones morales; tolerancia al encontrar y respetar la diferencia; justicia social con respecto a la distribución justa de oportunidades participativas y de vida, añade Thiersch; y solidaridad con los miembros desfavorecidos de la sociedad. Estos cinco valores orientan en mayor o menor escala al profesional e invitan a permanecer en constante reflexión de la práctica.

En la práctica de la pedagogía social los profesionales deben moverse en dos dimensiones: la pedagógica y la social. La primera, gira alrededor de la humanidad y la conceptualización de cómo los niños influyen en la educación; la segunda, lo hace alrededor de cómo los individuos deben relacionarse entre sí.

El núcleo y quizá lo intangible lo pone el pedagogo. Pues cabe aclarar que su oficio lo desempeña en suma con personas que han sido vulneradas, o que de una u otra manera han pertenecido a problemáticas sociales. Por ende, estos profesionales son modelos a seguir y sus comportamientos son tenidos en cuenta y evaluados tácitamente por los jóvenes, de manera que se sugiere autoevaluar con frecuencia el comportamiento, la manera de expresarse y la forma de solucionar los conflictos que hacen parte del diario vivir de un pedagogo social.

A continuación, se presenta un caso real que procuró por aplicar esa ética que aquí se describe y que en este escenario busca recordar que los niños no tienen la culpa de los problemas de los adultos.

 

¡De las carreras solo queda el cansancio!

Era sábado en la mañana, la noche anterior se recibieron varias pulgadas de lluvia, el día era gris y frío para la fecha de verano. Me desperté temprano para terminar un trabajo de la maestría, mi teléfono sonó y era un mensaje así: —”Hola, puedes llegar más temprano hoy, tuvimos una dificultad y quisiéramos acelerar el inicio del día.” Lastimosamente ya faltaba poco para la hora real de inicio y solo pude responder que me apuraría para llegar lo antes posible.

Terminé el trabajo, me organicé y emprendí camino al trabajo en tiempo récord. Debo reconocer que en medio del trayecto y confiado por la oscuridad del día, me excedí un poco en velocidad. Faltaban dos kilómetros para arribar, miré por el espejo porque sentí que alguien me seguía y así fue, un carro blanco en excelentes condiciones encendió unas luces azules y me indicó que debía estacionarme, era la policía para decirme que venía muy rápido y que debía ponerme una multa por velocidad.

Así inició mi día. El primer aprendizaje giró alrededor de la paciencia y la tolerancia, pues una multa por dejarse llevar por impulsos emocionales le genera malestar a cualquiera. Cuando el policía me indicó que podía continuar el camino, lo primero que pensé fue que tenía que llegar tranquilo a casa de los niños, ellos no tenían la culpa de lo sucedido y desquitarme no sería buena opción. Realicé algunos ejercicios de respiración y para mi llegada al destino, las emociones ya estaban controladas.

Al llegar le dije a los compañeros lo que había sucedido, pero a manera de chiste, recibí a los niños con la actitud que ellos merecían y estuve atento para escuchar lo que había pasado. Uno de ellos tuvo una dificultad y dejó salir sus emociones con el pedagogo de turno, al parecer las cosas estuvieron más tensas de lo esperado y el niño más pequeño se asustó mucho. La mediación fue la clave por parte de los profesionales; en una situación como esas es de vital importancia no tomar las cosas personales, escuchar a los jóvenes cuando más nos necesitan y procurar por preservar la calma en el ambiente.

El pedagogo que protagonizó el acto supo manejar la tranquilidad y ser muy cauto con su expresión oral, la pedagoga que medió el conflicto supo manejar la situación con los niños no involucrados para mantener la calma en la casa. Yo supe controlar mis emociones para no descargar la negatividad de una multa –que se habría podido evitar– con los jóvenes que solo esperaban con ansias los planes del día.

Así concluyó este caso que gracias al buen manejo protagonizó unos cuántos minutos de un día que terminaría siendo inolvidable y transformado en empoderamiento y positivismo para cada uno de los jóvenes que habitan ese lugar. ¿Se imaginan si los adultos hubieran reaccionado de otra manera?

 Twitter: @Hernan_Tena

Correo: heteco2010@gmail.com

Referencias

Eichsteller , G., & Holthoff , S. (N/D). Social Pedagogy as an Ethical Orientation Towards Working With People — Historical Perspectives (Vol. 36). (A. A. Press, Ed.) ThemPra Social Pedagogy C.I.C .

 

Ethics in social pedagogy

The nature of social pedagogy is to create situations for learning through a unique process that cannot be achieved through the application of technical methods that lack reflection. It seeks to build relationships that seek to preserve the other in its uniqueness and creates the conditions for dialogue.

 

By Hernán Tena Cortés

As professionals regardless of performance area, perhaps one of the most difficult things is to ethically act and establish the coherence line between discourse and practice. We must be aware that this position is dynamic and that each situation or context can vary its result.

In teaching, given its nature and daily life, it is common that with or without intention, the actors who carry it out exercise a double standard or lack coherence between discourse and practice. Therefore, it is very important to evaluate every day, as teachers will always be, in one way or another, a figure or role model for many students.

In social pedagogy, things happen very similarly. First of all, remember that this social science is characterized by a reflexive relationship between theory and practice in which the two develop among themselves. According to Schumacher (2008) the relationship with the other must be questioning and critical, to ensure the above, this discipline is conceptualized in other fields such as: education, psychology and social sciences, as well as macroeconomics, theology and philosophy (Böhnisch, Schröer and Thiersch , 2005)

Social pedagogy emerged in many countries as the educational response to specific problems, emphasizing the possibility of influencing circumstances from education in order to create a more equal and just society. This means that it aims to shape and influence social conditions in a way that addresses inequalities and ensures that different groups within society can preserve their diversity while still feeling part of the wider social fabric.

To illustrate the above, (Eichsteller & Holthoff, 2011) have suggested a protocol that they called: “the diamond model”. This must be seen as inseparable and seeks to improve well-being and happiness both individually and collectively and in the short and long term; provides holistic learning opportunities and positive experiences throughout the life course; develops strong, caring and authentic relationships so that people feel interconnected, supported and responsible for others; and allows individuals and communities to become empowered, taking responsibility and control of their own lives.

When interacting with others, individuals often express their core beliefs or values through their posture or mindset, a concept known as “Haltung” in Social Pedagogy (derived from Germany). The above refers to the point at which a person guides his actions by his ethical guidelines and according to his values applied in daily living.

This can be understood as what Carl Rogers called core conditions: empathic understanding, congruence, and unconditional positive regard (Rogers, 1967, p. 304). Empathic understanding requires a genuine interest in the world and the life of the other person, in order to build a relationship that allows giving the necessary support to transform each experience in a positive and unconditional way. Keeping in mind that understanding will have limitations, since it will never be possible to understand the other in a comprehensive way and it is there, where ethics and impartiality play their best game.

The nature of social pedagogy is to create situations for learning through a unique process that cannot be achieved through the application of technical methods that lack reflection. It seeks to build relationships that seek to preserve the other in its uniqueness and creates the conditions for dialogue, exploring questions, possibilities and choices as equal partners in an uncertain, complex and unpredictable world..

Questions about morality, of what constitutes good and bad, right and wrong, lie at the heart of ethics without achieving universal standards. Bauman (1993), for example, suggests that in the postmodern world it is not possible to design a universal code of ethics that guides human actions or thoughts. He sees the plurality of human forms and ideals as a challenge, and the ambivalence of moral judgments as a morbid state that yearns to be “rectified.” Therefore, following or applying a code does not guarantee that it has been acted correct, then, it should be noted that our actions can have long-term scope to the point of touching or transforming lives.

Gruber (2009) introduces five fundamental values to think and act ethically in social pedagogy: the human dignity of each person, which demands our highest respect; take responsibility for one’s own moral actions; tolerance when finding and respecting the difference; social justice regarding the fair distribution of participatory and life opportunities (Thiersch, 2009); and solidarity with disadvantaged members of society. These five values guide professionals to a greater or lesser scale and invite them to remain in constant reflection of practice.

In the practice of social pedagogy, professionals must move in two dimensions: pedagogical and social. The first one revolves around humanity and the conceptualization of how children influence education; the second, does so around how individuals should relate to one another.

The core and perhaps the intangible is provided by the pedagogue. Well, it should be clarified that his job is carried out in short with people who have been vulnerated or who in one way or another have belonged to social problems. Therefore, these professionals are role models and their behaviors are tacitly considered and evaluated by young people, so it is suggested to frequently self-evaluate the behavior, the way of expressing and the way to solve the conflicts that are part of the daily pedagogue’s life.

Below is a real case that tried to apply the ethics described here and that in this scenario seeks to remember that children are not to blame for the problems of adults.

 

Haste makes waste!

It was Saturday morning, the previous night several inches of rain were received, the day was gray and cold for the summer date. I woke up early to finish a master’s assignment, my phone rang and it was a message like this: “Hello, can you arrive earlier today? We had a difficulty and we would like to speed up the start of the day.” Unfortunately, it was not long before the actual start time and I could only reply that I would rush to arrive as soon as possible.

I finished the assignment, got dressed, and hit the road to make it in record time. I must admit that in the middle of the journey and confident by the darkness of the day, I exceeded a bit in speed. It was two kilometers to arrive, I looked in the mirror because I felt that someone was following me and so it was, a white car in excellent conditions turned on blue lights and indicated that I should park, it was the police to tell me that I was coming very fast and that a fine for speed should be put on me.

This is how my day started. The first learning revolved around patience and tolerance, because a fine for being carried away by emotional impulses causes discomfort to anyone. When the Garda told me that I could head on the road, the first thing I thought was that I had to get to the children’s house quietly, they were not to blame for what had happened and taking it out would not be a good option. I did some breathing exercises and by my arrival at the destination, the emotions were already controlled.

When I arrived I told the colleagues what had happened but as a joke, I received the children with the attitude they deserved and I was attentive to hear what had happened. One of them had a difficulty and let out his emotions with the pedagogue on duty, apparently things were more tense than expected and the youngest child was very scared. Mediation was the key for professionals, in a situation like these, it is vitally important not to take things personal, listen to young people when they need us the most and try to preserve calm in the environment..

The pedagogue who starred in the act knew how to manage tranquility and be very cautious with his oral expression, the one who mediated the conflict, knew how to handle the situation with the children not involved to keep calm at home. I knew how to control my emotions so as not to discharge the negativity of a fine that could have been avoided with the young people who were around and waiting for the plans of the day. In this way this case concluded, which only and thanks to good management led a few minutes of a day that would end up being unforgettable and transformed into empowerment and positivism for each of the young people who inhabit that place. Can you imagine if the adults had reacted differently?

References

Eichsteller , G., & Holthoff , S. (N/D). Social Pedagogy as an Ethical Orientation Towards Working With People — Historical Perspectives (Vol. 36). (A. A. Press, Ed.) ThemPra Social Pedagogy C.I.C .