Llega un día en que uno se vuelve “de los grandes”, que tiene que saber dónde deja las llaves y que tiene que pagar cuentas de las propias y de las ajenas. Por supuesto, uno quisiera decir: tapo, remacho y que sigan jugando los otros.

 

Por: Andrés Calle Noreña

Los que no tenemos niños nos podemos dar ciertas licencias. Sí, es cierto lo que dice mi Mamá: no hay nada más fácil que criar los hijos del vecino. Con mucho respeto, pero también que dejen de dar lora los padres y los pedagogos.

Pero para qué lo asustan a uno con el coco, el chucho, el diablo, bastaría que le dijeran a uno, de chiquito, “ya te veré huérfano”; en esta vida vas haciendo un curso para huérfano y desamparado. Como si nada, como si aquí nadie hubiera quebrado un pocillo. Vas a ver cómo va ser la vida sin nosotros.
Hay que ser sinceros, en este país puede haber algunas orfandades que liberan y ni qué decir de ciertas viudeces.
De pronto, así, seríamos más realistas. O si fuera gente más de ciudad, modernos, que le adelantaran, mejor que hagas ahorros para pagarte el psicoanálisis por tu cuenta. Tu papá y tu mamá no te van a durar toda la vida. Si piensas conseguir una pareja que se parezca a alguno de los dos, que los reemplace, ya verás la encartada que te das. Tendríamos que tener un tratamiento de terapia de choque, así, en medio de un paseo, de una rica cena, en el cumpleaños, que les dijeran a los críos ciertas verdades.
Que no los embolaten y que les afirmen que van a crecer y la vida fácil no existe. Claro, para unos es mejor que para otros, a la manera de Mafalda. Que el Niño Dios no prefiere a unos niños, mientras que a otros los descuida. Que en realidad el tal Niño Dios son  los padres y sus circunstancias. ¡Pensar uno que en Buenaventura hay un Colegio que se llama Niños Jesús adolescente!

Aprenda “mi amor” que la vida es una mesa coja, puesta sobre un piso disparejo, resbaloso, empantanado. Abra los ojos y mejor que lo sepa más temprano. Tampoco es para que se amargue y para que se le vuelva la vida una carrera de remos en contra de la corriente.

Siempre va a haber personas a las que les toca sufrir más que a usted y que pueden ser generosas y reconciliadas con todos y con todo. Usted verá si se dedica a repartir malquerencias o a compartir beneficios.

Que el sexo tira, pero también aburre; que de todo lo que uno ama, desea y espera, sólo le tocan parcelas, pedacitos y eso por raticos. Que en la nómina donde usted trabaje, y eso que mi Dios lo bendiga con una coloca, usted siempre va a estar acompañado de 16, 11, que son unas pascuas, unos ciudadanos cabales, pero que en el inventario siempre hay un sirirí, algún otro que no se lo aguanta y que usted se lo ganó en una rifa. Aprenda a convivir con los unos y con los otros.

El Papa lo explicó clarito: hay unos a los que uno quiere, otros que lo quieren a uno, otros a los que uno no quiere, y los del fondo que no nos quieren ni poquito. Bueno, Francisco agregaba que hay que rezar por todos, eso usted ya lo verá. O como dice un amigo, que le enseñaron en la casa: “paciencia y maldiga pasito”.

Llega un día en que uno se vuelve “de los grandes”, que tiene que saber dónde deja las llaves y que tiene que pagar cuentas de las propias y de las ajenas. Por supuesto, uno quisiera decir: tapo, remacho y que sigan jugando los otros. O levantar los hombros y, al mirarse al espejo, refunfuñar, qué importa. Pues no, la vida no es pan de trigo ni a boquita que querés. Respire y sepa que, como dice Dom Casaldáliga, “de lejos toda montaña es azul, de cerca, toda persona es humana”.

Qué cuentos de que lea: u, de uña; o, de ojo, y eme, de mamá. Es: e, de escepticismo; te, de tragedia y ce, de contingencia. Y no haga pucheros.

Sea agradecido, despídase, responda: “sí señor” y “no señor”, que así se ve más bonito.