Divide y perderás, parece ser la consigna subliminal de esta parte del bloque alternativo y es una paradoja, pues la Coalición Colombia obtuvo una representación significativa en el Congreso, que lo haría una bancada poderosa, pero olvida Fajardo que su tibieza ideológica para no “quedar mal con nadie”, como en la canción de Los Prisioneros y sus malas compañías, lo tienen acorralado. Profesor Fajardo, no hace falta ser doctorado en Matemáticas para comprender que también dividen….

 

Por: Miguel Ángel Rubio

Estas elecciones presidenciales comenzaron proyectando dos grandes polos de opinión que podrían ser el factor elegible en primera y segunda vuelta.

Por un lado, y representando la tradición política, las costumbres viejas en la forma de hablar, de mentir, y de demagogizar el asunto político en torno a intereses personales y colectivos, están los dos bloques de la llamada Derecha política, el representado por Germán Vargas Lleras y Juan Carlos Pinzón de Cambio Radical, y por Iván Duque y Martha Lucia Ramírez del Centro Democrático.

El segundo es el alternativo, de los candidatos Sergio Fajardo de la Coalición Colombia y Gustavo Petro de la Colombia Humana. En el medio, como una propuesta insular, sorda y abandonada, naufraga Humberto De La Calle, que intenta llegar a cualquier islote político para no morir en medio del mar…

El asunto es que estos dos polos o extremos políticos llegan a las elecciones divididos, no solamente en dos grandes icebergs, sino que, a su vez, cada iceberg tiene sus propias fracturas y resquebrajamientos, que les significarán –según como se asuman– la victoria o la derrota en la búsqueda de la presidencia de la nación por los próximos cuatro años.

En los bloques de la derecha, las elecciones al Congreso dieron una victoria contundente al uribismo. El Centro Democrático obtuvo una amplia representación en Senado y Cámara, la cual comparte con Cambio Radical y el Partido Conservador (que a la larga vienen siendo todos uribistas a conveniencia).

Entrambos representan la corrupción rampante de las instituciones democráticas (si es que tales instituciones existen en Colombia). El clientelismo electoral, el enriquecimiento desmedido de una élite privilegiada y las posturas ultraconservadoras propias de la constitución de Núñez y el concordato eclesiástico.

Así pues, este lado del panorama político llega con dos candidatos ligados al gobierno. El primero ex vicepresidente de Colombia acompañado de un exministro de defensa y exembajador, y el segundo exsenador de la republica respaldado por un expresidente, que es a su vez senador por dos periodos (sí, sé que suena a trabalenguas, pero eso es la política colombiana: un eterno e impronunciable trabalenguas).

Este bloque se peleará los votos de la élite, con una maquinaria electa y reelecta, que de seguro aceitará líderes políticos en las regiones para mantener el statu quo y su botín económico.

En primera vuelta, ambos bloques se  disputarán el poder y demostraran quién es más fuerte políticamente; los guarismos electorales, entonces, dirán a quién es más conveniente adherir, vía pactos políticos y burocráticos que consoliden una tradición clientelista en la política y, ante todo, evite la llegada del “castrochavismo” al poder –un invento de la derecha–, lo que de pasar, seguramente, “Nos volverá como Venezuela”.

Por otro lado, el  segundo bloque se debate a muerte en el fortalecimiento de su capital político, de su propuesta distinta, de sus alianzas con sectores nuevos, que representan la renovación política, partidos de intelectuales, de aguerridos liderazgos sociales en búsqueda de un país nuevo, democrático, tolerante, educado, culto, garante de derechos, feliz, etc; el cual a su vez, libra una batalla de egos y ansias de poder que obnubila una unión para hacer contrapeso a la derecha que ha gobernado por 218 años esta patria.

Este segmento lo conforman la Coalición Colombia de Fajardo, Robledo y Claudia López, mas no en la totalidad de sus partidos respectivos; y Gustavo Petro de la Colombia Humana, que aglutina todas las tendencias de izquierda del país y que se midió en una consulta democrática para elegir candidato, entre él y Carlos Caicedo, la cual ganó Petro con casi 2.850.000 votos libres, es decir, no fueron votos amarrados, ni de coalición, fueron votos ciudadanos.

Sin embargo, la primera alianza de esta propuesta alternativa, tiene un candidato emboscado en unos partidos con sed burocrática y de contratos, y de antecedentes nada decentes. Es Sergio Fajardo, estos partidos así lo han mostrado en sus actuaciones ejecutivas y así lo demuestran ahora con la tibieza de sus posturas ideológicas en esta campaña.

El Polo Democrático carga los lastres de Rojas Birry y Samuel Moreno en la alcaldía de Bogotá, actos de corrupción denunciados por Gustavo Petro siendo senador de dicha colectividad, lo que le costó salir del partido, cosa que le convino mucho, pues fuera de su partido logró la alcaldía de Bogotá, por el movimiento Progresistas.

También, el Polo Democrático, ha sido timorato en los apoyos irrestrictos al proceso de paz, al que un movimiento de “izquierda” debería, por coherencia ideológica, aplaudir y añadir a su plan programático. El otro partido que tiene fregado a Fajardo es el Verde, quien aún no deja claras las actuaciones de Prada como director del SENA, partido que ha comido del erario nacional, con Lucho Garzón a quien dieron una  corbata rancia, llamada Alto consejero para la prosperidad, además, la fórmula vicepresidencial del matemático, aun no logra quitarse el pecado de apoyar a Peñalosa, para lograr la alcaldía de Bogotá y no actúa éticamente si llegara a ser Vicepresidente, siendo su  pareja sentimental senadora, lo que configuraría una nueva forma de Nepotismo.

Ambos partidos, el Verde y el Polo, los que apoyan a Fajardo, están partidos, pues en ambos, sectores amplios se han ido con Petro, manifestando su inconformidad con la incoherencia ideológica del Senador Robledo y en los Verdes. Su golpe de gracia ha sido la renuncia de Ángela María Robledo a la colectividad, pues se fue a las toldas petristas a constituir su dupla como candidata a la vicepresidencia.

Divide y perderás, parece ser la consigna subliminal del bloque alternativo y es una paradoja, pues la Coalición Colombia obtuvo una representación significativa en el Congreso, que lo haría una bancada poderosa, pero olvida Fajardo que su tibieza ideológica para no “quedar mal con nadie” Como en la canción de Los Prisioneros y sus malas compañías, lo tienen acorralado… Profesor Fajardo, no hace falta ser doctorado en Matemáticas para comprender que también dividen…