Corridas las corridas

La tauromaquia también será cultura, al igual que el teatro, el cine y la literatura; sectores que no reciben el apoyo necesario. La pregunta recae en qué es lo que quiere Colombia, o más allá, ¿qué es en verdad lo que debería ofrecer Colombia?

Por: Miguel Ángel López

El 2012 no será el año en que se acabe el mundo, pero sí el momento en que las corridas de toros vean lo que tal vez sea el inicio de su fin. En febrero el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, anuncia que la Fábrica de Licores de Antioquia retiraría su apoyo a las fiestas taurinas mientras él siga en su puesto. Ahora el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, confirma que la Plaza de Santamaría no se usará para corridas de toros.

La tauromaquia representa muchas cosas desde donde se mire: cultura, maltrato animal o la primera razón para rebelarse en la adolescencia, por supuesto, en el empuje pro animal, medio mamerto, que cualquier menor de edad puede experimentar en un momento u otro. Lo que vale resaltar es que se esté de acuerdo o en contra de ello, la  fiesta taurina es algo presente en la sociedad colombiana del siglo XXI.

Para defenderla reclaman que la tauromaquia es cultura. Para atacarla afirman que la tauromaquia no es cultura. La verdad es que, tristemente, la tauromaquia sí es cultura, cultura colombiana, heredada de nuestros padres españoles. ¿Si no fuera un símbolo cultural, porque se asocia tanto a la vida en España?

No obstante  hay que dejar esta discusión a un lado, principalmente porque nunca se va a llegar a un acuerdo. El problema en disputa es que ahora los gobernantes han aprovechado su poder para, como menos, retirar el apoyo oficial que permite que esta fiesta continúe… ¡Ole!

Colombia es un ejemplo a seguir para todos aquellos pequeños países que quieran un gobierno que tiene dinero y siempre lo invierte en los bolsillos equivocados. Por ejemplo, encontramos a los equipos de ultimate que van a representar al país en el mundial en Japón con apoyo económico nulo. ¿Por qué invertir en una fiesta de carácter privado, y no en algo que buscar promover el nombre de la Nación?

Por otro lado los toreros, esquivando con agilidad las banderillas que los atacan, alegan que dicha decisión les viola su derecho a la libre elección de un trabajo; un trabajo que se mueve por dinero público en busca de capital privado, una fiesta violenta que termina en la muerte de cientos de animales, incluso toreros; pero sí, ellos tienen la libertad de escoger su trabajo. Al igual que el resto de personas en este país.

¿Pero debe un interés privado primar sobre un derecho mayor? ¿El derecho a la vida? Si se busca incluir políticas ecológicas en el país, hay que dejar a un lado que comprar un detergente ecológico y respetar las canecas de colores en la calle es suficiente para ayudar al planeta. Los animales deben ser incluidos en estas políticas, y su derecho a vivir no debe ser omitido. Como si ganáramos  quitándoles un par de animales a los hermanos Gasca, pero aplaudiendo el asesinato de los toros.

El país se enfrente ahora a una problemática de prioridades. ¿Qué es en realidad importante? ¿Primordial? La fiesta taurina en realidad no es más que una festividad, como ir a la discoteca el fin de semana. La tauromaquia también será cultura, al igual que el teatro, el cine y la literatura; sectores que no reciben el apoyo necesario. La pregunta recae en qué es lo que quiere Colombia, o más allá, ¿qué es en verdad lo que debería ofrecer Colombia?