SIMON BLAIR (IZQ)Pero aunque estos métodos no son en suma alguna arrogantes -como Chopra llama a todos aquellos que critican sus extraños conceptos-, en otros puntos de la investigación científica sí suelen ser arrogantes en todo sentido.

 

Por: Simón Blair

La arrogancia, en cualquiera de sus formas, es detestable. Incluso entre individuos que tratan de entender el mundo y el universo en general, con todas sus buenas intenciones y benevolencia, la arrogancia se convierte en un obstáculo para estas actividades. Nadie puede compartir y mucho menos recibir conocimientos cuando vive en una esfera totalmente cerrada de la apreciación del mundo.

Muchos tienden a confundir el escepticismo con arrogancia, cuando la ciencia verdaderamente practica el primero: todo aquello que no esté previamente fundado en una base empírica u observable no puede ser considerado a priori como verdad (a lo sumo como intuición). Empero, considero pertinente el análisis de todos los ángulos temáticos que intentan (muchos son los que engañan) entender el mundo en que vivimos. 

Sin duda esto resulta demasiado beneficioso para la ciencia porque es posible debatir argumentativa y empíricamente dichos postulados. Ejemplos importantes son la homeopatía, la criptozoología y muchas otras teorías que con el embate de los nuevos hechos han sido derrocadas. En una primera causa estas propuestas son indirectamente responsables del avance de la ciencia en una pequeña medida (que no es lo mejor), pero el desconocimiento general de ella hace posible una eternización de dichas pseudociencias.  Tanto así que todas las pruebas han demostrado la falsedad de la homeopatía o los engaños perpetrados por la criptozoología (como el hombre disfrazado de Pie grande. Además, la considero innecesaria porque una especie no descubierta no significa que sea un augurio místico de su existencia).

Como decía, a pesar de que estas sean falsas, siguen campantes en nuestra vida diaria hasta el punto que muchos gobiernos, como el español, ahora consideran tratar la homeopatía como medicina legítima, tapando sus vacíos legales. La calificación de ciencia es reservada para esas genuinas manifestaciones que se reclaman portadoras de la verdad con el necesario escepticismo.

Es cierto que el advenimiento de pseudociencias perjudica radicalmente la ciencia, impidiendo un avance más rápido en el tiempo, pero ésta termina ganando siempre, aunque de manera tardía. Lo mismo pasó con la teoría científica de los caracteres adquiridos de Lamarck, la generación espontánea, el origen estrictamente divino de la diversidad de especies en la tierra; hasta que una teoría como la expuesta por Darwin demostró sus falsedades: explica mejor, acertadamente y basada en pruebas. En el mismo sentido las teorías divinas son obsoletas por el surgimiento materialista de la explicación.  Así las teorías erróneas se pueden tomar como un punto de partida hacia la investigación y, posteriormente, demostrar cuán falsas son.

Pero aunque estos métodos no son en suma alguna arrogantes -como Chopra llama a todos aquellos que critican sus extraños conceptos-, en otros puntos de la investigación científica sí suelen ser arrogantes en todo sentido. Hace pocas semanas se descubrió una nueva especie de tapir T. Kabomani  en la selva Amazónica, especialmente reconocible por ser mucho más oscura. El investigador Mario Cozzuol le siguió el rastro durante diez años a esta especie hasta hace poco “desconocida”. Lo cierto es que era ya diferenciada por los nativos de la región y repetidas veces advirtieron a los científicos de su existencia. Pero no prestaron atención hasta que llegaron nuevos investigadores.  Esto es lo que dice The Guardian:

“[Indigenous people] traditionally reported seeing what they called ‘a different kind of anta [tapir in Portuguese].’ However, the scientific community has never paid much attention to the fact, stating that it was always the same Tapirus terrestris”, explains lead author Mario Cozzuol, the paleontologist who first started investigating the new species ten years ago. “They did not give value to local knowledge and thought the locals were wrong. Knowledge of the local community needs to be taken into account and that’s what we did in our study, which culminated in the discovery of a new species to science.”

No hace falta repetir lo que dice el investigador científico, lo bueno es que ha reconocido que algunas posibilidades son viables para el desarrollo de un nuevo conocimiento o el descubrimiento de nuevos hechos. Por esta razón considero que escepticismo, sí. Arrogancia, no.

Aclaraciones: Cuando me refiero a la “investigación científica arrogante” no hablo de la ciencia en sí, sino de algunos de sus practicantes. Lo que quiero decir es que ni el método científico, ni el escepticismo en modo alguno sean arrogantes (en principio son totalmente opuestos), sino que muchas veces se llega a confundir la arrogancia con el escepticismo hasta el punto de que éste último queda sepultado. Lo que sucedió con estos indígenas es ilustrativo: ¿por qué los investigadores no tomaron en cuenta lo que ellos, encarecidamente, dijeron? No se trata de creer, sino de tenerlos -con marcado escepticismo- en cuenta a la hora de comenzar la exploración e investigación. Está bien, los indígenas seguramente están confundiendo las especies, pero ¿por qué no tratamos de averiguar si es infundado o no el alegato?

Estos aspectos son los que confunden a la gente hasta el punto de generar un rechazo general hacia la ciencia que, obviamente, nadie quiere. Y, efectivamente, esto no es un alegato contra la ciencia (que, en principio, es positiva porque busca la verdad) sino contra algunos de sus practicantes. Por supuesto, esto incluye todos los ámbitos académicos.