El español, ¿un idioma de acomplejados?

MIGUEL ÁNGEL RUBIO OSPINA“El  español es una lengua magnífica, en el sentido  de que es la que deja el máximo de libertad al escritor, sin que sus atrevimientos aparezcan como incorrecciones. Uno inventa una palabra  en francés, por ejemplo y resulta chocante, extraña, ridícula. Uno puede inventar palabras en español  y todo el mundo las comprende aunque no estén en los diccionarios”.  Alejo Carpentier.

 Por: Miguel Ángel Rubio

 En los últimos años, la Real Academia de la Lengua Española ha venido aprobando unos adefesios  idiomáticos que desdicen mucho de su principio fundacional: “limpia, fija y da esplendor”. Eso, parece, ha quedado para los tiempos de la gramática de Nebrija, Rufino José Cuervo y Andrés Bello.

Con o sin  la venia de muchos colegas periodistas, entre ellos mi querido amigo Iván Yandy, manifestaré mi diatriba que lleva meses buscando el papayazo para hacer la catarsis correspondiente. ¿De dónde viene ese ridículo complejo tercermundista de manosear y prostituir el castellano con anglicismos de toda índole en casi todos los campos del conocimiento?

El merchandising del coaching, del  picking, del packing… he aquí un esperpento idiomático de los que aquellos esnobistas (anglicismo castellanizado) utilizan cada día en nuestro idioma, como si no existiera su equivalente en castellano. Y si ya van a salir los posmodernistas cantinflescos a decirme retrógrado, chovinista, nacionalista, más un largo etcétera. Y toda clase de argumentos con los que no pueden defender su manía anglohispanística, y a los que solo les queda recurrir al insulto, el ataque y la ridiculez.

No soy anti yanqui, ni más faltaba, y mucho menos en términos idiomáticos. Las mejores horas de literatura y lectura, las he pasado al lado de Faulkner, Hemingway, Shakespeare, Shaw, Becket, Conrad, etc., solo por dar una panorámica del portento literario que para el mundo ha legado esta maravillosa lengua.

En la música me declaro seguidor de muchas bandas de Rock anglo, el verdadero, con el que aprendieron los grandes roqueros argentinos (a propósito, otro anglicismo castellanizado) y de canciones, cantantes y géneros que acompañan muchas noches de bohemia y desenfreno, pero ante todo soy amante del castellano, de su infinita posibilidad y su laberíntica complejidad.

El español o castellano, como me gusta llamarle, me evoca sus orígenes y su quijotesco sino, da para todo; ha sabido adaptarse a las corrientes de pensamiento moderno y posmoderno, ha sabido ser lengua de profundas connotaciones políticas y fervores religiosos; en su momento, el castellano fue el arma más poderosa contra la invasión mora en la edad media, y ha sido una lengua imperial y también desastrada, pero ante todo, ha sido una lengua que entre todos los intersticios que la historia ha planteado se ha sabido sobreponer a la desaparición.

Lenguas primas como el italiano, el portugués, el provenzal, tienden a desaparecer, el francés se mantiene por estatus y su ámbito intelectualista, y el inglés, que no es de ni de lejos una lengua familiar, se sostiene por imposición política, militar, económica y cultural.

En esto último, consiste el problema.

La dominación norteamericana, en términos culturales, sobre Latinoamérica, es una lucha de todos los días. Incluso países que se dicen socialistas, dolarizan sus economías, son sedes de eventos netamente estadounidenses y dependen en gran parte del padrinazgo benefactor del tío Sam.

¿Cómo, entonces, evitar que asuntos de la identidad idiomática se filtren y creen una cultura acomplejada desde el punto de vista de su habla, de su escritura y de su comunicación?

¿Es el español una lengua de sociedades acomplejadas? ¿No es gratuito que hoy el español pertenezca al mundo social, con el que todo el mundo quiere negociar?  China, el pacífico asiático, Europa, pusieron sus ojos en lo que alguna vez fue suyo (y lo sigue siendo) Estados Unidos,  tantos países que vienen a Colombia, a América hispánica y quieren vendernos sus productos. Sin embargo, la lógica que manejamos los latinoamericanos hispanoparlantes es la de aprender inglés, la de entenderlo como una obligación, no como una opción. Son ellos los que deberían estar implementando programas de aprendizaje del español.

Aprender una lengua abre horizontes y premia a la vida con la posibilidad de poder conversar con personas de otras creencias y modelos de vida. El bilingüismo es una ventaja en muchos aspectos. Borges, quizá el más grande poeta y escritor latinoamericano lo fue, y sin embargo, navegante en los mares de Shakespeare, John Milton, y tantos poetas ingleses que dominó a profundidad, nunca fue más argentino que cuando escribió y cuando dio plenitud a la lengua española.

El asunto hoy no se trata de entender mis palabras como una invitación a desechar el inglés del currículo educativo. Todo lo contrario, se trata de que cada día se aprenda mejor, se refine su enseñanza y se tenga claro, siempre claro, que se aprende con fines meramente prácticos, meramente optativos y que de su buen aprendizaje, dependerá en gran medida insertarnos en una cultura universalista, que no globalizadora, que es otra cosa. Adquirir plena conciencia que es una segunda lengua. En Japón, por ejemplo, los avisos comerciales en inglés tienen otro inmediatamente en japonés; esto no ha hecho de Japón menos país que los Estados Unidos.

Todo esto para referirme a lo que sucedió en días pasados con las medallas de los Juegos Mundiales en Cali. Más allá de haberse equivocado en la escritura de una palabra y generar una confusión en términos idiomáticos, lo que produjo risa y especulaciones divertidas,  pone de plano una cuestión que va más allá de lo meramente anecdótico. Lo de los WORD GAMES, lo que pone en evidencia es el pésimo aprendizaje del inglés en  Colombia, pero sobre todo, pone con más relieve el desconocimiento que de su propia lengua tienen los empresarios, ejecutivos y ciudadanos colombianos acomplejados por no ser hijos del Mayflower.

Nos avergüenza pensar, sentir y vivir en español en Colombia. ¿Es menos rentable un negocio o empresa si en vez de llamarse Rhinos Gym, se llamara Gimnasio Rinocerontes? o ¿en vez de ofrecer estrategias de marketing, pudiera hacer mercadeo? ¿Quién ha demostrado que un negocio con nombre en inglés en Colombia es más rentable, productivo, universalista, plural y con más renombre que uno en castellano? 

La ciencia, la técnica, los lenguajes sofisticados en las áreas más extrañas del conocimiento humanos se pueden escribir en castellano, se permiten debatir, discutir y revitalizar en esta lengua, sin complejos, ni poses de académico casposo, aportando a la identidad de un país, somos lo que hablamos, como lo hablamos y en la lengua que hablamos.

Los currículos educativos han denostado de la enseñanza del español relegando a un plano de obligatoriedad y restándole la importancia que este merece, no lo digo solo como profesor y escritor en lengua española, es que da lástima ver profesionales que no saben ni escribir un proyecto, una carta, un simple memorando, pero que enredan con tres anglicismos mal aprendidos y pronunciados a cualquier incauto.

Quiero cerrar con unas palabras de Sanchez Juliao

Doy mi palabra acerca de que la palabra más hermosa de todas las palabras es la palabra ‘palabra’. Palabra que sí. Entre las muchas cosas que nos pueden salvar a los colombianos, la palabra ocuparía la ‘primera prioridad’. En ella se encarna la esperanza, la esperanza de un país más consciente y orgulloso de sí mismo, con un más elevado sentido de la pertenencia y de la identidad cultural. Me agobia el hecho de que en este país se sea más importante en la medida en que menos de aquí se parezca. Y lo que más a nosotros se nos parece es nuestra propia palabra.