La grandeza nos noqueó. Hoy, somos una raza débil, enquistada en una miseria de fracasos repetidos. Incapaces de emular la huella del glorioso ancestro. Solamente el capítulo privado salva a Pereira de la debacle.

henry-carvajal-castroPor: Henry Carvajal Castro*

El cuentico de dividir las empresas públicas para modernizarlas, salvarlas de la quiebra y convertirlas en las mejores de Colombia -lo copió Medellín y miren dónde va- forzó a nuestros alcaldes a una aventura fatal y siniestra para nuestro identidad y grandeza pereirana.

Propósito válido. Lleno de visiones futuristas, que se  torció en el camino por el saqueo intestino, apetito político y pésimo manejo administrativo. “Es que si dividimos las Empresas Públicas de Pereira tendrán un  gran desarrollo y se consolidarán, como una gran  “punta de lanza” para el progreso de nuestra capital”

¿Sería esa la intención? ¿Fue ese el propósito? ¿O se vendieron por una política de terror, miedo a la quiebra e  incapacidad gerencial?, argumentando que la recuperación de las EE.PP.PP, paradigma nacional, en nuestras manos, era totalmente insostenible.

Se vendió Telefónica a UNE. Se concesionó Aseo a un amiguito de Uribe. El 49 % de Energía se entregó a Enertolima, y por una prima infamante se vendió la gerencia. Lo raro es que hoy, Energía Pereira da grandes dividendos, corroborando que nos queda grande manejar nuestras empresas.

Una a una, menos Aguas y Aguas, presente y gran testimonio de la grandeza cívica de los pereiranos de verdad, las Empresas Públicas fueron vendidas por los mismos que ahora salen a decir que “A Pereira hay que gerenciarla”. La gente creerá que al fin y al cabo que lo maneje uno o la compre otro es igual, porque “mientras a ellos les va bien a Pereira le va muy mal”.

Ese no es el problema. El problema es que vendimos la mayoría de las empresas que heredamos de los abuelos. La impronta sublime, la huella gloriosa, el rigor visionario, la gesta cívica, todo se ferió para que se multiplicaran los panes particulares.

Hoy, vergonzosamente, la dirección de nuestras empresas es 80 % de funcionarios que desplazan a los nuestros. Perdimos la vergüenza, perdimos el orgullo. La grandeza nos noqueó. Hoy, somos una raza débil, enquistada en una miseria de fracasos repetidos. Incapaces de emular la huella del glorioso ancestro. Solamente el capítulo privado salva a Pereira de la debacle.

De la catástrofe cívica de Pereira se salva la gente y se condenan los políticos de “última generación”, sin excepciones, dueños de un fracaso que solo la historia, porque el presente es timorato, condenará. Por eso, mucho cuidado: no vote por esa clase de políticos que entran en Volkswagen y salen con Ferrari. Dividen para reinar, mientras Pereira queda viendo un chispero

Pereira es una ciudad de primera categoría con dirigentes apenas de tercera.

 *henrycampeon@hotmail.com