El vino de los años

GUSTAVOCOLORADOPor un pelo se escapó de nacer el 28 de diciembre, el día en que los católicos honran la memoria de los Santos Inocentes. No importa, ahora que cumple 70, quiero escanciar el vino de los años por la dosis de belleza que le ha regalado a mi vida y a la de tantos coetáneos.

Por: Gustavo Colorado

Un 27 de diciembre de 1943 nació en el Poble Sec, barriada obrera de Barcelona, un niño a quien bautizaron como Joan Manuel Serrat i Teresa, hijo de Ángeles y de Josep.

España atravesaba la oscura noche del franquismo, alimentada con los mitos forjados por el régimen para mantener adormecida a la muchedumbre. Los juegos entre el Real Madrid y el Barcelona ya eran para entonces una suerte de metáfora de la radical confrontación entre la tenaza de los fascistas y las aspiraciones libertarias de los republicanos.

“En realidad, lo que me empujó a tomar la guitarra y cantar fue la ilusión de que así podría tocar con mayor facilidad el culo a las muchachas”, le dijo una vez al periodista Juan Carlos Pérez Salazar en una entrevista concedida al suplemento cultural del periódico El Mundo de Medellín

Se tituló de perito agrícola, en una especie de decisión premonitoria: en la etapa tardía de su carrera musical se convirtió en propietario de viñedos que cuida, según sus amigos más cercanos, con la misma dosis de rigor y ternura que siempre consagró a la composición de sus canciones.

Aunque se niega al calificativo de poeta – “Solo soy un artesano de la canción”, dijo en una oportunidad- la belleza de cientos de poemas crónicas está allí para refutarlo. No por casualidad miles de melómanos eligieron a Mediterráneo como la canción más bella cantada en lengua castellana. Una ironía, si nos atenemos a su empeño temprano en cantar en catalán. Sus canciones siempre pulsan una cuerda esencial de nosotros mismos. Un himno generacional de la índole de La mujer que yo quiero se ve complementado enseguida por la indignación acumulada en una canción como Disculpe el señor. En el universo serratiano la vida íntima y la política habitan cuartos contiguos.

Son muchos los seres humanos con los que he tendido puentes a través de sus canciones: Juan Carlos, Rigoberto, Julio César, Alberto Verón, Diego Jaramillo, Edison Marulanda, Guillermo Constaín, Germán Gómez, Maurier Valencia, Juan Antonio Ruiz. Y pesar de que la vida, como es su obligación, nos ha puesto a transitar por caminos distintos, cada vez que escucho al poeta catalán experimento un sentimiento de gratitud por la manera en que cada uno de ellos me ha ayudado a estar vivo.

Cuentan los cronistas que muchos argentinos sintieron que la horrible noche de la dictadura había cesado cuando el Nano volvió a cantar en su país. La verdad es que el hombre había hecho méritos para ganarse el odio de tipos tan siniestros como Franco, Pinochet o Videla y eso le costó su buena dosis de exilio. Por un pelo se escapó de nacer el 28 de diciembre, el día en que los católicos honran la memoria de los Santos Inocentes. No importa, ahora que cumple 70, quiero escanciar el vino de los años por la dosis de belleza que le ha regalado a mi vida y a la de tantos coetáneos.