No sé, pero cada vez que escucho una noticia de estas, pienso en el Procurador Ordóñez o en uno de esos seres que orientan programas radiales, cuyo propósito consiste en advertirnos sobre los males que nos aguardan si seguimos fornicando como conejos -con perdón de los conejos-….
GUSTAVO COLORADO IZQPor Gustavo Colorado Grisales

A ver si ustedes me ayudan a entender: desde que nací estoy viendo tetas, empezando por las altamente nutritivas de mi mamá Amelia. Durante años, las vi en las portadas de las revistas o en algunas películas en teatros a los que conseguí entrar de manera clandestina. Cuando entreví las de Brigitte Bardot en la tapa de la revista Vanidades, insinuadas detrás de su blusita mojada, creí asistir a una epifanía. Y eso que acababa de recibir mi primera comunión

De los años setenta en adelante, ustedes y yo hemos visto tetas por millones: en la televisión, en el cine, en los periódicos, en las revistas y más tarde en internet. Las hemos visto de todos los tamaños: turgentes y escuálidas, del diámetro de una manzana o en racimo completo, como en el Cantar de los Cantares. Las hemos contemplado de todas las texturas: lisas como pasadas por aceite de almendras y recubiertas de pelusa como la piel del melocotón. Han desfilado de todos los colores ante nuestra mirada: negras, blanquísimas, doradas, cobrizas, luminosas.

Hay tetas naturales  y otras hinchadas a punta de silicona. Pero todas tienen sus admiradores y, a veces, sus clientes.

Más tarde, cuando llegaron las primeras novias, pudimos disfrutarlas en vivo y en directo. De esa manera dimos fe de su talante prodigioso.

En fin, que para mayor gloria de Dios y de los hombres, nacimos, crecimos y moriremos rodeados de tetas por todas partes.

Y ahora resulta que en Colombia un puñado de fanáticos quiere prohibir que las mujeres les den de mamar a sus crías en lugares públicos, con el argumento retorcido de la defensa de la moral.

Ya se han recibido denuncias sobre personas que increpan a mujeres en buses, trenes, taxis, parques o restaurantes, por el humano acto de ofrecerle la teta a   su retoño.

Por lo visto, mientras ellos tienen derecho a hartarse de viandas y vinos en los restaurantes, los recién nacidos deben privarse del alimento, porque atentan contra unos “principios morales” que ni siquiera han tenido tiempo de conocer.

¿De qué carajos estamos hablando?

¿Es inmoral que una madre alimente a su hijo en el momento preciso en que lo necesita solo porque no cuadra con el engranaje de unas mentes, esas sí, pecaminosas de cabo a rabo?

Así las cosas, los niños deberán arriesgarse a contraer una gastritis prematura, o caer en la desnutrición para que su madre no incurra en ese pecado recién inventado.

No sé, pero cada vez que escucho una noticia de estas, pienso en el Procurador Ordóñez o en uno de esos seres que orientan programas radiales, cuyo propósito consiste en advertirnos sobre los males que nos aguardan si seguimos fornicando como conejos -con perdón de los conejos- o si los enfermos terminales claman por la misericordia de la eutanasia, para no hablar del escozor que les provocan  el matrimonio homosexual, el aborto o la dosis personal de droga.

Curiosamente, esos guías espirituales no se inmutan ante la miseria del prójimo, las violencias que dejan   cada minuto su tendal de muertos, la desigualdad social, el saqueo del erario y los fraudes de los gobernantes. Nada de eso le resulta inmoral a su particular visión del mundo.

Pero se santiguan ante la visión de una teta misericordiosa que le da a un recién nacido fuerzas para emprender la lucha por la vida. No contentos con eso, piden castigos severos para la osada madre. Unos cuantos azotes no le vendrían mal a la impúdica. Quizá así retome el sendero de las buenas costumbres.

Paso por un centro comercial y veo salir a cuatro damas con unos escotes que me dejan sin aliento y con taquicardia. Pienso entonces en los integrantes del tribunal anti nutrición de bebés en lugares públicos y me hundo en la confusión.

A ver si ustedes me ayudan a entender.

PDT: les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada