Dígamelo en castellano  

Gustavo Colorado Por: Gustavo Colorado

El evento tuvo lugar en Pereira, Colombia, un país que, entre  más de un centenar de dialectos, tiene como lengua oficial  el castellano. En ella se han escrito poemas tan bellos como los  Nocturnos de José  Asunción Silva o novelas tan  colosales como Cien años de soledad. En ese idioma tejieron  sus relatos los cronistas de Indias, abrumados por la desmesura del paisaje y lo inabarcable de las distancias.

Por lo visto, a los organizadores de ese  seminario, congreso o feria no les bastó la lengua utilizada por Porfirio Barba Jacob  para escribir su Canción de la vida profunda, porque decidieron ponerle el siguiente nombre: “Coffee Break  for Business  and Technology”.  Además, entre sus productos se encontraba un show room, aparte de un espacio para clusters y commodities.

Ya sé que algunos de ustedes me van a moler a palos. Van a decir que estamos en tiempos de la globalización y por lo tanto debemos pensar en grande, según dicen los teóricos de la administración y el crecimiento personal. En esa medida el conocimiento  y utilización de un segundo idioma  es cuestión de supervivencia.DÍGAMELO EN CASTELLANO

Y tienen  toda la razón. Pero mi malestar no tiene relación alguna con el patrioterismo- sentimiento que detesto- y menos con esa forma de pasión desmedida por lo propio que anula de entrada el reconocimiento de los  valores ajenos. Simplemente pienso que todo tiene su tiempo y su  lugar: está muy bien que nuestros  ejecutivos y empresarios se capaciten para hacer negocios en todos los idiomas, incluidos los mencionados en el relato bíblico de  la Torre de Babel. Se necesita como mínimo el inglés para negociar con un extranjero que nos visita  o cuando en procura de nuevos mercados viajamos  a lugares remotos de la tierra

Pero que hablemos-  bastante mal, por lo demás- la lengua de Shakespeare y Los Beatles entre nosotros mismos no puede ser sino una muestra de ese esnobismo hijo del sentimiento de inferioridad que caracteriza a los individuos y a las sociedades  ansiosas de reconocimiento ajeno. Eso hasta se les perdona a los muchachos cuando ofician sus rituales en las discotecas de moda o a través de  los códigos de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. De ahí  a recibir todos los días invitaciones que hablan de coaching , outsourcing y benchmarking o escuchar a  programadores de radio presentarse a sí mismos como diyeis media un trecho  bastante grande.

DON QUIJOTE Y SANCHO PANZA

Y es  que llevado al campo de los adultos hispano hablantes el asunto se vuelve sospechoso. El evento en cuestión  pudo haberse llamado Un café para hablar de negocios y tecnología. Suena  hasta más acogedor. Además, el mensaje es claro, preciso y conciso, como lo piden los expertos en comunicación. Referirse a  cadenas productivas en lugar de clusters, reemplazar  show room por sala de exhibiciones y decir materias primas en lugar de commodities  resulta más amable y  cálido para un lector u oyente. Si la lengua  nos define  en tanto individuos y parte de un colectivo, utilizar las viejas y conocidas palabras  nos  hace sentir en familia. Ya  lo han repetido cientos de veces iniciados  y profanos: la única patria verdadera es la lengua. Cuando viajemos o recibamos visitantes extranjeros tendremos  ocasión de poner a prueba  la vastedad o precariedad de nuestros conocimientos. Por ahora, dígamelo en castellano.