EL VIRUS Y EL VIRREY

En estos tiempos de la posmodernidad, de la posverdad y de la cuarta revolución industrial y tecnológica, aún en Colombia el virus hace presencia.

 

Por / Carlos Mario Marín Ossa

“El patriotismo es la virtud de los sanguinarios”

Óscar Wilde   

Una enfermedad ataca al pueblo colombiano desde los tiempos de la Conquista y la Colonia, cuando estas tierras fueron invadidas y tomadas por vagos, vividores, delincuentes, violadores y frailes; que se impusieron a través de la violencia y de una fe obtusa que negaba de plano cualquier asomo de racionalidad y de ciencia. El objeto era apoderarse de estas latitudes que ofrecían inmensas riquezas para acumular y seres humanos para esclavizar, en la empresa de conseguir sin esfuerzo la fortuna que se le arrancaba a los dueños de los territorios tomados.

El agente infeccioso atacó de forma recurrente todos los espacios de la vida, para reducir los cuerpos, las mentes y las culturas; ha ido mutando a través del tiempo para resistir las defensas de los pueblos en procura de liberarse de tamaño mal y, por el contrario, infectar cada vez más seres incluso dentro de sus víctimas, de tal forma que la materia vital que contiene su poder de destrucción, se envuelva cada vez en mayores capas de protección a los remedios.

El virus se transportó en 1492 a través de los mares del Atlántico por orden de los déspotas que reinaban en la España que aún estaba inmersa en las estructuras de la edad media y el oscurantismo.

Para el 16 de septiembre de 1803, en protección del virus y su reproducción, llegó como agente el Virrey Antonio José Amar y Borbón Arguedas, de la dinastía de los Borbones ibéricos y casado por conveniencia (business are business ) con la integrante de una familia rica que esperaba fortalecer su posición social al emparentarse con alguien de la élite aristocrática.

Aunque se le reconocen desde los libros oficiales de historia una buena ejecución de sus labores militares previas a la designación (por parte de alguien más poderoso) como Virrey de la Nueva Granada, también se reseñan sus escasos o nulos méritos en términos de administración de la cosa pública, del desarrollo de la política y por supuesto del respeto de los derechos humanos (que ya tenían antecedentes en varios lugares del planeta ). Fue a la postre el último Virrey, tanto por su propia ineptitud y decadencia como por aquella que arrastraba el virus peninsular que había infectado a América Latina. Con María Francisca Villanova conformaron la última pareja que encerrada en la burbuja de sus vanidades, no atendieron las necesidades que reclamaba la población y actuando de forma altiva y pusilánime, perdieron el control en manos de grupos criollos. Estos últimos, han seguido propagando el virus y sus mutaciones, pues venían infectados.

En estos tiempos de la posmodernidad, de la posverdad y de la cuarta revolución industrial y tecnológica, aún en Colombia el virus hace presencia. La mutación más violenta y reciente ya cuenta treinta años, dejando como resultado al menos diez leyes que suprimieron las garantías de millones de trabajadores (hombres y mujeres) humildes, otras varias que convirtieron en negocio los derechos de salud y educación, otros efectos letales dieron cuenta del sector agropecuario, de la pequeña y mediana empresa manufacturera y de servicios. Han sucumbido también a la mortal mutación cerca de cinco millones de desplazados y recientemente, alrededor de doscientos muertos en por lo menos cincuenta masacres. El virus también ha atacado y despedazado un proceso de paz. En estas tres décadas, se transportó en camionetas 4 X 4, en avionetas con licencia oficial, a través de las redes sociales y de los reclinatorios de iglesias y sectas llenas de fanáticos.

Por supuesto, el virus ha favorecido con enorme generosidad a todos sus agentes infecciosos.

El actual Virrey, comparte enormes similitudes con aquel Amar y Borbón en todas las esferas de la vida personal, profesional y pública (ver). Inmerso en una burbuja de vanidad, soberbia e indiferencia para con las gentes vulnerables ante el virus, camina el sendero que otrora siguiera el familiar de los reyes españoles.

Dos referencias recogidas en textos, uno de historia del Banco de la República y otro de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, ilustran con pasmosa precisión la realidad del Virus y del Virrey que transitan los estertores del 2020:

“Los virus son como secuestradores. Invaden las células vivas y normales y las usan para multiplicarse y producir otros virus como ellos. Esto puede matar, dañar o mutar las células y enfermarle” (ver).

“Llegaron en 1803, un 16 de septiembre lluvioso, y Santafé los recibió con algarabía, gastando dinerales en agasajos de recepción. Él, con una vejez precoz, más por convicción que por condiciones físicas, padecía de una pronunciada sordera que con seguridad utilizaba a conveniencia. Tenía 60 años cuando fue nombrado virrey, gobernador y capitán general del Nuevo Reino de Granada, el 26 de julio de 1802. A pesar de sus destrezas militares, poca o ninguna experiencia tenía en las cuestiones administrativas. Ella, varios años menor, era hija del acaudalado comerciante don Eugenio de Villanova, natural de Sadaba, de quien había aprendido a amar el dinero y manipular precios y mercancías. No era especialmente bella y nunca logró hacerse querer por sus súbditos del Nuevo Reino” (ver).

Tal vez estamos ante el último Virrey que ha sido puesto para proteger la mutación del virus que nos atormenta desde hace treinta años.

@MarioossaM