SIMON BLAIRUna vez le leí a un tuitero una frase que me pareció genial, era algo así: “Queridos intelectuales, pongan atención y no caigan plácidos y adormilados en su nicho, porque la intelectualidad no controlada, también es una tumba”.           

   

Por: Simón Blair

En una de mis pasadas columnas, que hice pasar bajo el utópico o idealista título de El cine es mejor que la vida, conté, de una manera más bien resumida, la relación que tuve en mi infancia con el cine y mi padre.  Las formas que se fueron tejiendo en torno a ese espectro audiovisual que hace la vida un poco más llevadera, más sostenible y entretenida. O a veces, como la literatura, nos termina jodiendo con cierto grado de masoquismo. Pero ese no es el punto que quiero tomar. Recuerdo que en aquel artículo guardaba una visión pesimista sobre el futuro de un cine que no se construye en la ciudad y que no  genera espacios para el diálogo y la reflexión.  Comprendo ahora que todo el cine, por asqueroso que sea, es arte. Llamar “cine arte” a un conjunto de películas fracasadas, que no alcanzaron ciertos criterios en ventas nacionales o internacionales, me parece más una cuestión de puro azar, quizá de tiempo y lugar.

Tal vez ahora podemos discernir sobre qué queremos ver. Es lo más simple del mundo; una cuestión de gustos o una cuestión de cambio de costumbres… pero ya podemos elegir sin restricciones. Decía, entonces, que sentía cierta nostalgia por las salas de cine (esfumadas hace mucho tiempo) que sólo vivían para el cine y no para comercializar productos o bobadas de ese calibre. Hablaba de ese inevitable desplazamiento del cine independiente hacia grandes centros comerciales de consumo de todo menos de cine.

Pero en la ciudad de Pereira, que es pequeña en comparación con otras ciudades, se ha venido trabajando en proyectos verdaderamente interesantes y que profesan por el esparcimiento del cine a precios bajos y tienen preferencias por los estudiantes. No creo que estos centros tengan la intención de difundir un tipo especial de cine, porque, como pienso, el Séptimo Arte no puede segregarse más que en géneros como la comedia, el drama o el horror. He escuchado a muchas personas mirar con irritación a lo que denominan “cine comercial”, cuando todo el cine, como todas las artes y sus creadores no esperan otra cosa que ser retribuidos por su esforzado trabajo. Exceptuando -es claro- a los directores budistas, que existen, sí, pero en otros planetas.

Sin embargo, vale la pena analizar por qué razón el cine que fracasa en taquilla, es siempre el mejor, o el que al menos tiene algo que contarnos. ¿Qué tienen estos títulos para que fracasen? ¿Pertenecen a una clase de intelectualidad incomprensible para las personas que vivimos en la completa mundanidad? Puede ser. Pues si a mí por primera vez me dicen: ¿qué quiere ver El Decamerón o Catch me if you want? No cabe duda de qué escogería, pero ¡gracias vida! porque mis gustos son otros y hoy, sin ningún tipo de arrogancia, puedo decir que no hay ni siquiera margen para comparar a Spielberg con Antonioni.

Algunas  personas, que creería que son la mayoría, buscan el cine como una forma de entretenimiento y disfrute de fin de semana, y otras solo buscan informarse, lograr una mirada crítica a la sociedad actual que estamos construyendo.

¡Qué aburridísimo si el cine solo fuera para construir seres humanos críticos y conscientes! A mí, que no me gustan los extremos, diría que un cine casi que perfecto sería aquel que, cuando nos entretiene, nos enseña alguna cosa.

Haciendo un recuento por las principales muestras de cine en Pereira, encontramos: Comfamiliar Risaralda, Teatro Cámara de Comercio, el cine-club del Colombo Americano,  Cineclub Jacques Tati de la Alianza Francesa, Cineclub Hernando Salcedo y Cine Club Borges (que lastimosamente se encuentra en el Museo de Arte Moderno y  está muy lejano del Centro de la ciudad) y la cantidad de cineclubes que realizan –la mayoría de las veces jóvenes– por todos los rincones de Pereira.

Pero no es suficiente, no lo es, y si no se hacen esfuerzos para mejorar esto, posiblemente nunca podremos esperar buenos resultados en términos de asistencia a este tipo de salas. Y una gran falla es, como ya lo dije, lo distanciados que se encuentran de los centros dinámicos de la ciudad (¡a quién se le ocurre poner un Museo en la Quinta Porra!)  y la solapada arrogancia de promotores, trabajadores y asistentes a este cine cultural.

En esta columna tan desbarata, lo que quiero exponer son dos puntos de vistas: 1) En Pereira sí hay gente promoviendo el buen cine y 2) las películas no pueden ser clasificadas en ambientes caprichosos de arrogancia intelectual, porque lo que hacen es terminar segregando y dividiendo a la gran masa que podría también comenzar a amar el cine con contenido y reflexión.

Una vez le leí a un tuitero una frase que me pareció genial, era algo así: “Queridos intelectuales, pongan atención y no caigan plácidos y adormilados en su nicho, porque la intelectualidad no controlada, también es una tumba”.

¡Y que nuestra tumba sea el cine!… no, mentiras, solo un rinconcito del ataúd.