Sin lugar a dudas, Duque causa risa con sus salidas en falso, serán muchas afortunadamente, traerán carcajadas, ira y una vergüenza colectiva.

 

Por: Christian Camilo Galeano Benjumea

Uribe retomó el poder al colocar a su discípulo en la casa de Nariño. A muchos, me incluyo, genera malestar y sinsabor ver gobernar de nuevo a un representante de la extrema derecha. Sin embargo, hay una expresión que he notado desde los resultados de las elecciones, en las marchas por la vida que se celebraron el 7 de agosto que me causa curiosidad.

“Duque no es mi presidente”, se lee en varios afiches, mientras otros muestran el culo como símbolo de protesta. Algo es cierto, es necesario aceptar y realizar el duelo; Duque ganó las elecciones y va dirigir a los colombianos por cuatro años, es la cabeza del Estado.

Resulta infantil desconocer la presidencia de Duque. Ganó al utilizar la maquinaria, fomentar el miedo y el odio como vieja estrategia política; triunfó con los métodos de antaño. Todos los que buscaban una opción diferente para el país, como era de esperar, entraron en un proceso de depresión que se niega aceptar la realidad.

Sin embargo, estamos en una democracia, las reglas son claras, hubo un ganador. Duque es el nuevo presidente, pareciera que representa a ese familiar vergonzoso que no quisiéramos tener y que hace tonterías que hacen quedar mal a toda la familia, pero no se puede tapar el sol con un dedo ¿Cómo olvidar el incidente en el Bernabéu o los saludos al rey?

Sin lugar a dudas, Duque causa risa con sus salidas en falso, serán muchas afortunadamente, traerán carcajadas, ira y una vergüenza colectiva. Quisiéramos que su gobierno mostrara un poco de orden e independencia, pero esto es como pedir peras al olmo. Se sabe del cordón umbilical que lo une a Uribe, su voz es la voz de otro; un pelele que sirve como medio para que otro gobierne.

Pese a este panorama es necesario aceptar la realidad, saber que esta no funciona como desearíamos. En este caso, hay que reconocer que un “don nadie” ocupa el cargo más importante del país y que el futuro de muchos procesos se pone en riesgo; aunque esta situación no es diferente de la que se ha vivido a lo largo de la historia en Colombia.

Es bueno recordar que la democracia desde sus inicios tiene como presupuesto la derrota, no todos pueden gobernar. Pese a ello, la ganancia (porque toda pérdida implica una ganancia, como ya lo sabía Freud al analizar el proceso del duelo), radica en la posibilidad de ejercer un control político activo.

Ahora bien, una de las ventajas que trae consigo la democracia es la posibilidad de mantener vivo el debate en las personas; ahí está, politizar y reír es clave. No perder la alegría en la política para no caer en la seriedad y el nihilismo, utilizar toda la materia prima que ofrece Duque para gozar y construir una ciudadanía crítica. La paradoja radica en esta tragedia de la política colombiana, diferente a las tragedias Shakesperianas, en que el bufón ocupa el trono del rey y gobierna sin ser consciente de sus chistes.

*ccgaleano@utp.edu.co