La comunicación para el desarrollo comenzó como la idea del cambio o la liberación para los pueblos latinoamericanos, transmitiendo la falsa promesa de tener una economía sostenible, disminuir el analfabetismo y mejorar la producción agrícola, acelerando sus procesos.
Por: Diana Carolina Gómez Aguilar
Colombia sin duda está atravesando un momento histórico que quedará en la memoria colectiva por siempre. Por encima de los vacíos, fortalezas o inquietudes que queden de los acuerdos, lo destacable es el hecho mismo de haber podido llegar a un acuerdo final con el grupo armado más antiguo de Latinoamérica. En concreto, poder lograr lo que cinco presidentes anteriores intentaron, convencerlos de dejar las armas y optar por el camino político.
Sin duda, también, es apenas un paso y como se ha dicho ya en infinidad de columnas de opinión como esta, en debates, ponencias, conversaciones y demás formas de expresión a las que hemos recurrido todos los colombianos, los del SÍ y los del NO, son cuantiosos los retos que debemos enfrentar como ciudadanos que se comprometen a construir una paz estable y duradera.
Uno de los recursos que más ha sonado para enfrentar esta nueva sociedad en “posconflicto” es la comunicación para el desarrollo. Una herramienta vista como la mejor estrategia para intervenir las comunidades y mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, debemos tener en cuenta de qué manera es que vamos a aportar nosotros como personas naturales, como profesionales y como es mi caso y el de muchos en mi entorno, como comunicadores sociales.
La comunicación para el desarrollo comenzó como la idea del cambio o la liberación para los pueblos latinoamericanos, transmitiendo la falsa promesa de tener una economía sostenible, disminuir el analfabetismo y mejorar la producción agrícola, acelerando sus procesos. Además de esto, incidir en la planificación familiar, con la intención de controlar el crecimiento de la población.
Empero, realmente fue determinada como una estrategia por parte de Norte América para modernizar a América latina. Modernizarla en el sentido de poder ejercer mayor control sobre su población, su formar de gobernar, de comportarse y de pensar.
A partir de los años sesenta, se les denomina a estos países de centro y sur América como ‘subdesarrollados’, así como también a otros países de África y Asia.
La intención era que las comunidades vulnerables superaran rápidamente su atraso en el crecimiento económico y se centraran en los principios reguladores de la eficiencia y la efectividad. Esto implicaba no solamente cambios económicos y políticos, sino también cambios culturales; afectando con esto la tradición de los pueblos, sus rituales, creencias y formas más arraigadas de pensar y comportarse. Pues la lógica de la modernización comprendía estos cambios como un paso a la competitividad económica y a la participación política, promesas que claramente no se cumplirían.
Fue entonces evidente que se dio una división entre la sociedad tradicional y la sociedad moderna. La sociedad tradicional resistiéndose al cambio y a perder sus costumbres, rituales, el valor y la divinidad que se les otorgaba a los antepasados, los orígenes de las familias y toda su carga cultural ancestral, su cosmovisión.
La sociedad moderna, por su parte, estableciendo que los comportamientos debían ser regidos por ciertas normas instauradas por un individuo elegido por voto libre y popular. Su intención era persuadir, educar y erradicar la cultura que ya traían consigo estos pueblos: ofreciendo un acceso al conocimiento global, iniciativas que aportaban al ‘progreso’ y además provocar al consumo por medio de campañas publicitarias que se difundían fuertemente, aplicando la estrategia de motivación para la persuasión.
El contrapeso a esta comunicación para el desarrollo fue la comunicación alternativa que creció desde las localidades: promovida por grupos políticos, algunos líderes cristianos y pequeñas poblaciones, convencidos de que el desarrollo se producía desde abajo, alejado de los medios hegemónicos y con la intención de preservar la sociedad tradicional, exaltando la cultura popular y todo lo que la compone.
Esto por otra parte, evidenció que desde lo nacional también se excluye la diversidad y se le culpa del llamado subdesarrollo o atraso. La ‘comunicación alternativa’, entonces, tuvo grandes falencias al momento de presentar propuestas y llevarlas a cabo para generar realmente un cambio en la sociedad.
Es por esto que la verdadera comunicación para el desarrollo no debe pensarse únicamente desde los ámbitos económicos y políticos, mucho menos desde los intereses del mercado. Debe estar centrada en desarrollar proyectos para la ciencia, la educación, la salud, el medio ambiente, los procesos culturales y demás aspectos importantes en una sociedad compuesta por seres humanos y no por peones que se utilicen para el crecimiento económico de los países considerados ‘desarrollados’.
Todos sabemos que la comunicación contiene factores sociales como lo es la paz, la equidad y la educación; sí, así como los pilares del gobierno Santos, pero más allá de eso, porque son aspectos en los que de manera inminente se debe trabajar en nuestro país. Es por esto que la comunicación juega un papel protagónico en la manera como se extiende o disminuye el tejido social, más que las multinacionales que llegan ofreciendo crecimiento y desarrollo, más que los planes y programas que pueda implementar cualquier gobierno transitorio en la población, es la comunicación uno de los grandes retos que trae el posacuerdo.
Tal como se menciona en el texto La comunicación en contextos de desarrollo, la comunicación se enfrenta a “la necesidad de promover, facilitar y animar el fortalecimiento de la capacidad expresiva, comunicativa y lúdica de los habitantes, los lazos, los intercambios, las redes sociales cotidianas y los lazos entre las organizaciones y los movimientos sociales, que son la base para el fortalecimiento de la esfera pública y del tejido social y su conjunto. Esto implica, además, traducir a la realidad derechos consagrados de la Constitución Política Nacional, tales como el derecho a la información y expresión pública, la libertad de prensa, el pluralismo y la independencia de los medios masivos de comunicación“.


