CARLOS VICTORIASegún José Escobar, presidente de la Asociación de Pescadores de La Virginia, cuando el río Risaralda sube de nivel por efecto de las lluvias en la parte alta de la cuenca, sus aguas remueven el químico que ha quedado adherido en ambas márgenes, precipitando irreversiblemente sus efectos tóxicos sobre los peces.

 

Por: Carlos Victoria

Los pocos pescadores que aún quedan en pie de La Virginia están muriendo –literalmente– de hambre. El Estado los abandonó a su suerte, tras el derrame de un químico que contaminó el rio Risaralda, el 12 de febrero de este año, poniendo en riesgo la vida de los habitantes de varios municipios ribereños. Se trata del acrilato de butilo, el cual es utilizado en la fabricación de fibras sintéticas, telas, cuero, adhesivos y pinturas.

Según la literatura disponible en la web, el acrilato de butilo aunque se afirma que no es genotoxico en células de mamíferos, los es “a niveles elevados que provocan la toxicidad maternal”. Como lo experimentaron los ribereños este químico es “irritante para la piel, los ojos y el tracto respiratorio”. Según otra fuente “la sustancia puede ser tóxica para los riñones, los pulmones, el hígado, el tracto respiratorio superior, piel y ojos”.

El acrilato de butilo figura en la lista de las sustancias altamente peligrosas para la salud por el Derecho a Saber. Ha sido citado por varios organismos, entre ellos la EPA de  los Estados Unidos. De hecho, el Instituto para la Prevención de la Contaminación del Estado de Nueva York ofrece en su listado de sustancias riesgosas para la salud humana al Parabeno , considerado como el  preservativo más  ampliamente utilizado en la industria, y del cual los más comunes son el metil, etil y butil. Estudios han detectado parabenos en  tumores de mama pero no está claro si  su presencia causa el cáncer”, añade el informe.

De las referencias bibliográficas revisada para la elaboración de este artículo sobre el acrilato de butilo, el cual se clasifica dentro del grupo de los parabenos lo que más llama la atención es su capacidad de provocar la toxicidad reproductiva, asunto que podría -modo de hipótesis- estar bloqueando la reproducción de los peces en el río Risaralda a cuatro meses de haberse provocado el derrame a la quebrada San Lorenzo, uno de sus tributarios.

Según José Escobar, presidente de la Asociación de Pescadores de La Virginia, cuando el río Risaralda sube de nivel por efecto de las lluvias en la parte alta de la cuenca, sus aguas remueven el químico que ha quedado adherido en ambas márgenes, precipitando irreversiblemente sus efectos tóxicos sobre los peces. No olvidemos que una de las propiedades de este preservativo es el de servir de fijador a otras sustancias. Por eso se emplea en la industria de pinturas.

El expediente ambiental de este río tiene varias anotaciones que han sido objeto de la censura impuesta hasta en los claustros académicos por uno de sus principales depredadores: el Ingenio Risaralda, como lo demostró la investigación del estudiante de la Universidad Católica, Esteban Mejía Díaz, publicado en Tras la Cola de la Rata, y en la cual se ratifica que la responsabilidad del Estado se diluye en medio de la “responsabilidad social” de los conglomerados económicos del azúcar.

Sobre la responsabilidad del daño causado ambiental por la empresa importadora de la sustancia Color química S.A., y la transportadora Línea Andina de Carga Ltda. (LIANCAR), la Asociación de pescadores de La Virginia no saben absolutamente nada, a pesar de exigir –al menos– la reparación económica tras haber golpeado distintas puertas oficiales. La única “reparación” que hoy es notoria va por cuenta de la globalización: en lugar de los bocachicos, barbudos y otras especies emblemáticas que abundaban en los ríos Cauca y Risaralda, en los congeladores (foto) de la Asociación ofrecen bocachicos importados. Traídos de Taiwán. Es la peor de todas las  humillaciones que hasta ahora he visto en mi vida.

pescados

Los efectos a largo plazo de este y otros tantos contaminantes vaciados al río Risaralda y por consiguiente al río Cauca están desvaneciendo las culturas ribereñas, en medio de la impunidad y la indolencia estatal. Las cuentas de los pescadores (foto) lo dicen todo. Sin respuestas, sin reparación, sin responsables, no son más que otras tantas víctimas  del progreso, el mismo que propaga el cáncer por montones, el derrame de desechos a los ecosistemas acuáticos, y el que prodiga mentiras mientras vamos muriendo lentamente envenenados por las locomotoras del desarrollo.

Ante estas realidades nos queda el deber de la indignación ante el daño y la indolencia y, por supuesto,  nuestra solidaridad con los pescadores de La Virginia.

16 de junio de 2013