El síndrome de Yopal

CARLOS VICTORIAEn Yopal  la comunidad no salió a las calles por falta de agua en los grifos, sino por la falta de transparencia y capacidad de gestión  de quienes los gobiernan.

Por: Carlos Victoria

El pasado viernes 22 de marzo se celebró el Día Internacional del Agua y como ya es costumbre la institucionalidad se volcó a presentar balances, prometer soluciones y reiterar las promesas de siempre; la academia hizo lo propio, las ONG también. Pero no fue el agua la  protagonista, sino el fuego. El mismo que prendieron miles de habitantes de la capital del Casanare, cansados e indignados ante la gestión de corrupta e ineficiente de las autoridades locales que han hecho todo lo posible para que los yopaleños no dispongan de agua potable.
 
Otra vez los titulares de prensa se equivocaron. En Yopal  la comunidad no salió a las calles por falta de agua en los grifos, sino por la falta de transparencia y capacidad de gestión  de quienes los gobiernan. Como viene sucediendo en  el resto  del país, los yopaleños despertaron del letargo tras dos años de aguante, cuando una borrasca borró del mapa buena parte del sistema de acueducto. A medida que la ira social iba incendiando el entorno resurgió la condena a gamonales y sus peones: “no volvamos a votar por ellos”, vociferaron, al tiempo que incineraban edificios públicos.
Aquí como en otras poblaciones del país, afectadas por los estragos producidos por el fenómeno de la niña, sus  dirigentes han derrochado los multimillonarios recursos derivados de las regalías del petróleo ($25 mil millones proyectadas para el 2012 en Yopal). Como en el paro cafetero el Vicepresidente Garzón en su papel de apagaincendios lanzó una cándida aseveración a los propios conmilitones del gobierno: “los dirigentes de los partidos políticos le deben una explicación a la población”, como si no supiesen en Bogotá que con los recursos de las regalías se han aceitado las alianzas electoreras de la Unidad Nacional.
El 29 de mayo de 2011, fecha en la cual se produjo la remoción en masa que destruyó la planta de tratamiento el presidente Santos en su visita relámpago a Yopal dijo que “el manejo del riesgo debe ser un tema de aprendizaje para todos los mandatarios locales, en el cual la Alcaldía de la capital casanareña ha dado ejemplo y ha dejado una lección positiva”. La exalcaldesa, Lilian Fernanda Salcedo, sonrió ante las cámaras. Dos años después no tenía donde esconderse para dar la lección ante la ira popular. El actual alcalde tampoco dio pie con bola.
Lo que viene pasando en Yopal fue denunciado recientemente en Buenaventura. En el puerto es más importante suministrarle el agua potable a los barcos que atracan en los puertos privados que a la población, bajo una cuestionada concesión que se otorgó horas antes  de cerrarse la licitación mientras agonizaba el gobierno de Uribe. Preciso: un grupo de empresarios antioqueños se quedó con el negocio a duras penas con la cédula de uno de ellos. El martirio del pueblo bonaverense se transformó en delirio, porque ahora a falta de agua claman por la lluvia para recogerla en canecas. Lo mismo ocurre en el Chocó, La Guajira, Putumayo, etc.
yopal_sin_agua_1348851910El agua en Colombia dejó de ser un derecho humano fundamental, excepto en Bogotá, para convertirse en un negocio como cualquier otro. Es una de las principales mercancías usadas por la clase política para construir sus electorados (ver foto). Al baile del Casanare también entró el Ministro Vargas Lleras: “Debo aclararle a la opinión pública que los gobiernos departamental y municipal manejan unos recursos de 170 mil millones de pesos para invertir en agua y en tres años no han hecho una sola inversión al respecto, lo que es una increíble desidia en este departamento y eso no vamos a tolerarlo más”. Típica retórica autoritaria.
El síndrome de Yopal no es más que el fracaso del Estado en todas sus facetas: desde el central hasta el descentralizado. Es su derrumbe, como decía el profesor Paul Oquist (1978), el mismo Estado Alterado, de García y Revelo (2010). Es el quiebre de unas instituciones carcomidas por su inoperancia, el favoritismo y la irresponsabilidad. Es el resultado de un sistema político cuyo fin es la extracción de rentas para provecho privado. Por eso nadie responde. Desde el presidente pasando por ministros y viceministros, todos, absolutamente todos, le cargan la responsabilidad al de abajo o al del al lado, mientras tanto el pueblo de Yopal muere de sed y de enfermedades hídricas. 
 
Inundados de petróleo pero sin agua. Ni siquiera superficial, porque la extracción del crudo acabó con los ríos, completan el síndrome de lo que puede hacer la mega minería por los colombianos: sed, corrupción y muerte. Estos son los estragos que produce un síndrome de este tipo.
24 de marzo de 2013