Por esto, Duque es el candidato ideal no del uribismo, sino de Uribe, de una línea blanda, con buen concepto incluso entre sus opositores, con conocimiento en algunos temas de relevancia del país, con fidelidad absoluta (mientras no sea presidente) a su #elquedigauribe. Es la cortina de humo que el ajedrecista del Ubérrimo pondrá en el tablero, para distraer a la opinión y a sus correligionarios mientras se apodera de las grandes regiones en las elecciones de marzo.

 

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Álvaro Uribe, nuevamente, pone a hablar al país de estrategia política. Faltando pocos días para definir las listas que aspiraran al senado y a la cámara de representantes, cambió las reglas de juego y en vez de mantener la lista cerrada como lo hiciera en la pasada legislatura, en la cual logró una representación importante de 20 senadores y 19 representantes a la cámara, conformando una poderosa bancada que logró derrotar el SÍ en el plebiscito y entorpecer ideológicamente y políticamente muchos de los avances del acuerdo de paz firmado con las FARC. Uribe, entonces, se decantó por las listas abiertas para el 2018 y dejó a más de uno viendo un chispero y preguntándose por qué el cambio de estrategia política.

Además, y contra todos los pronósticos, el candidato uncido por el Ubérrimo líder político y expresidente fue Iván Duque, el mal llamado “Intelectual del uribismo”, una paradoja que ni Epicuro podría resolver. ¿Cómo se puede ser intelectual y uribista al mismo tiempo? Y escribía “contra todos los pronósticos” porque Oscar Iván Zuluaga, que obtuvo casi 7 millones de votos en las presidenciales y casi le gana a Santos, no fue reconsiderado por Uribe para aspirar a la presidencia en representación de esa colectividad.

Esta elección de Duque generó una división profunda en el Centro Democrático, que tiene discutiendo a muchos la posibilidad de transferir sus afectos electorales a cualquiera de los otros candidatos de la derecha que aspiran a palacio.

Ahora hablaremos de los porqués de estas decisiones de Uribe, dejando claro que es mi análisis y que no necesariamente tiene que ser acertado.

En primera instancia, diré que a Álvaro Uribe no le interesa consolidar un poder presidencialista en Colombia, ya fue presidente y lo hizo por ocho años; sin embargo, obtuvo una lección con Santos y es que de inmediato se posesionó el bogotano, se sintió traicionado y fue motivado por esta traición que construyó un partido político que pusiera en jaque a la paz y a Juan Manuel del 2014 al 2018. Y aunque con él estuvo a punto de llevar a Zuluaga a la presidencia, no actuó en segunda vuelta para permitir el triunfo de uno de sus “Buenos muchachos” pues, ante todo, Uribe comprendió que cualquiera que lleve a ser presidente, le traicionará.

Se dedicó, entonces, con su bancada, a vender un discurso no de oposición sino de confrontación, lo cual es distinto, quemó a payasas como Paloma Valencia, que con grito herido y cabellera despeinada gritaba el legado de los tres huevitos, defendió la división del Cauca con un muro, una Trumpada y dejó en entredicho su título en filosofía; calló ante las declaraciones irresponsables y tontas de la Cabal, dejando fluir el escándalo mediático y se hizo el que no era con él, ante la investigación contra Zuluaga en el caso del hacker y Odebrecht.

Esto lo que hizo fue reafirmar una cosa: el teflón del que está hecho Uribe, en la presidencia, se destacó por tener distintas carnes de cañón que recibieran las balas de sus fechorías y que le ayudaron a mantener los afectos intactos del pueblo y las élites conservadoras y terratenientes. Siendo congresista, quemó a varios de sus correligionarios en debates que no podrían ganar contra senadores como Robledo, López u Ospina, y él incólume trinando incendiariamente en Twitter se puso a trabajar con los caciques regionales, con los grandes electores de los departamentos, en contra del Sí.

A esto último quiero referirme.  Uribe es un elector de las regiones, es un cacique con total incidencia política en zonas del país en las cuales tiene intereses económicos, puso alcaldes, gobernadores y ediles, no los esperados, pero sí estratégicamente recorrió las regiones tomándose fotos con ellos, hablando en sus actos de campaña, construyendo poder regional. Las cifras muestran que el Centro Democrático logró tres alcaldías de capitales de departamento –Leticia, Puerto Carreño y Florencia– una gobernación –la del Casanare–, pero una cifra excepcional de 53 alcaldías municipales, unas directas y otras en coalición, sin contar los concejales y diputados; siendo esto un logro político para ser un partido nuevo.

Ese es su potencial, por eso cambió las reglas de juego. Nuevo objetivo, nueva estrategia, al poner la lista en voto preferente cada candidato se tendrá que consolidar como el gran cacique de su región, será quien ponga alcaldes de su directo resorte y tendrá respaldo político amplio determinado por el número de votos obtenidos. Construyendo poder local, ¿qué le importa quién sea el presidente? ¿Que podría afectarle que sea Vargas Lleras o Fajardo, incluso Petro o De la Calle? Si podrá manipular la política local a la cual el estado no regula, no vigila, no reconoce desde Bogotá al resto y que ha permitido, a pesar del centralismo, que cada región haga lo que se le viene en gana con los recursos.

Por esto, Duque es el candidato ideal no del uribismo sino de Uribe, de una línea blanda, con buen concepto incluso entre sus opositores, con conocimiento en algunos temas de relevancia del país, con fidelidad absoluta (mientras no sea presidente) a su #elquedigauribe. Es la cortina de humo que el ajedrecista del Ubérrimo pondrá en el tablero, para distraer a la opinión y a sus correligionarios mientras se apodera de las grandes regiones en las elecciones de marzo.

Espero equivocarme….

@rubio-miguel