“Esa no es la respuesta (que queríamos)”


Manuel Ardila (BN)La respuesta es muy simple y nada rimbombante, sí que han tenido respuesta pero no la que desean algunos (y son expresiones que, igual que los hechos, son complejas y diferentes para cada caso).

 

Por: Manuel Ardila

Se pregunta José Gregorio Hernández, en su última columna en la Voz del Derecho, ¿por qué actos tan atroces como la desaparición forzada de 43 estudiantes en Ayotzinapa-México, la última ofensiva Israelí en la franja de Gaza y las múltiples masacres llevadas a cabo por Boko Haram, entre otros lamentables hechos, no han tenido la respuesta que ha tenido la reciente masacre llevada en contra de la revista “Charlie Hebdo” que ha contado con un repudio mundial unánime (ligeramente matizado) y una gran marcha en Paris el pasado domingo, en la que participaron hasta gobernantes de otros países (algunos desconocidos para la mayoría, todo sea dicho)?

La respuesta es muy simple y nada rimbombante, sí que han tenido respuesta pero no la que desean algunos (y son expresiones que, igual que los hechos, son complejas y diferentes para cada caso).

Tomaré como ejemplo la desaparición de los 43 de Ayotzinapa que, además de ser una pesadilla para los padres de los normalistas, es una pesadilla sin fin para el gobierno de Enrique Peña Nieto y para la clase política de México en general. A pesar de los deseos de EPN de mostrarse como el renovador del país, sus buenos deseos se han topado con la realidad de la corrupción imperante en todos los ámbitos, lo que ha impedido siquiera que el Estado sepa a ciencia cierta la suerte de los estudiantes.

Ninguna institución involucrada ni partido o figura política ha salido bien librada de la situación por la vergonzosa postración del mundillo político y las autoridades ante el poder del narcotráfico que devela. Las muestras de inconformidad y los gritos de cambio han resonado por toda la república mexicana con una fuerza nunca antes vista y una unanimidad contundente (que no creo que haya tenido un hecho similar como lo fue la matanza de Tlatelolco del 68).

Difícilmente se puede decir que lo acontecido en México no ha sido seguido en el mundo con la atención que se merece (sobre todo en Colombia, debido al sentimiento de deja vú que produce el repaso de los hechos) pero, si me preguntan, prefiero que esas muestras de repudio se den masivamente en el país en el cual ocurrieron los hechos: México.

A todos los mexicanos afectan la corrupción, la desidia, la ambición y el abuso de poder que se han tomado al país, si los mexicanos son los más afectados (y son los que, por cercanía, pueden ejercer  más presión sobre el gobierno de EPN) son los que más deben protestar y son los actos de los que más podemos  esperar  resultados positivos.

Si tratamos de trazar un paralelismo con las muestras de apoyo a CH, es muy difícil igualar al gobierno democráticamente electo de EPN con el extremismo islamista, por ese mismo hecho, esperar un nuevo encuentro entre Benjamin Netanyahu y Mahmoud Abbas en una marcha antigobierno en Ciudad de México sería un disparate (entre bomberos no nos pisamos las mangueras).

Debemos dejar de estimar el alcance de los hechos por su repercusión en las redes sociales y, sobre todo, debemos dejar de cambiar la lectura de las causas de los hechos por la cantidad de RT, FAV, likes o TT surgidos a partir de él. Si realmente sentimos pena por lo sucedido con los 43 de Ayotzinapa, las personas asesinadas por Boko Haram en Nigeria y las víctimas palestinas de la ofensiva israelí, lo mínimo que podemos hacer es conocer el hecho y sus causas al máximo detalle posible y dejar de pensar que un “favorito” puede cambiar el mundo.