Caso contrario, como ocurre muy pocas veces, que alguien llega con talento, formación y fuerza a desarrollar su labor y saca adelante las iniciativas en bien de lo público.

 

Por: Juan Carlos Zamora

A pocos meses de las elecciones locales y seccionales cada vez son más las reuniones en tinteaderos, mentideros políticos, cafeterías, pasillos y demás establecimientos públicos en los cuales se reúnen a hablar del panorama de los próximos comicios, pero más allá de lo apasionante que es eso, lo que inquieta es que la incertidumbre no es sobre el futuro de la región, sino el famoso: y “Cómo Voy Yo ahí”.

Y es que eso se volvió una prioridad en una nación altamente politiquera, clientelista, rosquera, individualista, en la cual el mérito no es el fuerte y donde la recomendación es fundamental para acceder a un cargo. Participar en una u otra campaña para tener coloca es un “modus operandi” para sobrevivir.

En estos microconcilios informales la gente poco se habla de proyectos de alto impacto, de política pública, más bien se dedican a preocuparse en dónde se pueden acomodar para asegurar el contrato para sí mismos, para un familiar o para un cercano, sin importarle el verdadero futuro de su ciudad, municipio o departamento.

Acá lo importante es que prevalezca el interés particular, sin importar que el candidato esté investigado por los entes de control, o por la justicia, o que se sepa que su fortuna la ha consolidado a punta de pedir un porcentaje de los pagos mensuales para los miembros de su “roscograma”, o de los proyectos que gestiona, por ejemplo.

O que esté inmerso en casos flagrantes de corrupción, porque, al fin y al cabo, lo importante es salvar el año, pagar las cuentas, la vivienda, el carro y la beca. Mientras tanto las regiones siguen en el retraso. Lo importante es sobrevivir.

Otros piensan: comamos callados que mientras a usted no lo toquen, pues qué importa. La política es así y no hay nada qué hacer.

De la misma manera, los participantes del “roscograma”, no todos, pero sí algunos o muchos, como no están en los cargos por méritos, pues se convierten en servidores públicos de poca monta que van a calentar puesto, a hacer más paquidérmico al Estado y con una de sus premisas de “eso no me corresponde a mí, diríjase a otra dependencia”. Y así siguen alimentando la desidia.

Caso contrario, como ocurre muy pocas veces, que alguien llega con talento, formación y fuerza a desarrollar su labor y saca adelante las iniciativas en bien de lo público. Eso si no se topa con algunos que lo opacan y le prenden la mediocridad. O peor aún, lo sacan del juego, porque les resulta alguien muy sapo o lambón. Todo por ser efectivo en su gestión.

La invitación es que, claro, la gente debe salvar su pellejo, porque hay que comer, pero es mejor hacerlo responsablemente y con ética. Pensando en que desde las pequeñas causas se pueden cambiar los procesos y mejorar a las regiones.