A sus 93 años, Shimon Peres atesora una vasta experiencia política adobada por la sabiduría y la sensatez de los años, razón suficiente para tener en cuenta la opinión de un hombre que conoce temas sobre los que usted y yo especulamos. Hace pocos días el medio argentino Infobae publicó una entrevista hecha a Peres.

 

JUAN ALEJANDRO ECHEVERRIPor: Juan Alejandro Echeverri

“Es un político que lo ha sido todo”, afirma El País de España. Y es cierto: Presidente de Israel, Ministro —de Transportes y Telecomunicaciones, Relaciones Exteriores, Defensa, Economía, Absorción e Inmigración—, Presidente del Partido Laborista, Director de las Fuerzas Navales, jefe del Ejecutivo, Presidente de la oposición en el Parlamento, además, Premio Nobel de Paz en 1994 (“por sus esfuerzos para alcanzar la paz en Oriente Próximo” luego de negociar con los palestinos la retirada israelí de Gaza y de algunas áreas de Judea y Samaria).

A sus 93 años, Shimon Peres atesora una vasta experiencia política adobada por la sabiduría y la sensatez de los años, razón suficiente para tener en cuenta la opinión de un hombre que conoce temas sobre los que usted y yo especulamos. Hace pocos días el medio argentino Infobae publicó una entrevista hecha a Peres. El ex mandatario, que cualquier mortal imaginaría con pie y medio en el ataúd, mira la vida como la miraría un inexperto adolescente: como si la única forma de batallar contra la naturaleza de la vida fuera poner los ojos del corazón y los juicios de la razón en el futuro.

De todas sus eruditas reflexiones me quedó con esa en la que él dice: “Hay algo único en la historia judía; a los judíos no les gustaron los reyes, les gustaron los profetas, porque éstos se orientaron en el futuro. ¿Y por qué? Porque el futuro sí se puede cambiar, el pasado no. Por eso, si quieres ser un innovador y si quieres mejorar el mundo, deja el pasado y concéntrate en el futuro. Dedícate a soñar, proyectar, crear y comienza y recomienza una y otra vez”.

No es común la conjugación del presente y el futuro de forma tan evidente: hoy es mañana, mañana es hoy. Tienen que pasar muchos años para abrir esa puerta que en su estado natural se encuentra cerrada. Hay dos alternativas para Colombia, entrar por la puerta o ver cómo ella misma se cierra. Por supuesto que me refiero a la paz, o lo que es lo mismo, a consumar el conflicto armado. (Porque la existencia de ideologías políticas, o de cualquier otro tipo, garantiza el conflicto de intereses, odios, egos, y todas esas facetas primitivas del ser humano. La diferencia entre el conflicto armado y el conflicto ideológico es que el primero no acaba ni contando muertos a granel, mientras que para el segundo solo basta aceptar la diferencia).

Supongamos que, como debería ser, Colombia decide entrar por la puerta. Eso querrá decir que conocemos la historia, pero tenemos la firme intención de reescribirla para evitar que otros la escriban por nosotros; y para evitar que unos pocos pongan puntos suspensivos en lo que ya está escrito.

Imaginemos que ya no estamos encadenados a vivir el pasado en el presente. Que entendimos que eso llamado paz no es un animal, ni un color, ni una firma, ni un apretón de manos, ni un partido político, ni una palabra, ni un Presidente, ni un guerrillero;  pero sí es un nuevo proyecto de país, el más ambicioso de nuestra historia; un reto que pone a prueba nuestra capacidad de hacer realidad los sueños; la oportunidad de comprobar si estamos preparados para ir a la cama sin escuchar la palabra “muerto”, “asesinado”, “abatido”; el momento para entrar en la puerta por la sencilla razón de que “el destino soy yo —somos nosotros—: yo me lo hago —nosotros nos lo hacemos—“.

Hay tantos caminos como formas de caminar. Yo recomiendo que en nuestra búsqueda de la paz, vayamos de la mano de un hombre que posee una riqueza difícil de cuantificar, que parece más un abuelo que un expresidente, y que solo tiene el interés de gobernar los últimos años previos a su muerte. Ese hombre aconseja: “Deja el pasado y concéntrate en el futuro. Dedícate a soñar, proyectar, crear y comienza y recomienza una y otra vez”.