Ex-libris Martín-ChocoloEn ese viaje por los mares del silencio, el olvido y la memoria, Mario Armando, como un Rembrandt-grafitero, va retocando con pinceladas de arco iris la piel y las entrañas de la ballena 

Por: Cipriano El Escribano

En el marco de la Semana Mundial de la Poesía en Manizales, organizada por La Nave de Papel, que se celebrará los días 20, 21, 22 y 23 de marzo, se hará el lanzamiento del libro “Efecto Rembrandt” del poeta Mario Armando Valencia, quien toma el nombre del personaje de Stendhal, Julian Sorel, para firmar esta obra. La edición estuvo a cargo de la editorial cartonera “Del ahogado el sombrero”.

Este escritor manizaleño se interna en su experiencia de vida artística, profesional y académica en la ciudad de Popayán, que le ha llevado a navegar por las aguas agitadas de una ciudad aparentemente calmada, en la cual han transcurrido varios años de su existencia.

Desde allí, el poeta elabora un manifiesto personal, resultado de lo que él denomina “blanca epifanía” y que le permite enfrentar a Moby Dick, cetáceo varado en el centro de la ciudad como una “enorme ballena blanca que ha encallado y resopla moribunda”. De esta forma el autor describe el  lugar en el cual navega entre los personajes de Herman Melville: Ismael o Ahab,

“La enorme ballena blanca se desplaza pesadamente hasta alcanzar la playa. Sus monstruosas fauces expulsan espuma y niebla. El vaho de su aliento se esparce por toda la ciudad. Uno a uno los cuerpos son abiertos y despedazados. Entre el filoso diente de la ballena todos nos hacemos lluvia de sangre, fiesta de sangre. Como el síndico, la ballena blande su alcayata desde el fondo de los siglos, golpea y destroza cada cabeza, inscribiendo en las paredes blancas, hermosos gestos de rojo púrpura. En esta ciudad, cada golpe de aleta de la ballena blanca nos convierte en tristes personajes de un drama amoroso y sórdido de Frank Miller”.

En ese viaje por los mares del silencio, el olvido y la memoria, Mario Armando, como un Rembrandt-grafitero, va retocando con pinceladas de arco iris la piel y las entrañas de la ballena. El “rojo púrpura” resaltado en el párrafo anterior, es matizado con sutiles brochazos azules (una guerra), magentas (de razas) y verdes (de colores) que claman por la compañía de Juan Tama y Manuel Quintín y su regreso desde el fondo de su hipogeo blanco. En cada recodo del camino arde el corazón de la ballena mientras desde la cuadratura del panteón asoma el espejismo del templo de Santo Domingo que refleja rostros indefinidos: Camilo Torres, el sabio Caldas, el general Mosquera y el poeta Valencia.

El poeta recurre a la mano guía de su Virgilio, Giovanni Quessep: “¿O, acaso huía a ciegas/Del triste dios/Que hace del azul un patio/blanco?”… para, al menos, orientar su brújula incierta y esquiva en los laberintos verdes y sepias de su propia selva. En el vaivén de la bruma y el sol estival, trata de construir su casa, bañada en azul venezolano hacia las silentes e infinitas noches del sur.

Al final, la ballena emerge desde su hondo abismo y

Nazareno (morado) y oro (dorado): medio luto. El indio-pájaro instaura su

jerarquía: El yagé, pesado y lento rueda por fuera y crece

por dentro, húmedo como un poderoso

reptil, cálido como el té de coca en agua caliente.

El venenoso dardo persigue al animal. Es inevitable la muerte”

Mientras Ahab naufraga y se hunde con el Pequod tras el último coletazo de Moby Dick, Ismael resucita aferrado al ataúd que se bambolea sobre las furiosas aguas agitadas por el monstruo, y con un padrenuestro en los labios trata de galopar hacia la playa, regresando con la manada de caballos blancos,

“Porque en el azul del cielo, del río, del mar, comienza para el pájaro, el vacío que lo conduce, tierradentro, a su eterno hipogeo, a las entrañas de la madera y de la montaña, de la tierra que abre la blanca morada de la muerte.”

Bienvenido de nuevo, poeta Mario Armando Valencia, con esta bella obra, a la tierra natal, refugio sin tiempo de su siempre renovada creación y aporte permanente a la literatura colombiana.