¿Dónde está la indignación por el mal manejo que hacen nuestros líderes de los recursos naturales..? Es desalentador ver como la rabia de las personas, en general, termina por durar lo que dura el amor de una prostituta por su cliente, tema de una noche o de unas pocas horas.

 

Por: Christian Camilo Galeano Benjumea

Al leer la investigación de Juana Afanador Poderes fácticos y megaobras de infraestructura. El caso Hidroituango (ver), no es posible evitar la impotencia, la indignación y una especie de malestar colectivo. Confirmar con su lectura que los proyectos importantes para el país se hacen de manera acelerada, a las patadas, poniendo en riesgo a las comunidades y al medio ambiente, no es muy alentador; en realidad ofende.

Saber que los intereses económicos y políticos de pequeños grupos de poder están por encima de la mayoría de colombianos es una verdad de Perogrullo. Sin embargo, enterarse de la forma como actúan revela el cinismo de muchos dirigentes al tratar de quedar bien con todo el mundo y desconocer la responsabilidad de sus acciones.

Como es el caso de Sergio Fajardo, que durante el final de su gobernación firmó los contratos que aceleraron las obras que estaban sufriendo retrasos. Decisión que ignoró las dificultades geológicas que se venían presentando en el terreno donde se adelantaban las obras, tal como lo expresa un informe de la Contraloría.

Es evidente que las decisiones tomadas por las instituciones (EPM, gobernación Antioquia y alcaldía de Medellín) buscaron darles prioridad a los intereses económicos del proyecto, antes que a las consecuencias sociales o ambientales.

Por una parte, el daño ambiental con el cierre de las compuertas de la represa, fue solo la estocada final de un proceso lento y salvaje sobre el río Cauca. En primer lugar, desviar el curso original del río –decisión que fue tomada durante la marcha del proyecto– altera su vida útil y pone en riesgo la biodiversidad (peces, aves, especies endémicas) que se da al alrededor del cauce. En el mejor de los casos, la cuenca del río tardará en recuperarse unos 50 años.

¿Acaso los colombianos no dimensionamos la importancia de una fuente hídrica como lo es Cauca?, ¿dónde está la indignación sobre el mal manejo que hacen nuestros líderes frente a los recursos naturales..? Es desalentador ver como la rabia de las personas en general, termina por durar lo que dura el amor de una prostituta por su cliente, tema de una noche o de unas pocas horas.

El peligro, sin dudas, son los efectos medioambientales que perdurarán de manera silenciosa sobre el río Cauca. Los diferentes ecosistemas que se dan alrededor han sufrido un daño, al parecer, irreparable. Ni la Virgen que está en la represa, vigilando atenta las obras en Hidroituango, podrá ayudar a los ingenieros que buscan solucionar los daños producidos por el afán de dinero, mucho menos al río Cauca herido de gravedad.

Un aspecto que también llama la atención de la investigación de Juana Afanador es el maltrato que recibieron las comunidades que se vieron afectados por el proyecto. Las diferentes instituciones (por ir a toda prisa y obtener ganancias) ignoraron el contexto social en el cual se construyó la represa. Comunidades indígenas, campesinos, pescadores y barequeros vieron de un momento a otro como eran desalojados por el Esmad y desplazados por el desarrollo.

Como si esto fuera poco, esta región del bajo Cauca antioqueño ha esto marcada por el conflicto armado. Solo basta recordar la masacre del corregimiento del Aro en 1997 y las 62 masacres más cometidas por los paramilitares, las cuales ofrecen un dato aproximado de 600 víctimas, un poco más un poco menos. Ante este cuadro macabro de progreso y sangre, muchas organizaciones alzaron la voz para solicitar la búsqueda de los cadáveres en que aún están en fosas comunes.

Ante los llamados de la comunidad, los líderes del proyecto inundaron el embalse y ahogaron las esperanzas de muchas personas por recuperar los cadáveres de sus familiares. Lo que importa es la generación de energía y las ganancias, no los restos acabados de personas que fueron asesinadas hace ya tantos años, deben estar pensando los burócratas de turno.

En esa misma lógica, las objeciones, las dudas, los temores de las comunidades rivereñas fueron resueltos al mejor estilo de la política colombiana, a saber, ignorándolas y enviando al Esmad para aclarar las dudas que hubieran quedado de los desplantes.

Como era de esperarse, las comunidades organizaron actos de protesta que permitieran entablar mesas de conversación; no obstante, apareció una solución muy colombiana: estigmatizar a los campesinos y tratarlos como guerrilleros para evadir el diálogo.

Algo queda claro, las instituciones del país en lo último que piensan es en las personas y en las comunidades. Es preocupante que un proyecto de esta envergadura cometiera tantos errores motivados por el ansia de dinero, ignorando la diversidad cultural, social y ambiental que se da alrededor del río Cauca.

Queda una lección por aprender, la necesidad de acompañar a las comunidades que van a ser parte de estos proyectos, para que prime el interés general y no sólo los intereses particulares. Para esto es importante el trabajo desde diferentes estamentos; la academia y la sociedad civil debemos debatir, vigilar y analizar las acciones de los políticos. La tarea que queda pendiente es enorme, un gran reto para la sociedad colombiana; ojalá estemos a la altura de esta necesidad.

¿Dónde queda el río Cauca? Los ríos símbolos del paso del tiempo y el olvido han sido utilizados por el ser humano desde hace mucho para su beneficio. No obstante, el Cauca ha tenido que llevar sobre sus aguas, además de las basuras de las grandes ciudades, los cadáveres de un conflicto que parece no acabar y ahora, como si fuera poco, pasa a ser víctima del progreso irracional.

Quedamos a la espera de que la sensatez llegue por fin a nuestra sociedad y pueda intentar reparar los daños sobre un río que hemos convertido en símbolo de la muerte. Es preciso actuar sobre las aguas de este gigante silencioso para darle un nuevo sentido al Cauca, antes que sea tarde. Y, por fin, veamos al majestuoso Cauca como un símbolo de la vida.

ccgaleano@utp.edu.co