Derecho a respetarlos

El defender los derechos humanos no es sólo tarea de los gobiernos de cada país y de organizaciones mundiales, los derechos humanos son tan fundamentales que debe de ser una tarea de cada uno de nosotros exigir que se nos respete y hacerlos respetar en las personas que están en nuestro alrededor.

Por: Leandro Toro Valencia

El 10 de diciembre se conmemora la firma de la declaración de los derechos humanos. En 1948 la Organización de Naciones Unidas decidió firmar esta declaración para hacer respetar los derechos básicos y fundamentales de toda persona sólo por el hecho de ser humano. Los horrores de la segunda guerra mundial, las bombas atómicas y el poco respeto que muchas personas le daban a la vida fueron las causas para firmar esta declaración que ya lleva 64 años de ser pactada.

El defender los derechos humanos no es sólo tarea de los gobiernos de cada país y de organizaciones mundiales, los derechos humanos son tan fundamentales que debe de ser una tarea de cada uno de nosotros exigir que se nos respete y hacerlos respetar en las personas que están en nuestro alrededor. Pero indiscutiblemente emerge un problema para hacer respetar lo que debe de prevalecer, y es el desconocimiento que tenemos de ellos.

Actualmente hemos naturalizado tanto y a tal punto las crueldades que humanos hacen sobre otros humanos por diversos motivos, que no se nos ocurre que los derechos humanos deben de hacerse respetar. Los medios de comunicación, las instituciones sociales, las mismas costumbres han hecho que sean muy naturales las atrocidades que se cometen  y que las interioricemos a nuestra vida diaria.

Que existan mecanismos y organizaciones mundiales que promueven y hacen respetar los derechos humanos no es excusa para lavarnos las manos de esta responsabilidad que también es de nosotros por el simple hecho de ser seres humanos. La defensa, enseñanza y práctica de los derechos humanos no es una labor de grandes organizaciones ni de señores encorbatados, es nuestra labor ciudadana y humana más fundamental, si es que nos hacemos llamar seres humanos. Sea este día no un motivo de celebración ni de grandes discursos en pro de la defensa de los derechos humanos, este día debe de ser el día en que me pregunte: ¿Qué hago yo por la defensa de los derechos humanos? Si hay una respuesta afirmativa de acción entonces la invitación es a seguir esas prácticas, si no es así, entonces la invitación es a preguntarnos ¿qué puedo hacer? Y efectivamente hacerlo.