De darse una intervención militar en Venezuela, bajo la misma excusa de la invasión a Irak: “rescatar la democracia”, se hace pertinente para los colombianos no olvidar que no seremos el patio trasero sino el delantero de la guerra, es decir, la mejor trinchera para los gringos y el peor escenario para nosotros como nación.

 

Por: Adriana González Correa

Está en cartelera la película con 8 nominaciones a los Oscar, El vice, una cinta que cuenta descarnadamente los juegos de poder y sobre todo de su abuso, tejidos por Dick Cheney alrededor de la toma de decisiones en USA después de los ataques del 11-S en 2001.

Hay que jugar con la ficción que implica el cine; sin embargo, tiene datos reales que recordamos claramente. Uno de ellos, es la posterior declaración de Colin Powell, en la que reconoció que su discurso en el Consejo de Seguridad de la ONU, para justificar la invasión, perdón, los ataques a Irak, fue el más incómodo que pudo dar durante su tiempo como Secretario de Estado.

La película relata las inescrupulosas actuaciones de Dick Cheney en el poder para buscar su beneficio y el de la transnacional petrolera Halliburton –de la que fue su presidente– con grandes negocios en Irak, para conseguir que el foco de atención al terrorismo internacional no fuera el país de refugio de Bin Ladem, Afganistan, sino Irak. La tesis, muy sencilla: Cheney manipuló toda la información en la Casa Blanca para conseguir el beneplácito de Bush en la invasión al país árabe.

Meses después, USA debió reconocer que Irak no poseía armas de destrucción masiva, pero el país estaba sumido en el caos, producto de la incursión militar norteamericana. Osama Bin Laden fue asesinado 10 años después en Pakistán a la módica distancia de 2.438 kilómetros de Irak.

La doctrina del shock es un libro de Naomi Klein –también con documental– que tiene como tesis central la utilización del shock dado en una población para introducir las fórmulas del liberalismo económico defendido por la escuela de Economía de Chicago comandada por su Nobel, Milton Friedman.

Klein hizo una seria investigación. Comienza su análisis en las dictaduras de Argentina, Chile y Brasil, señala cómo se generó un shock con la dictadura en dichos países, para introducir las recetas neoliberales.

Su análisis también comprende el shock dado a partir de los desastres naturales como el del Katrina en Nueva Orleans y el tsunami de Sri Lanka, donde se aprovechó el caos para privatizar la educación y hacer grandes y costosos complejos inmobiliarios en la primera, mientras que en la segunda, las costas devastadas sirvieron para arrinconar en las montañas a los pescadores y crear un sistema hotelero con grandes ganancias.

Una realidad similar a la contada en El vice y estudiada por Klein, se evidencia en lo que se ha venido gestando desde hace un buen tiempo en Venezuela.

No desconozco que Maduro ha hecho lo suyo para tener la crisis y la falta de gobernabilidad política existente; sin embargo, esto no da pie para una intervención directa y militar de EE.UU., pues desde que nació el concepto de soberanía, ningún Estado tiene la potestad de invadir a otro bajo la excusa de “ausencia de democracia”.

USA, fábrica pruebas, acude a la famosa posverdad, crea metarrelatos, agranda los problemas y los mediatiza a escala planetaria, exclusivamente para alcanzar sus fines intervencionistas y económicos, sin aplicar un mínimo de corrección y ética política. Venezuela, sin duda tiene un excelente atractivo para que la nación más potente repita una vez más la historia, bajo la aquiescencia internacional: el petróleo.

Nunca, por su parte, he visto a la Unión Europea o a EE.UU. pidiendo democracia en Estados que no aceptan abiertamente los postulados democráticos. Es claro que tales solo se dan frente a aquellos Estados que puedan tener una riqueza necesaria para el modelo de desarrollo de los industrializados.

De darse una intervención militar en Venezuela, bajo la misma excusa de la invasión a Irak: “rescatar la democracia”, se hace pertinente para los colombianos no olvidar que no seremos el patio trasero sino el delantero de la guerra, es decir, la mejor trinchera para los gringos y el peor escenario para nosotros como nación.

@adrigonco