La falta de autoridad de quienes gobiernan. Pues excusados en los derechos de los menores, y en otras leyezuelas demagógicas, la autoridad incompetente no tiene dientes para poder atacar este problema. Pues estas barras bravas, están tipificadas como tribus urbanas y por lo tanto gozan del principio de libertad de expresión, del mismo modo que cualquiera otra de las tribus que vemos deambular en las noches por las calles de Pereira.
“El fútbol es el opio del pueblo”. Anónimo basado en Marx.
Por: Miguel Ángel Rubio
Pereira refleja lo que su equipo de fútbol es: una nómina y una dirección técnicas que le bajan la categoría. Cuando a nómina me refiero, hablo por supuesto de los secretarios, subsecretarios, vicesubsecretarios, funcionarios, infuncionarios y toda clase y ralea de servidores públicos al servicio de la administración de la ciudad.
Y claro, nómina por mala que sea, tiene su técnico, o por lo menos alguien que posa de corbata en los estadios, grita, manotea, lanza madrazos y cree que lo que no hizo en la charla técnica, lo hará mientras el equipo pierde hasta el alma en la cancha.
La ineficiencia administrativa de la ciudad llegó a límites insoportables. Hasta hace unos años, caminar por Pereira era un agradable acto de relajamiento y disfrute, hoy la ciudad es un chiquero, una pocilga de basuras, desperdicios, escombros, una imposibilidad de poder movilizarse, debido a que las mafias del espacio público no permiten la libertad de locomoción. Una ciudad que cambió su vocación industrial, cafetera, por el lavado de divisas (con complicidad, beneplácito, bombos y platillos de quienes la dirigen), por bienes y servicios, una ciudad de centros comerciales vacíos, algo que, supuestamente, demuestra su progreso, su avance.
Del mismo modo que su equipo, mediocre sería un alto calificativo inmerecido (me veo escribiendo sobre un tema que aborrezco, pero la indignación me lleva a la obligación moral de hacerlo). Cuando me enteré de la noticia de su posible liquidación, pensé, sería lo mejor que podría pasarle a la sociedad pereirana. Y uno, ingenuo aun, novato en estas cosas de la política, esperaría la oportunidad de que los mandatarios mostraran aunque fuera alguna vez en la vida, algo de sensatez, de cordura, de que pasaron por una universidad. Y nada, como el Depor, ellos mismos se meten sus propios goles.
En contravía a lo que yo imaginaba, el alcalde, es decir el director técnico de esta ciudad, sale a prometer por medios de comunicación, hacer lo posible para que el Deportivo Pereira siga siendo un patrimonio de los pereiranos. Que podíamos esperar, sino esta clase de demagogia populachera. El alcalde anterior, más conocido como El Negro, hizo poner en la fachada de la Alcaldía una camiseta gigante del deportivo Pereira, mostrando su mal gusto no solo futbolístico sino ornamental en lo que ya de por si es un edificio feo.
Y además de regalar boletas a los hinchas, poner en su agenda de campaña la promesa de llevar a ser campeón al Pereira, como si ese tema fuera del resorte del Alcalde.
Ahora, entremos en materia de lo que da título a esta columna, dejemos de lado tanta digresión.
En días pasados, el Megabús (otro de los goles que nos ha metido El Soto corruptus club) fue producto de las fechorías de los que se dicen hinchas del Deportivo Pereira. Estos bandiduelos mostraron su poder de intimidación al lograr que el conductor de un articulado cediera a sus pretensiones y accediera a parar donde a estos se les antojó, so pena de que si no lo hacía, las provocaciones al interior del bus, en el cual iban hinchas del Pereira y del América, pasarían a mayores. En el video, mostrado en el diario La Tarde, se identifican claramente grupos de jóvenes con camisetas del Deportivo Pereira, ordenándole al conductor “¡¡no puede parar!!” Al menos, es lo que alcanza a escucharse, entre la vocinglería del articulado, desde una voz ya ronca de gritar y supuestamente cantar (ver video)
Cada fecha en que el Deportivo Pereira juega de local en el Hernán Ramírez, uno camina, atento a no encontrarse de frente con las hordas frenéticas de los neas con camisetas del Pereira, que lo acorralan a uno en las calles de la ciudad, con el objetivo de despojarle, por no decir atracar, de dinero para la boleta. En realidad, Pereira se ha convertido en un imperio de los neas, en un factor de violencia desmesurada, alcahueteada por las laxitudes que la ley colombiana tiene para con los menores de edad, quienes son los que desafortunadamente conforman estas agrupaciones.
¿Qué es, entonces, lo que permite que este fenómeno sea cada vez más problemático, no solo en Pereira sino en casi todas las ciudades donde hay fecha futbolera? ¿Por qué el Estado, no actúa al respecto, no con medidas cautelares ni preventivas, sino definitivas? ¿Qué tanto tienen que ver en esta especie de mal entendida tolerancia, los dirigentes de los equipos, los gobiernos de turno, la sociedad civil?
Lo primero. La falta de autoridad de quienes gobiernan. Pues excusados en los derechos de los menores, y en otras leyezuelas demagógicas, la autoridad incompetente no tiene dientes para poder atacar este problema. Pues estas barras bravas, están tipificadas como tribus urbanas y por lo tanto gozan del principio de libertad de expresión, del mismo modo que cualquiera otra de las tribus que vemos deambular en las noches por las calles de Pereira.
El hooliganismo, fenómeno desde el cual podría desenmarañarse este nudo gordiano de la inseguridad futbolera en Pereira, puede, sino explicar, por lo menos si dar razón de un fenómeno que en Latinoamérica y en Colombia es el dolor de cabeza cada domingo.
Buses atestados de muchachos, con casacas de sus equipos, son atacados por otros muchachos con casacas de sus equipos en las carreteras y calles de las ciudades, con piedras, con armas cortopunzantes, etc, llegando incluso al extremo de quemar sus buses, como si esta clase de delirium tremens, fuera a darle la victoria a un equipo, que como en el caso del deportivo Pereira, lo que lo hace interesante es su asombroso invicto de derrotas consecutivas en un rentado mediocre como el colombiano.
El estado no actúa, por supuesto, por que pierden votos los candidatos. Prometer al pueblo que su equipo será campeón, regalar boletas y salir como mandatario a mostrar sus “afectos” a un equipo de fútbol, es quizá la estrategia de campaña más audaz que los mandatarios pereiranos han encontrado en los últimos años (Santos prometió llevar a Colombia al mundial), ante la carencia de un proyecto político serio y dada su cuestionable capacidad intelectual o, más que eso, su muy dudosa preparación académica, irse por la fácil les asegura a ellos cuatro años de robo estatal.
A los dirigentes de los equipos les importa un soberano C… si los muchachos se matan entre ellos en el estadio o en las afueras, o en el estadio y en las afueras, desde que estos mismos les aseguren el aforo, lo demás no es de su incumbencia.
Y la sociedad civil, alcahueta mayor de todos nuestros males (y me perdonarán lo misántropo de los últimos días), la misma que condena los desmanes de los estudiantes cuando protestan y piden bota militar y autoridad cuando estos marchan en defensa de lo que consideran su causa, ante las barras bravas callan, se hacen los desentendidos y muchos las apoyan solo porque son del “pereirita”. Incluso, en las calles, un domingo de fútbol los hinchas odian en secreto a otros equipos porque sí. La sociedad civil lo único que posee es su doble moral.
Y como esto ya va pa largo, y me imagino que más aburridor que un partido del Depor, para cerrar quiero decir lo siguiente. No puedo tolerar lo intolerante, y a los intolerantes, del mismo modo que un cristiano o católico fanático siente que mi ateísmo le ofende, y me pide respeto, cuando estoy en mi derecho de opinar, del mismo modo que el fanatismo futbolero, que elige concejales y dirigentes políticos, pues Holocausto Norte ha elegido un concejal en Manizales y las barras del Lobo Sur tuvieron aspirantes a las comunas y ¡oh coincidencia!, Sebastián Gómez Gonzales, concejal de Manizales Barrista de H. N., fue elegido por primera vez con el aval del Nuevo Partido, y por segunda por el partido de la U; el mismo de Juan Manuel Llano, Israel Londoño, Enrique Vasquez, Soto, el mismo de AUV, el partido de la infamia nacional. Digo que del mismo modo, estoy en mi derecho de exigir seguridad en mi ciudad, de exigir respeto por la diferencia de pensamiento, de exigir una ciudad en la que podamos movernos libremente por sus calles sin ventas que estorben el espacio público y sin buses emboscados por bandidos sin destino que hacen de las suyas, mientras la policía celebra en el Victoria, el mismo sitio donde las barras del América se reúnen en las noches, ¡oh coincidencia!, la entrega de cientos de motos verde fucsia, y mientras que un alcalde que no existe, acaba con esta ciudad como el peor de los neas del Pereira.
TIRANDO PIEDRA: Álvaro Uribe Vélez, candidato al senado por el puro cuento democrático. Eso me parece muy bien, que se mida el aceite, y que se dé cuenta que este país, a pesar de él, tiene gente digna y buena como nuestros campesinos que ya no le comen cuento. Esperemos hasta el momento de las urnas y veremos si sigue siendo el gran elector que Caracol TV piensa que es.


